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PROGRAMA

LUIS ANTONIO CALVO (1882-1945)

Entusiasmo (1909)

ÁLVARO ROMERO SÁNCHEZ (1909-1999) 

Dical (s.f.)    

HERNANDO SINISTERRA (1893-1958)

Relator (s.f.)

FRANCISCO CRISTANCHO (1905-1977)

Bacatá (s.f.)

GUILLERMO QUEVEDO (1886-1964)

Aguinaldos (s.f.)

GONZALO VIDAL (1863-1946)

Gavota (s.f.)

JAIME JARAMILLO (n.1978)

Mazamorra con panela (2019)

FULGENCIO GARCÍA (1880-1945)

Coqueteos (1953)

ÁNGEL VILLOLDO (1864-1919)

El Choclo (1903)

 

INTERMEDIO

 

GERMAN DARÍO PÉREZ (n. 1968)

Quelito (s.f.)

GENTIL MONTAÑA (1942-2011) 

Danza triste (s.f.)

JERÓNIMO VELASCO (1885-1963)

Alma latina (s.f.)

FRANCISCO CRISTANCHO

El tigre (s.f.)

PEDRO MARÍA BECERRA (s.f.)

En la selva (s.f.)

CARLOS ALBERTO ROZO (1928-2007)

El condenillo (s.f.)

ÁLVARO ROMERO (1909-1999)

Honores a Popayán (1976)    

ACERCA DEL ENSAMBLE

El Convite es una agrupación tunjana conformada por jóvenes intérpretes y apasionados por las cuerdas pulsadas, en un rango de edad entre los catorce y los veinticuatro años.

El Convite ha sido tres veces nominado al Gran Premio Mono Núñez y reconocido con tres premios especiales: dos a mejor bandolista; el premio Diego Estrada y uno al mejor tiple acompañante. La agrupación también obtuvo el tercer puesto en el concurso profesional Hato Viejo Cotrafa. Proponiendo aires nuevos en la música andina colombiana y latinoamericana, han llegado a escenarios de gran relevancia como el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo como parte del lanzamiento del 50º Festival Mono Núñez, mismo escenario donde fueron grupo base de la reconocida cantautora Laura Kalop. Asimismo, han sido invitados especiales en el Festival Nacional de Música Colombiana en Ibagué y Festival Internacional de Cuerdas Pulsadas en el Teatro Colsubsidio. 

Fredy Fonseca, director

Nacido en Sogamoso, Boyacá, este músico colombiano se ha destacado como intérprete, director, productor, arreglista y formador en el campo de las músicas tradicionales andinas y de las cuerdas pulsadas. Actualmente es director de la Estudiantina del Altiplano Cundiboyacense del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes de Colombia, y dirige el sistema de cuerdas pulsadas del Colegio Gimnasio Campestre.

Adelantó sus estudios musicales en la Escuela Superior de Música de Tunja y es licenciado en Música de la Universidad Pedagógica Nacional, con énfasis en guitarra clásica, dirección y cuerdas típicas. A lo largo de su trayectoria ha recibido importantes reconocimientos en festivales y concursos nacionales e internacionales. Obtuvo el Gran Premio Mono Núñez en 2005 con la Estudiantina Boyacá; ha sido ganador de festivales del requinto en Tuta y Toca, Boyacá; del Festival Nacional de Rumba Criolla Emilio Sierra; del Festival Nacional del Pasillo y del Festival Nacional del Bambuco. También fue reconocido como campeón mundial del folclor en Estambul, Turquía, en 2009, y premiado en el Torneo Internacional del Joropo en 2019.

Su trabajo como guitarrista también ha sido ampliamente reconocido: fue declarado uno de los diez mejores guitarristas de Latinoamérica en el Concurso Internacional de Guitarra Clásica Compensar Música para Jóvenes. Ha sido guitarrista concertino e invitado especial en festivales como Cortiple, el Festival Nacional del Tiple, el Festival Mangostino de Oro y el Festival Nacional de Músicas de Cámara de la Universidad Pontificia Bolivariana. También ha sido concertista y tallerista invitado por el Banco de la República.

Como director de El Convite Benigno Núñez, fue nominado al Gran Premio Mono Núñez en 2022, 2023 y 2024. Además, fue prenominado al Grammy Latino con el álbum Memorias. Ha participado como intérprete, productor y arreglista en diversas producciones discográficas, y ha realizado giras por Suramérica, Europa y Asia representando el folclor colombiano.

NOTAS AL PROGRAMA

EL CONVITE: SONAR, ESCUCHAR, SENTIR

Por Laura Alarcón

Hubo una época en la cual la línea entre la música académica y las músicas campesinas de la región andina de Colombia se trazaba con el dedo en el aire, de lo fina y delgada, al compás de bambucos, pasillos, danzas, marchas, entre otros sonidos migrantes que sonaban en el tocadiscos con Oriol Rangel y el Trío Morales Pino, en la casetera. Cuando las escuelas de educación musical retoñaron en numerosas semillas de los últimos tiempos, El Convite se armó para mostrar que toda vocación construida desde la pedagogía, se cosecha bueno y esta escuela, devenida en agrupación, se pone a prueba día a día a punta’e bandola andina, tiple, guitarra y contrabajo. 

