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PROGRAMA
JOHANN SEBASTIAN BACH (1685-1750)
Preludio y fuga No. 18 en sol sostenido menor, BWV 887 (1742)
LUDWIG VAN BEETHOVEN (1770-1827)
Sonata No. 21 en do mayor, Op. 53 ‘Waldstein’ (1804)
FRÉDÉRIC CHOPIN (1810-1849)
Estudio Op. 10, No. 4 – Torrente (1830)
INTERMEDIO
MANUEL MARÍA PONCE (1882-1948)
Preludio y fuga sobre tema de Haendel (1904)
NIKOLÁI MÉDTNER (1880-1951)
Sonata trágica de Forgotten Melodies II, Op. 39 (1920)
ENRIQUE GRANADOS (1867-1916)
Allegro de concierto, Op. 46 (1904)
JUAN DOMINGO CÓRDOBA (n. 1971)
Pasillo fiestero ‘El intachable’ (2001)
ACERCA DEL ARTISTA
Pianista y compositor nacido en Medellín. Inició su aproximación a la música a los cuatro años, incursionando en el violín y y se dedicó al piano desde los nueve. Desde entonces, ha cultivado una formación rigurosa y una trayectoria artística destacada tanto en Colombia, como en el exterior.
Juan Pablo ha sido solista con reconocidas orquestas, como la Orquesta Filarmónica de Medellín, la Orquesta Sinfónica de EAFIT, la Orquesta de Cámara Petrof Fest (México) y la Orquesta Iberacademy, entre otras, interpretando obras del repertorio clásico y composiciones propias.
Ha participado en certámenes nacionales e internacionales como el Festival-Concurso Pianissimo, el Petrof Fest en México, y los concursos BMTG y Carmel Klavier en Estados Unidos, donde fue premiado en las categorías de pianista solista y compositor joven. Estas distinciones le han permitido presentarse en escenarios como el Carnegie Hall y Bargemusic (Nueva York), y a consolidar su presencia en América Latina. En 2024 fue ganador del primer lugar en la categoría juvenil del IV Concurso Latinoamericano de Pianistas Jóvenes, realizado en la ciudad de Pasto. Un año después, en 2025, obtuvo el Grand Prize como solista en el concurso Danubia Talents, realizado en Roma, Italia.
Ha recibido clases magistrales con reconocidos pianistas como Blanca Uribe (Colombia), Luis Fernando Pérez e Iván Martín (España), Frank Levy (Estados Unidos), Vlada Vassilieva (Rusia), Phoenix Park (Corea), Julianna Kiss (Hungría), y Kristhyan Benítez (Venezuela), entre muchos otros. Actualmente continúa perfeccionando sus estudios de piano con la maestra Natalia Ramírez en la Corporación PianoAcademy.
También se ha desempeñado en los ámbitos de la creación y la gestión cultural. En 2022 fue copista, transcriptor y editor de las partituras del Festival Haydn en Medellín. En 2023, editó las partituras del proyecto La tierra que me vio nacer, interpretado por la Fundación Orquesta Sinfónica de Bogotá, y fue director y compositor de la obra comisionada para el Festival Somos Música. En 2024 participó como orquestador y director musical del proyecto Cuentos Infantiles, una serie de tres conciertos organizados por la Corporación PianoAcademy, en alianza con EAFIT.
Su catálogo de composiciones comprende sonatas para piano, conciertos para piano y otros instrumentos, música de cámara, obras corales, y oberturas.
Actualmente es beneficiario de una beca de Iberacademy, gracias a la cual recibe clases de dirección orquestal con el maestro Alejandro Posada y preparación teórica con el maestro Juan David Santander para sus estudios universitarios en el exterior.
NOTAS AL PROGRAMA
JOHANN SEBASTIAN BACH: UNA HUELLA INDELEBLE
Por Angélica Daza
El piano encierra muchos misterios. Su mecanismo y peculiar sonoridad son el resultado de un proceso que, desde mediados del siglo XVII, involucró a músicos y constructores deseosos en mejorar las posibilidades tímbricas de los instrumentos de tecla populares en aquel momento (el clavecín y el clavicordio principalmente). Fue así como imaginaron los cambios estructurales que con el tiempo llevarían a la concepción del instrumento que conocemos en la actualidad. Durante los siglos XVIII y XIX el piano se convirtió en pieza fundamental del desarrollo del Romanticismo musical por su capacidad de producir matices y dinámicas, hasta entonces poco exploradas en los instrumentos de teclado. Su uso doméstico democratizó en gran medida el acceso a la música, fomentando su consumo al interior de muchos hogares en los que el piano desempeñó un rol fundamental.
