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PROGRAMA
ALEXANDER LEBEDEV (1903-1978)
Concerto in one movement (1947)
RALPH VAUGHAN WILLIAMS (1872-1958)
Concerto for Bass Tuba (1954)
ANTHONY PLOG (n. 1947)
Three Miniatures (1990)
INTERMEDIO
MARCELO RAUTA (n. 1981)
Suite Vitória for tuba and piano (2018)
DANIEL ALBERTO MORENO (n. 1997)
La Madremonte (2023)
CAMILO JIMENEZ AGUDELO (n. 1996)
Lumbre cordillerana (2025)
ACERCA DE LOS ARTISTAS
Andrés Hernández Soto, tuba
Tubista manizaleño, egresado del programa de Bandas Sinfónicas de Caldas y estudiante del énfasis en Jazz en la Universidad de Caldas. Es el primer tubista en esta carrera y en realizar un concierto de tuba jazz en Colombia.
Su formación musical comenzó en 2013 con el maestro Jorge Mario Raigoza Franco en el Colegio San Juan Bautista de La Salle, donde comenzó a estudiar trombón, para luego dedicarse a la tuba.
Ha integrado agrupaciones como la Banda del Conservatorio de Redentoristas, la Banda de la Universidad de Caldas, la Banda Sinfónica de la Universidad Nacional (sede Manizales) y la Banda Municipal de Manizales. Con estas ha obtenido diversos reconocimientos, entre ellos el primer puesto en el Concurso de Bandas de Anapoima (2019), y reconocimientos en los concursos de Tocancipá (Cundinamarca), Paipa (Boyacá) y el Concurso Internacional de Bandas de San Antonio del Tequendama.
También hace parte de Mulato Ensamble, un quinteto de metales con una propuesta innovadora que reemplaza el trombón por el eufonio. Con esta agrupación ha recibido reconocimientos como el premio a obra inédita en el Festival Nacional del Pasillo Colombiano (2020), el primer lugar en el V Concurso de Música de Cámara de Iberacademy, categoría popular (El Retiro, Antioquia, 2021) y varios premios en el Concurso Nacional Instrumental de Música de Cámara MANART (2022).
Su versatilidad le ha permitido desenvolverse en diversos formatos instrumentales, orquestales, de cámara y populares. Desde joven ha participado en papayeras, mariachis y agrupaciones de música popular y de banda, equilibrando su formación académica con una amplia experiencia en la música comercial.
Fue seleccionado para las temporadas 2023-2025 de la Filarmónica Joven de Colombia y recibió menciones honoríficas en el 2º Concurso Virtual Internacional ATEPPANAMA (2021). Además, fue preseleccionado en la convocatoria de Jóvenes Solistas de la Banda Departamental del Valle (2023), ganador del concurso para tuba de la Academia de Metales de Santander en la categoría popular (2021) y seleccionado en la Convocatoria Jóvenes Intérpretes del Banco de la República para la temporada 2026.
Ha recibido clases con reconocidos maestros como Jhoneider Pastor Muñoz, Juan Erney Sepúlveda, William Andrés Acuña, Alexander Calvo, Jorge Eduardo González, Dirk Hirthe, Stefan Tischler, así como con los trombonistas Mark Hampson y Phillip Freeman.
Daniel Uribe Llanos, piano
Magister en Piano Performance de la Universidad Nacional de Costa Rica, bajo la tutoría del Doctor Alexander Skliutovski, Luis Monge y Gerardo Meza.
Inició estudios musicales a los ocho años en el Conservatorio de Música Pedro Morales Pino de la ciudad de Cartago (Valle del Cauca), con los profesores Liliana Rueda y Milton Gonzales. Posteriormente ingresó a la Universidad del Valle para estudiar con la maestra Patricia Álvarez y recibió el título como Maestro en Música con énfasis en interpretación del piano.
Ha sido finalista de la tercera versión del Concurso de Música Iberoamericana para piano Luis Carlos Figueroa; becario del V Festival internacional de Música en Cartagena y del V Festival Internacional de Música de Cámara y de Música para Piano de Mar del Plata (Argentina); fue ganador del III Concurso Jóvenes Intérpretes de la Universidad del Valle (2014) Jóvenes Intérpretes de la Orquesta Sinfónica de Caldas (2015), de la Convocatoria Jóvenes Intérpretes del Banco de la República (2017) y del American Fine Arts Festival AFAF-Rusia (2018). Se ha desempeñado como pianista corepetidor del Coro del Taller de Ópera de la Universidad del Valle; de los coros adjuntos al Plan Departamental de Música de Caldas; fue profesor asociado de la Universidad Nacional de Costa Rica y pianista acompañante del Coro de Cámara EMUSA. Fue docente de piano del Conservatorio del Tolima, en donde también trabajó como pianista corepetidor.