El Convite concibe el escenario como su formación en convicción personal aplicada a transitar por las músicas que han sembrado en su ser, ya sea por herencias sonoras de su familia —los recuerdos que después se han de cantar cuando se cuele Yo también tuve veinte años en alguna fuente de sonido del futuro— o, justamente, su paso por un parche de aprendizaje. Un convite es algo muy común en tierras cundiboyacenses para invitar a la comunidad a realizar alguna actividad que requiera del aguante colectivo. En esta agrupación confluyen contadores e ingenieras, varios sueños y realidades, ocupaciones y amenidades entre las cuerdas que tejen este telar, y las almas que dan vida a los pentagramas que se oirán en el concierto. De ser acompañantes para cantantes de voces blancas en certámenes y festivales, pasaron a ser la agrupación que ha de interpretar clásicos y joyas de la música andina colombiana instrumental en la Sala de Conciertos Luis Ángel Arango.

Como decimos acá: El parche

Son hijas e hijos de músicos o, en otros casos, de amantes de la música. Llevan desde el 2022 en conjunto y su nombre completo es El Convite Instrumental Benigno Núñez, en honor al concurso nacional y al compositor. Su amistad, su compinchería y su admiración mutua es notoria en la acción. 

El Convite da cuenta sobre las decisiones de meterse en camisa de once varas a la hora de preparar sus conciertos: la cuestión de estudiar y tocar por horas, de enfrentar las penurias del corre-corre mientras se le encuentra la quinta pata al gato a un bambuco bajo la complicidad del director, hacen parte de la marca personal de cada alma convidada aquí; es el espectro de la competencia que entra en juego hacia el reto mental. Han sido nominados en múltiples ocasiones al Mono Núñez y han obtenido galardones en el Festival Hatoviejo Cotrafa. Por otro lado, las cuitas y dichosas que componen sus experiencias mientras salta la sensación efervescente de medirse el aceite con otras personalidades del medio hacen que el detrás de cámaras de esta agrupación sea motivo de fijarse en sus miradas espontáneas mientras tocan, enérgicamente, cantidades exorbitantes de pepas.

El lenguaje no verbal de lo instrumental 

El primer misterio, cuando varias piezas instrumentales cuelgan de la pared, es la razón detrás del título de cada una, pues el único mensaje por descifrar parece esconderse entre melodías de gran tupidez. Sonar, escuchar y sentir: tres pasos que, a la hora de tocar, no se excluyen entre sí ni obedecen a un orden fijo; más bien, forman un ciclo.

En cuanto a algunas técnicas de ejecución instrumental, el tiple cuenta con su guajeo, o modo de rasguear las cuerdas, la brisa (un rasgueo tenue con las yemas de los dedos que produce un sonido de roce) y el arpegio (un despliegue de las notas de un acorde de manera sucesiva). En la bandola andina hay un sonido similar al pizzicato del violín; una técnica que consiste en apoyar la palma de la mano sobre las cuerdas cerca del puente para obtener un sonido más seco y percusivo, además de los armónicos o notas agudas cortas y brillantes como campanas. La guitarra aporta el bordoneo, un acompañamiento rítmico-armónico que simula el bajo y llena el espectro sonoro. Las melodías se alternan entre las frecuencias agudas y graves de las cuerdas pulsadas y el contrabajo, de cuerda frotada, resonando entre las cajas de los palitos de El Convite.

Sobre el repertorio

El mundo de la música andina colombiana ha sido toda una particularidad desde la radio, la televisión y otros medios que solían reflejarlo lejano, por un supuesto componente académico, cuando estas cuerdas son más de aquí que la misma mazamorra chiquita.

Cuando de música instrumental se trata, se descansa en segundo plano y a raticos, pero, claro, es importante saber qué orden establecer en el programa para distribuir equitativamente las emociones y los suspiros, tanto de quiénes la ejecutan como de quiénes la escuchan. 

El género del pasillo abre el telón con Entusiasmo, una pieza que se destaca por el piano chopiniano de Luis Antonio Calvo. Las cuerdas, en esta versión, le hacen justicia al nombre de la obra: un chispazo instantáneo que abre el concierto con sonoridades familiares del ritmo, como Aguinaldos de Guillermo Quevedo, en el cual aparece el pasillo como variación del vals europeo. Uno de los clásicos que llegaron al top gracias a Oriol Rangel y Jaime Llano González, aparece en un revuelo a manos de El Convite: Coqueteos de Fulgencio García, cargado de complicidad entre trinos y rasgueos, mientras la melodía de tinte familiar crea una suerte de entropía cordófona.