Si bien el instrumento, inicialmente conocido como pianoforte por su novedosa capacidad de producir sonidos suaves y fuertes, es un invento que se perfeccionó a lo largo del siglo XVIII en manos de compositores como Wolfgang Amadeus Mozart, Ludwig van Beethoven Franz Liszt y Frédéric Chopin, no es extraño que dentro de su extenso repertorio se incluyan obras de Johann Sebastian Bach quien, a pesar de haber conocido solo fugazmente el que sería uno de los primeros modelos del naciente pianoforte, realizó un enorme aporte a la música para instrumentos de tecla. Este concierto es un homenaje a la historia del piano, a sus orígenes y a la evolución que le permitió desarrollar la inmensa capacidad expresiva por la que hoy se le conoce.
Johann Sebastian Bach (1685-1750) fue conocido como un extraordinario Intérprete, pedagogo y compositor a quien debemos obras tan importantes como El clave bien temperado, colección que publicó en dos volúmenes (1722 y 1744) y que contiene un total de cuarenta y ocho pares de preludios y fugas (veinticuatro pares en cada colección), cada uno en una tonalidad de la escala cromática. Más que un ejercicio de escritura fue una manera de poner a prueba el sistema de afinación —o temperamento— que él venía empleando desde hace unos años y que le permitía tocar en todas las tonalidades sin tener que cambiar las frecuencias de cada nota. Con este ejercicio Bach también buscaba profundizar en el carácter propio de cada tonalidad, empleando para ello técnicas de escritura contrapuntística muy diversas. El Preludio y fuga en sol sostenido menor, BWV 887, No. 18 del segundo libro, es una de las obras más difíciles de la colección y también una de las más extensas; características que la hacen apta para los instrumentistas más avanzados.
Tras la muerte de Bach, cuando parte de su obra había caído en el olvido, El clave bien temperado siguió siendo objeto de estudio por parte de músicos que reconocieron su valor revolucionario. Uno de los primeros en hacerlo fue Ludwig van Beethoven (1770-1827), quien lo estudió, ya no en el clavicordio o el clavecín, como seguramente lo hizo Bach, sino en un pianoforte que, para aquel entonces era un instrumento que gozaba de mucha popularidad y que había sufrido importantes cambios desde sus primeros esbozos. Los constructores alemanes y franceses rivalizaban en producir los mejores pianos y fue así como en 1803 el fabricante de pianos francés Erard le hizo llegar a Beethoven un nuevo pianoforte que, a partir de ese momento, se convirtió en uno de los preferidos del maestro (acostumbrado hasta entonces a la suave sonoridad de los pianos alemanes). Este fue el instrumento que inspiró obras como la Sonata No. 21 en do mayor, Op. 53 ‘Waldstein’ (1804) una de las más ambiciosas entre las treinta y dos sonatas para piano que escribió el compositor quien, viendo agudizarse su problema de audición, supo agradecer las nuevas sonoridades (más potentes) que le brindaba el nuevo instrumento.
Esta sonata, también conocida como L’Aurore, por su luminosa sonoridad, presente en los primeros acordes del tercer movimiento, fue dedicada al conde Ferdinand von Waldstein mecenas y amigo personal del compositor. En ella el lenguaje romántico está mucho más presente que en sus primeras sonatas. Al extenso primer movimiento, Allegro con brio, sigue un movimiento de transición Introduzione. Adagio molto, que abre el camino a un tercer movimiento Rondo Allegretto moderato de altísima exigencia técnica.
Después de Beethoven, uno de los capítulos más importantes en la historia de la música para piano tiene como protagonista al compositor y pianista franco-polaco Frédéric Chopin (1810-1849). Dentro de su obra, mayoritariamente escrita para piano, destacan sus estudios; obras de carácter académico que en sus manos adquirieron un tinte de lirismo y belleza expresiva que trasciende su carácter puramente técnico. Es así como en su Op. 10, una de sus colecciones más importantes (dedicada a Franz Liszt), figuran obras con títulos —editados de manera póstuma— como Tristeza, Revolucionario, Rayo de sol, Teclas negras o Torrente. Aunque éste no está adjudicado al compositor, hace referencia a la cascada de notas que se desprenden de ambas manos, intercambiándose la melodía en medio de un movimiento perpetuo. Este efecto y el uso de la tonalidad de do sostenido menor convierten al Estudio Op. 10, No. 4 (1830) en uno de los más audaces de la colección, así como uno de los más virtuosos del repertorio para piano.