En 2018 fue integrante activo del Trío Monet, (Costa Rica-Colombia) el cual realizó conciertos y grabaciones en Centro América; es además el pianista de la agrupación escénico-musical Experimental 5 en Manizales y actualmente es pianista acompañante y profesor de piano de la Universidad de Caldas.
NOTAS AL PROGRAMA
La tuba o el canto de lo profundo
Por Irene Littfack Neira
Una gran caracola marina, un cuerno gigante o un serpentón de madera. Esos son los ancestros primarios de la tuba, el más grande y grave de los aerófonos. Su función primitiva era la comunicación, el anuncio o el llamado, objetivo que se cumplía a cabalidad gracias a la potencia sonora que tenían estos instrumentos naturales. Esa misma esencia o atributo ha sido inspiración para los compositores que, a lo largo de la historia, han escrito obras en las que los metales representan un anuncio triunfal o trágico, entonan una fanfarria brillante o simbolizan el llamado del destino.
Aunque hemos visto la tuba en bandas u orquestas sinfónicas y la reconocemos con asombro por su gran tamaño, pocas veces tenemos la oportunidad de apreciar este instrumento en solitario y escucharlo como protagonista. De hecho, hace 22 años que no se presentaba un recital de tuba solista en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango.
El porqué de su escasa presencia radica, entre otras razones, en la juventud del instrumento, cuya forma moderna se perfeccionó hacia la segunda mitad del siglo XIX. Su incorporación tardía a la orquesta sinfónica hizo que su desarrollo solista fuera más lento y que su repertorio resultara limitado durante décadas. Compositores como Hector Berlioz o Richard Wagner, interesados en ampliar la paleta tímbrica de las orquestas y explorar nuevas sonoridades, tuvieron una gran fascinación por la tuba, contribuyendo a la escritura para el instrumento y su desarrollo técnico. No obstante, el repertorio solista para el instrumento solo comenzó a aparecer en el siglo XX, a lo largo del cual el instrumento también fue ganando popularidad en otros géneros como el jazz o la música para cine.
Andrés Camilo Hernández nos invita a adentrarnos en el profundo universo sonoro de la tuba para descubrirla como protagonista de melodías fantásticas, conciertos, miniaturas y ritmos latinoamericanos. Lo hace a través de una selección de obras del siglo XX y XXI que van desde la tradición europea y norteamericana hasta las obras de reciente creación en Colombia, mostrándonos un panorama completo del instrumento que muy seguramente jamás habíamos escuchado.
De Rusia a Estados Unidos: tres obras imprescindibles
Nuestro punto de partida es la región siberiana, cuna del tubista y pedagogo Alexander Lebedev (1903-1978) quien, además de sobresalir como intérprete, estudió composición y escribió numerosos métodos de estudio para su instrumento, así como obras de distintos niveles, aportando al escasísimo repertorio para tuba de aquel entonces. Fue tuba solista del Teatro Bolshoi y durante veinte años fue profesor del Conservatorio Tchaikovsky de Moscú. Entre sus obras más importantes para tuba se encuentra el Concierto en un movimiento, cuyo carácter es el de una pieza de estudio en la que se presentan distintos desafíos técnicos para el intérprete. Nos encontramos frente a una obra con melodías que exigen gran flexibilidad por sus cambios de registro; pasajes ágiles que demandan virtuosismo; articulaciones variadas y veloces, así como un amplio abanico de dinámicas. La pieza es una perfecta introducción al mundo de la tuba por ser un muestrario de sus recursos sonoros y por demandar altas dosis de expresividad, así como un sonido envolvente, redondo y profundo en todo el registro.
La consagración del instrumento
La obra más icónica para la tuba, considerada la más importante del repertorio para este instrumento: el Concierto para tuba y orquesta de Ralph Vaughan Williams (1872-1958). Fue encargado por la London Symphony Orchestra para la celebración de su 50° aniversario y estrenado en 1954 por el tubista principal de la orquesta. Rápidamente se convirtió en un hito del repertorio y en la obra más famosa de Williams. El concierto se divide en tres movimientos, Preludio, Romanza y Finale, guardando la tradicional estructura rápido-lento-rápido. El primer y último movimientos tienen un carácter brillante, alegre y humorístico, resaltando el carácter juguetón y ágil que puede tener la tuba con su amplitud de registro, sus tonos más graves y la cualidad de su timbre rugoso y vibrado. En el Preludio destaca, además, la cadencia solista final que permite al intérprete lucir la tesitura asombrosa del instrumento. Mientras tanto, la Romanza explota las posibilidades más dulces, líricas y sutiles de la tuba con melodías ligeras y dinámicas suaves, llevando su sonoridad a una dimensión poco explorada.
