ACERCA DE LOS ARTISTAS
Sebastián Soto, clarinete
Nacido en la ciudad de Ibagué, inició sus estudios musicales y del clarinete en el Bachillerato musical del Conservatorio de Ibagué y posteriormente en la escuela de Música del Conservatorio del Tolima, en estas dos instituciones estuvo bajo la tutoría de los maestros Tatiana Arias y Fernando Chamorro en el Clarinete. Posteriormente se traslada a la ciudad de Bogotá a continuar con sus estudios superiores, primero en programa preparatorio de la Academia Superior de Artes de Bogotá (ASAB) donde recibió clases con el maestro Mauricio Murcia Bedoya y posteriormente en el pregrado de la Universidad Nacional de Colombia en la cual ingresó a la cátedra de Clarinete del maestro Robert De Gennaro.
A lo largo de su carrera artística ha sido parte de diversas agrupaciones tales como: Orquesta y Banda Sinfónica del Conservatorio de la Universidad Nacional de Colombia, Banda Sinfónica Juvenil de Colombia, Banda Filarmónica Juvenil de Bogotá, Orquesta Sinfónica EAFIT, entre otras agrupaciones incluyendo diversos grupos de Cámara en los cuales a participado como instrumentistas, arreglista y compositor.
Junto a Eira Ensamble ha sido ganador de diversos reconocimientos nacionales tales como: Primer puesto categoría Grupo instrumental - Festival de Música Andina Colombiana Fabio Alberto Ramírez, Primer puesto categoría Instrumental Festival Hatoviejo Cotrafa y Primer puesto categoría grupo Instrumental Festival Nacional del Pasillo Colombiano. Actualmente se desempeña como clarinetista de la Banda Sinfónica Nacional de Colombia en la ciudad de Itagüí - Antioquia.
Omar Ortíz, piano
Nacido en Bucaramanga, Santander, el pianista es egresado de la Universidad Nacional de Colombia, donde recibió la tutoría de la pianista Ángela Rodríguez. En el año 2018, concluyó sus estudios de maestría en pedagogía e interpretación del piano con el maestro Mac Mclure en la misma institución. Actualmente, se desempeña como docente de piano en la Universidad Pedagógica Nacional y pianista correpetidor en la Universidad Nacional de Colombia.
Ha actuado como solista en diversos auditorios, entre ellos el León de Greiff de la Universidad Nacional de Colombia, el Olav Roots del Conservatorio de Música de la Universidad Nacional de Colombia, la sala Alberto Castilla del conservatorio de música del Tolima, el auditorio Luis A. Calvo de la Universidad Industrial de Santander y el salón azul Teresita Gómez de la casa de la música en la ciudad de Medellín, entre otros.
Participó como pianista becario en el IX Festival Internacional de Música de Cartagena y en el VII Festival De Piano Universitario UNAC, donde ganó la convocatoria para formar parte de la serie de conciertos universitarios en la sala Fabio Lozano de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. En agosto de 2016, fue seleccionado como uno de los jóvenes intérpretes en la categoría de solistas del Concurso del Banco de la República, lo que le brindó la oportunidad de realizar una serie de conciertos a lo largo del año 2017. Además, participó en los conciertos de extensión del festival internacional de piano de Bucaramanga UIS 2018 y obtuvo una mención de honor en el festival de piano One Zone en la ciudad de Quito, Ecuador, en el año 2019.
Como pianista acompañante, ha participado en las ediciones III y V del Festival de Instrumentos de Arco de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB) y en el VII Festival Interviolas Bogotá 2023 Latinoamerica Vibra. Desde 2009 hasta la fecha, ha colaborado frecuentemente con diferentes cátedras instrumentales en diversas universidades, destacando las cátedras de Clarinete del maestro Robert Deggenaro, la cátedra de Tuba del maestro Erney Sepúlveda y la cátedra de Trompeta del maestro Juan Fernando Avendaño.
NOTAS AL PROGRAMA
Cata de clarinete(s)
Por Irene Littfack Neira
Hablar del clarinete es referirnos a un sonido que llevamos en la memoria. Voz y estrella de la música del Caribe colombiano, timbre característico de porros y cumbias, alma y protagonista de las bandas sinfónicas, pelayeras y fiesteras de nuestro país, es uno de los emblemas sonoros de este territorio. Pero su historia es universal, no conoce fronteras y es tan amplia como lo son los mundos musicales en los que participa: desde sonatas y conciertos, pasando por el jazz o las bandas sonoras, hasta la música atonal o las músicas folclóricas.