La estructura llamada preludio y fuga no murió con Bach, ni tampoco la idea de realizar ciclos de piezas organizadas por tonalidades.Chopin también escribió un ciclo de veinticuatro preludios (sin fuga), ejemplo que seguiría, a su vez, Claude Debussy. Allí se mezclan la espontaneidad y el rigor contrapuntístico, algo que también llamó la atención de compositores latinoamericanos como el mexicano Manuel María Ponce (1882-1948) quien, en 1904, cuando se encontraba adelantando estudios en Europa, escribió el Preludio y fuga sobre tema de Haendel, ejercicio escolástico que corresponde a un tiempo en el que estudiaba con esmero la obra de Bach. El tema de Haendel proviene de su Suite en mi menor y brinda el material necesario para el desarrollo de una fuga a cuatro voces en contrapunto imitativo que rememora las habilidades del compositor alemán. Ponce llegó a ser conocido posteriormente como el fundador del movimiento nacionalista mexicano, consolidado por su alumno Carlos Chávez.
La idea de escribir ciclos de obras con un propósito temático tentó al compositor y pianista ruso Nikolái Médtner (1880-1951) quien, entre 1917 y 1921, (tiempo en que aún residía en Moscú) escribió tres ciclos de sonatas y miniaturas para piano bajo el título Melodías olvidadas, Op. 38 (1919-1922) Op. 39 y Op. 40 (1919-1920). Médtner fue un brillante pianista y compositor de música para el instrumento, contemporáneo de Rachmaninoff, con quien estableció una cercana amistad. Del segundo ciclo de las Melodías Olvidadas (Op. 39) publicado en 1923 está la Sonata trágica, Op 39 No. 5 en do menor, de gran intensidad emocional, virtuosa y expresiva, que recuerda la escritura de Chopin y se ha convertido por su dificultad técnica en una de las más conocidas del compositor.
El compositor español Enrique Granados (1867-1916) gozó de gran reputación como pianista e improvisador. Su obra para piano Goyescas (1911), inspirada en ella obra del pintor Francisco de Goya, es reconocida como una de las más representativas del compositor y la cumbre de las composiciones españolas para piano de comienzos de siglo. Fue llamado por algunos como ‘El ultimo romántico’, pues solía incluir en sus programas de concierto nombres de compositores como Liszt, Beethoven, Schumann o Brahms. No solo exploró esta faceta sino también una de corte nacionalista, de la cual se alejó momentáneamente en 1904 para escribir el Allegro de concierto, Op. 46, premiada en el concurso que Tomas Breton organizó ese mismo año en el conservatorio Real de Madrid. Entre otros veinticuatro concursantes, la obra de Granados fue elegida de forma unánime. Dedicada a su amigo Joachim Malats, es una pieza brillante y virtuosa que permite el lucimiento del intérprete.
El compositor y pianista Juan Domingo Córdoba (n. 1971), nacido en Medellín, es profesor y egresado de la Universidad de Antioquia de donde se graduó con honores. Se ha destacado como improvisador en géneros como la salsa y el rock, el jazz y la bossa nova. En el año 2000 fue ganador del Festival Mono Núñez en la modalidad instrumental; en 2006 en la categoría Obra Inédita, y en 2005 fue ganador del Festival Nacional del Pasillo con la Suite colombiana No. 2, en homenaje a José A. Morales. En 2007 ganó el Premio Creación en composición del Ministerio de Cultura. Su obra conjuga técnicas académicas con aires folclóricos nacionales resultando en una propuesta original en la que se dan cita el virtuosismo y la expresividad. En su obra destacan piezas escritas en homenaje a compositores colombianos como Carlos Vieco, José A. Morales o Lucho Bermúdez, entre otros, además de muchas de corte folclórico y académico (entre ellas fugas al estilo de J.S. Bach). El Pasillo fiestero ‘El intachable’ (2001) es una de sus obras más conocidas e interpretadas, virtuosa y brillante es ejemplo del singular estilo con el que el compositor conjuga lo folclórico y lo académico.