Miniaturas y contrastes
Three Miniatures es una obra de Anthony Plog (n. 1947), compositor, trompetista y director estadounidense, figura clave en la escritura para vientos de metal. Escrita en 1990, esta pieza explora tres microuniversos completamente diversos. El primer movimiento es brillante, vivaz, con frecuentes cambios de compás, escalas rápidas y amplios saltos melódicos que imprimen un impulso rítmico incisivo y un marcado espíritu humorístico. El segundo movimiento contrasta por su carácter misterioso y lírico, su tempo lento y las frases largas y declamatorias exploran la dimensión más expresiva de la tuba. Súbitamente, esta atmósfera desemboca en un tercer movimiento vertiginoso y brioso, técnicamente muy exigente para ambos instrumentos, cuya escritura imitativa evoca una suerte de persecución frenética entre ambos instrumentos.
Arquitecturas sonoras
El compositor italo-brasileño Marcelo Rauta (n. 1981) escribió su Suite Vitória para tuba y piano en 2018, aportando al repertorio del instrumento una obra nueva con un lenguaje musical mucho más contemporáneo. Se trata de una colección de piezas dedicadas a Vitória, la capital del estado de Espirito Santo, en el sudeste brasilero. Cada movimiento lleva por título el nombre de un lugar emblemático de la ciudad, lo cual sugiere una intención narrativa: campanas que evocan catedrales y conventos, atmósferas litúrgicas y misteriosas, y una marcha final de carácter casi ceremonial. El lenguaje musical se apoya en armonías extendidas, cromatismos y tensiones disonantes, llevando el lenguaje musical hacia una expresividad abstracta y de gran carga simbólica.
Desde la cima y mirando al sur
Finalizamos este viaje musical con dos obras colombianas de reciente creación, escritas por dos compositores menores de treinta años, nacidos en la región andina. En primer lugar, Lumbre cordillerana, de Camilo Jiménez Agudelo (n. 1996), una obra basada en el ritmo de bambuco e inspirada, en palabras del compositor, en «la sensación ambigua entre plenitud y misterio que surge al ver la luna llena en un recorrido por las montañas de la cordillera de los Andes» (Jiménez, 2026). Se trata de una pieza original para cuarteto de piano, bajo eléctrico, batería y tuba, un formato peculiar, mucho más cercano a un cuarteto de jazz, pero que en este concierto escucharemos en versión para tuba y piano, una adaptación que mantiene la línea solista fiel a su original, mientras traslada por completo la base armónica y rítmica al piano.
Lumbre cordillerana combina lenguaje tonal y modal con armonías extendidas que buscan evocar el estado introspectivo y poético en el que se inspira la obra. De acuerdo con Jiménez, la pieza inicia con una introducción donde «la melodía caminante de la tuba dibuja las montañas en medio de un colchón armónico estable» (Jiménez, 2026). El primer tema da paso al ritmo de bambuco y «la melodía se hace cada vez más activa, acumulando tensión hasta desembocar en una sección intermedia de carácter meditativo y a manera de nocturno en un claro bajo la luz de la luna llena». Tras esta sección melancólica, el ritmo se acelera y da paso a la sección más virtuosa y demandante, para luego volver al tema principal con algunos destellos distintos.
Para el compositor, la tuba es un instrumento noble e introspectivo con «una resonancia conmovedora y un timbre rico, vibrante y con brillo para el que vale la pena escribir y dejarse sorprender por su virtuosismo y agilidad» (íbidem).
Retorno a los orígenes
De la cordillera pasamos a La Madremonte de Daniel Alberto Moreno (n. 1997), una obra original para trombón bajo y piano que se inspira en la leyenda de La Madremonte, guardiana de la naturaleza y los animales. La principal fuente de inspiración de las obras de Moreno es, justamente, la tierra, los paisajes y las tradiciones colombianas y latinoamericanas, hilo conductor de su prolífico catálogo. Sobre La Madremonte, el propio compositor publicó estos apuntes al inicio de la partitura:
La Madremonte, guardiana de la naturaleza y los animales. Cuenta la historia que ella perseguía a aquellos que osaban perturbar el equilibrio de la jungla, haciendo que se extraviaran por días enteros. Esta pieza musical está inspirada en su historia y se divide en dos partes bien diferenciadas. La primera, con una indicación de "lento misterioso", nos sumerge en una atmósfera cautivadora de lamento. La segunda parte, más rítmica, evoca ritmos colombianos para representar el poder y la fuerza de La Madremonte. La obra cuenta con una cadenza que representa el monólogo del mítico personaje, en el que se cuestiona el futuro de sus próximas víctimas. (Moreno, 2023).
La tuba termina este recorrido musical homenajeando la naturaleza y el mito, como si regresara a sus orígenes para reencontrarse con sus ancestros: una caracola marina, un cuerno gigante o un serprentón de madera. La tuba canta a la selva, a la montaña o a la luna haciendo un anuncio, un llamado del destino que cierra el círculo.Todo surge de la tierra y retorna siempre a ella.