Aunque hablamos de él en singular, el clarinete no es uno, sino muchos. Y no me refiero a su versatilidad ni a su timbre flexible y camaleónico —aunque también—, sino a los clarinetes que conforman la familia del instrumento y que pocas veces escuchamos o reconocemos. El clarinete requinto (o clarinete en Mi bemol) es la versión más pequeña del instrumento y se construyó como extensión del registro agudo y sobreagudo del instrumento. Su timbre brillante y penetrante lo hemos escuchado con gran protagonismo en obras orquestales como la Sinfonía fantástica de Berlioz o La consagración de la primavera de Stravinsky, por mencionar algunas. En oposición, el más grave es el clarinete bajo, un gigante con boquilla y campana curvas que seduce no solo por su apariencia sino por su timbre oscuro, semejante a la voz de un bajo-barítono. En el medio está el clarinete en La, una suerte de hermano mediano que es ligeramente más largo que el conocido clarinete en Si bemol, y cuyo registro es dulce, oscuro y contenido.
El recital que presenta Edwin Sebastián Soto es una experiencia singular que nos permitirá ‘catar’ las sonoridades de tres de estos clarinetes: el requinto, el clarinete en si bemol y el clarinete en la. Descubriremos sus tonos y matices, como quien se deja sorprender por un fascinante degradé, o como quien descubre que una voz tiene muchos registros y que un mismo color contiene miles de subtonos. A la vez que exploramos la rica paleta de los clarinetes, viajaremos por un siglo de música saltando de Austria a Francia o de Colombia a Venezuela y encontraremos, aunque parezca imposible, los puntos de conexión entre autores, obras y latitudes.
Delirios y multifónicos
Comenzamos en Colombia con una obra escrita un año después de la pandemia por Guillermo Marín Rodríguez (n. 1982), uno de los clarinetistas más aclamados del panorama musical colombiano, destacado solista, músico sinfónico, intérprete de música colombiana, docente, compositor, arreglista y gestor cultural. Desde su actividad multifacética ha hecho invaluables contribuciones al ámbito del clarinete, aportando al repertorio y derribando las barreras imaginarias entre la ‘música clásica’ y las músicas populares.
Alucinaciones - Papayera para clarinete ‘papayero’ en si bemol es un díptico musical inspirado en el Caribe colombiano que nos invita a soñar y a desafiar los límites establecidos. La obra nos muestra, de forma literal, las múltiples voces, sonidos y colores que es capaz de emitir un clarinete solo. Se trata de una obra atonal que explora a cabalidad los recursos del instrumento, haciendo uso de técnicas extendidas. Las alucinaciones se presentan mediante el uso de multifónicos, una técnica que consiste en producir dos o más sonidos al mismo tiempo a partir de digitaciones especiales, un ajuste en la embocadura y la presión del aire, o a veces incluso cantando una nota mientras se toca otra. En la pieza, además se suman otros efectos como el sonido de la columna de aire y el de las propias llaves del instrumento de forma intencionada, creando una atmósfera ciertamente delirante, fantasmagórica y tridimensional que expande los límites del instrumento melódico. La segunda pieza del díptico, Papayera, hace referencia al formato musical tradicional que lleva el mismo nombre y se inspira en ritmos como la puya, la cumbia o el porro. En esta sección, de gran virtuosismo, el compositor hace uso de recursos que aportan brillo y color, como el vibrato, el glissando o el frullato, muy utilizados en las músicas folclóricas, el jazz u otras músicas de índole popular.
Entre Austria y Venezuela, la voz más brillante
Nos devolvemos a inicios del milenio y saltamos al viejo continente para cambiar de voz. Escuchamos ahora el brillo y la potencia del clarinete requinto acompañado por el piano en la Sonata No. 2 de Alfred Prinz (1930-2014). Prinz fue un destacado clarinetista austriaco, principal de la Filarmónica de Viena por tres décadas, además de compositor y pedagogo. En 2002 escribió y dedicó esta Sonata al clarinetista y compositor venezolano Jorge Montilla tras escucharlo interpretar el clarinete en Mi bemol y quedar impresionado por su maestría. Montilla —de quien también escucharemos una obra en este recital— es hoy en día uno de los intérpretes más sobresalientes del clarinete, especialmente del requinto, y quien, a su vez, considera de vital importancia la obra de Prinz por aportar al limitado repertorio para este instrumento.
La Sonata está dividida en cuatro movimientos contrastantes, cuyo carácter es explícito desde sus propios nombres: Fresh and Joyous; As fast as possible; Very slow; Molto vivace. El lenguaje de Prinz se ciñe a la tradición centroeuropea y es claramente tonal, pero su estilo destaca por el carácter humorístico e irónico de sus líneas, lo que recuerda, aunque sea a modo de reminiscencia, al estilo de Francis Poulenc.