Otro de los grandes y extensos en el repertorio tradicional es el bambuco. Dícal, símbolo de la unión y fraternidad de El Convite, según sus integrantes. Como un homenaje al nombre ancestral de la ciudad que ha de presenciar estas músicas en esta ocasión, está Bacatá de Francisco Cristancho; su estructura, entre la tonalidad menor y mayor, habla de las remembranzas de un Bochica. Del jazz de Jaime Jaramillo, salta a la totuma el bambuco Mazamorra con panela que, si bien alude a una delicia de la cual nos damos el lujo de conocer en los Andes colombianos —pero que ha sido apropiado en casi todo el país—, la densidad de esta preparación es directamente proporcional a la complejidad de la pieza, que detalla un entretejido armónico muy rico. 

Quelito es una dedicatoria del compositor Germán Darío Pérez a su madre —sí, la de él—, que empieza en forma de vals suave con aire bambuquero para después agarrar brío y desplegarse, como si una se regara en amor al hablarle a la mamá. El Condenillo de Carlos ‘El Chunco’ Rozo es ver, tal cual, a un niño travieso rodándose en los pentagramas, conforme la música le tiende la montaña para irse a botes.

Se aventuraron a preparar El Choclo después de bregar y fregar para conseguir el arreglo y se fueron por lo más bajo: cuando el contrabajo, respaldado por las bandolas, los tiples y las guitarras, decide interpretar la melodía en un tango, se trata, efectivamente, de un asunto serio y contundente.

A propósito de Luis Antonio Calvo iniciando el concierto, tal vez le sea conocida la melodía de Adiós a Bogotá. De ser así, el ritmo de la Danza triste de Gentil Montaña le sonará familiar.

Quizás, Señores con tubos de Emiliano Sierra, incite a romper, al menos en pensamiento y discretamente con los hombros, la burbuja personal, para pararse a patiboliar, ya que la rumba criolla, como una de las antecesoras de la carranga, por su tiple y su requinto, goza de aquella feromona bailarina, sobretodo con el guajeo del tiple y el bajo, controlando las pisadas que azotan la baldosa.

De los ritmos binarios que vinieron pa’este ladito del charco, están la marcha, la gavota y la polca. La primera aparece con Relator de Hernando Sinisterra, la cual evoca los pasos altivos del foxtrot o los pasodobles que se oían en las fiestas de antaño, como también en Honores a Popayán de Álvaro Romero. Para las audiencias con afinidades de estilo francés, se les tiene la Gavota, compuesta por Gonzalo Vidal, una de las danzas del Renacimiento que se vino a untar de pueblo como por el siglo XVII, cuando incitó al baile y la guachafita en grupo. Cómo habrá sido el furor de la gavota que hasta Johann Sebastian Bach jugó con ella en sus suites y partitas. En el caso de la polca, En la selva de Pedro María Becerra viene desde los finales del siglo XIX a meterse entre tanto un-dos-trés.

El papá musical de los pollitos

El director del grupo es el papá biológico de una de las integrantes, y el papá musical de todos: Fredy Fonseca. Como buen pedagogo, encuentra siempre una forma de ejemplificar lo que se descifra segundo a segundo en una partitura, con imágenes que llueven en la mente. Se le saben los dichos cotidianos cuando dirige, tal cual los refranes del taita: «Tiene más sabor un tornillo», para incitar a soltar la sazón de las piezas que se están montando. Los arreglos para el grupo son realizados por Germán Moreno junto con Fonseca, adaptando cada detalle a la personalidad de cada integrante. Un lujazo, ¿no?

La mujer en las cuerdas andinas

El Convite es mayoritariamente femenino y ha observado con gran admiración el camino trazado por las mujeres que, desde los primeros premios concedidos en un medio predominantemente masculino, han marcado senderos de inspiración para las instrumentistas de hoy en día. Su presencia en un escenario como el de la Sala de Conciertos de la ‘Luis Ángel’ ratifica que los pasos de sus abuelas y madres acompañan sus logros. 

Sueñan con plasmar sus ensueños, que han resultado de cotejar los pasillos, bambucos y marchas, con las historias tras de ellos, en otras latitudes. También sueñan con estar en grandes escenarios locales, abogando por el sentido de pertenencia al lado de otros exponentes musicales que han escalado por criterio de la industria musical. No tratan de imponer el gusto por las músicas andinas colombianas ni sus formalismos, sino expresar el gusto propio cultivado a lo largo de sus crianzas y formaciones, como también conocer y transmitir gran parte del acervo por el mundo. Imagínese: tocaron un pasillo con los ojos tapados en un video de una red social y se volvieron virales, sintiendo que su defensoría por el tiple, ante los países del mundo, conociendo apenas las músicas costeras, se hizo escuchar. El Convite siente una misión conjunta por preservar las expresiones musicales de la región andina que la Serie de los Jóvenes Intérpretes ampara en esta ocasión, para que sigan renovándose las visiones de la tradición con el paso de los años.

Imagen principal Media
Cinco mujeres y dos hombres, sentados sobre un banco café al aire libre, sosteniendo cuatros instrumentos
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