Sincretismos
De vuelta a Colombia, escucharemos la Sonata para clarinete en si bemol y piano de Blas Emilio Atehortúa (1943-2020), uno de los compositores más prolíficos y relevantes del siglo XX en Latinoamérica. Nacido en Santa Elena, Antioquia, y formado entre Colombia, Argentina y Estados Unidos con grandes nombres como Olivier Messian, Iannis Xenakis, Alberto Ginastera, entre otros, su lenguaje musical refleja un sincretismo entre las formas barrocas y clásicas, las vanguardias musicales como el atonalismo o el serialismo, y los ritmos tradicionales colombianos y latinoamericanos como el pasillo o el bambuco. La Sonata para clarinete es una muestra de lo anterior. En la primera parte, escucharemos un diálogo atonal entre los dos instrumentos, con escritura imitativa y una cadenza solista de velocidad extrema; en el Scherzo se manifiesta la influencia colombiana en la base rítmica, así como en la métrica de 6/8 y la acentuación típica del bambuco; el tercer movimiento es mucho más lírico, extrayendo la capacidad expresiva del clarinete; el Finale es un movimiento fugaz, de carácter fogoso y vivo, con pasajes vertiginosos y de difícil ejecución, ritmos complejos y acentos incisivos que hacen deslumbrar al intérprete y muestran la voz más furiosa del clarinete.
El canto de un pajarillo
Tras la primera parte de este concierto, los puntos de conexión en este mapa sonoro comienzan a unirse. Escucharemos una de las obras más relevantes de Jorge Montilla (n. 1970), el clarinetista a quien Prinz escribió su Sonata. Se trata de Registro de pajarillo, una pieza para clarinete en Mi bemol que el mismo Montilla ha inmortalizado con sus interpretaciones. Como su nombre lo indica, evoca el canto de los pájaros, pero también el golpe de pajarillo, uno de los aires típicos del joropo venezolano. Su carácter es ligero, rítmico y brillante. Para situarnos en el contexto de la pieza, debemos trasladarnos a los Llanos Orientales e imaginar un conjunto de arpa llanera, maracas, cuatro y voz. En este caso, el clarinete pareciera condensar en sí mismo los roles de cada instrumento, evocando el arpa con sus bordones y rasgueos, el cuatro con su ímpetu rítmico, el golpe de las maracas o la voz cantando una tonada. Sorprenden los contrapuntos escritos con magistralidad, en los que distintas líneas se superponen creando la ilusión de escuchar dos o más voces en simultáneo, un bajo y una melodía, o un pajarillo trinando.
El arte de las variaciones
El turno ahora es para el clarinete en la, un instrumento con un registro más grave y un color más oscuro que los dos anteriores. Escucharemos Tema con variaciones del compositor francés Jean Françaix (1912-1997), una obra de estilo neoclásico que hace parte del prolífico catálogo de este autor. Escribió más de doscientas obras y fue admirado por compositores de la talla Ravel. Tema con variaciones fue encargada por el Conservatorio de París para los exámenes de curso, en 1974, lo que deja implícito su nivel de dificultad técnica. Pero además, es un ejemplo del lenguaje formal de Françaix: estructura clásica, tema breve y melodía sencilla, frases equilibradas, gran sentido expresivo e irónico. La dificultad de esta pieza, que con cada una de las seis variaciones va in crescendo, la ubica entre las más exigentes. El propio Jean Françaix describió sus variaciones como «peligrosas de interpretar» y añadió, en tono irónico, que «afortunadamente, los clarinetistas tienen tendencias masoquistas» (Jaffe, 2014).
Un poco de jazz
Tras explorar distintas voces del clarinete, el viaje termina con destellos de jazz. Nos situamos entre Reino Unido y Francia, países donde se formó Joseph Horovitz (1926-2022), compositor de una de las grandes genialidades del repertorio: la Sonatina para clarinete y piano. La obra, también de estilo neoclásico, se divide en tres movimientos. El primero, inicia con una melodía muy dulce que desemboca en líneas melódicas de carácter improvisatorio y un piano que se explaya sobre ritmos sincopados y armonías prestadas del jazz. El segundo es un movimiento lento y conmovedor, con una melodía de profunda belleza, dulzura y lirismo; finalmente, el tercero está influenciado por el ragtime y es un juego fascinante entre piano y clarinete, con ritmos compuestos y líneas brillantes que recuerdan al gran clarinetista de jazz Benny Goodman. Un cierre vibrante y un maridaje perfecto para esta cata de clarinetes
Referencias
Jaffe, D. (2014) Tema con Variazioni. Hyperion.
https://www.hyperion-records.co.uk/dw.asp?dc=W16965_GBLLH1438402