PROGRAMA
JOHANN SEBASTIAN BACH (1685–1750)
Sonata No. 1 en sol menor, BWV 1001 (1703-1720)
NICCOLÒ PAGANINI (1782-1840)
Capricho No. 5 en la menor, Op.1 (1802-1817)
MANUEL DE FALLA (1876-1946)
Suite popular española (1914)
INTERMEDIO
PABLO MARTÍN DE SARASATE (1844-1908)
Fantasía sobre Carmen (1881)
ANTONIO BAZZINI (1818-1997)
La Ronde des Lutins, Op. 25 – Scherzo fantastique (1847)
ALBERTO GINASTERA (1916-1986)
Pampeana No.1, Op. 16 (1947)
CARLOS UMAÑA SANTAMARÍA (1862-1917)
Rêverie (s. f.)
ACERCA DE LOS ARTISTAS
Gustavo Ceballos Bejarano, violín
Gustavo Ceballos Bejarano nació en Pasto, Nariño, en 2008. Es un joven violinista colombiano con catorce años de formación musical y se ha especializado en repertorio clásico, jazz y en la música tradicional de su país. Inició sus estudios a los tres años en la Corporación Batuta Meta, en Villavicencio e integró agrupaciones como la Orquesta Sinfónica Juvenil, actuando como concertino y violín solista del grupo de cámara llanero Luna Roja en dicha ciudad. Reconocido por su liderazgo musical y participación en eventos de relevancia nacional, actualmente continúa su formación en Bogotá bajo la guía del maestro Cristian Romero Vargas.
Ha sido galardonado con el premio Talentos Filarmónicos 2024 y fue seleccionado para hacer parte de la Serie Jóvenes Intérpretes 2026 del Banco de la República.
Su camino musical también ha sido espiritual, no viene desde el deseo de brillar, sino, inspirado en encontrar belleza en el dolor, el amor por compartir, afinar la sensibilidad, practicar el servicio, buscar la perfección, pero más en ser y sentir el presente, combinando la técnica con la intención, porque hay notas que se tocan con los dedos y otras con el alma.
Iván Camilo de la Rosa, piano
Iván Camilo De la Rosa López nació en Pasto, tierra de volcanes y nubes. Desde muy joven ha vivido entre sonidos, cultivando su arte con sensibilidad y rigor. El piano no es solo un instrumento, es un espacio de encuentro, memoria y diálogo.
Licenciado en Música por la Universidad de Nariño y con una Maestría en Pedagogía Musical (UNIR, España), ha hecho del acompañamiento pianístico su vocación. Desde 2010 ha participado en recitales, conciertos, festivales y clases magistrales en Colombia, Ecuador, México y Perú.
Ha acompañado una amplia variedad de instrumentos y voces en contextos académicos y artísticos. Ha sido parte de agrupaciones como el Taller de Ópera de la Universidad de Nariño, la Fundación Orquesta Sinfónica de Nariño, Ecovocal Ensamble y la Orquesta Oxígeno. Actualmente acompaña al joven violinista Gustavo Ceballos Bejarano.
NOTAS AL PROGRAMA
ENCUENTROS, LEGADOS Y MEMORIAS DESDE EL VIOLÍN
Por Jaime Ramírez
A través de los siglos, el encuentro de culturas ha desembocado en sinergias e influencias estéticas particularmente prolíficas; progresivamente dichas confluencias desarrollan una red de memorias y legados que vibran constantemente en nuestras sociedades. Paralelamente, la historia del violín ha acompañado de manera errante estos encuentros y vericuetos culturales; como un emisario incansable, este instrumento ha dejado en sus repertorios centenarios un testimonio de estos vínculos que conectan con legados aparentemente lejanos, pero entrañablemente familiares. Gustavo Ceballos propone un recorrido sonoro en el que la audiencia puede reconocerse en aquellos intersticios que nos conectan desde los repertorios más tradicionales, hasta las expresiones más atrevidas del gypsy jazz, a través del violín.
La propuesta de Ceballos parte desde los pilares del repertorio canónico para violín y de manera orgánica señala puntos de encuentro entre el virtuosismo y la diversidad de culturas alternas a las estéticas ‘dominantes’ de ciertos lapsos del relato histórico tradicional. A través de su programa resuenan la música académica, las influencias gitanas, la fascinación con el virtuosismo operático, el lenguaje nacionalista y el jazz. En este programa, el violín propicia diálogos en los que la realización estética nos conecta con las más diversas memorias culturales que conforman nuestra sociedad.
Dos miradas al repertorio canónico para violín
Gustavo Ceballos abre el programa con una de las obras profundamente reverenciadas en el repertorio para violín: la Sonata No. 1 BWV 1001 en sol menor para violín solo de Johann Sebastian Bach. Esta obra sigue el modelo de la sonata de iglesia (sonata da chiesa). Ésta corresponde a obras instrumentales de varios movimientos que serían presentados ocasionalmente entre diferentes partes de servicios religiosos; el carácter de cada movimiento es sobrio y los movimientos rápidos evocan más un tipo de agitación emocional que una disposición hacia la entretención.
De manera contraria a las sonatas de iglesia, existía otro tipo de sonata conocida como sonata de cámara (sonata da camera), cuyos movimientos estaban basados en danzas y serían los antecesores de las suites, partitas o divertimentos. En el caso de las obras para violín solo de Bach, las BWV 1001, 1003 y 1005 corresponden al modelo de las sonatas de iglesia, mientras que las partitas BWV 1002, 1004 y 1006 siguen modelo de las sonatas de cámara.
Los Caprichos para violín solo, Op. 1 de Niccolò Paganini representan un aspecto contrastante del repertorio para violín solo. El término ‘capricho’ ha tenido diversas aplicaciones musicales que implican la búsqueda de una expresión libre y auténtica del artista a través de obras instrumentales e incluso obras vocales. Con el paso del tiempo, el empleo de ‘caprichos’ en la música instrumental se asoció a la búsqueda de esta libertad y flexibilidad generada desde el virtuosismo; dentro de esta tendencia, la obra de Paganini representó magníficamente estos ideales de libertad expresiva.
Paganini compuso esta pieza durante quince años (1802-1817), en grupos de entre seis y doce obras. Sin embargo, la primera publicación llegó hasta 1820, cuando Ricordi publicó todos los caprichos bajo el Opus No. 1. Aparentemente no fueron compuestos para ser interpretados en público y tenían un carácter de exploración técnica y pedagógica. El Capricho No. 5 en la menor es uno de los caprichos más populares del ciclo debido al contraste entre las articulaciones iniciales del arco; adicionalmente, la popularidad de este capricho aumentó en la década de 1980 al ser interpretado en la película Crossroads (1986) por el protagonista (Ralph Macchio) en un duelo de guitarras eléctricas contra un intérprete demoníaco (Steve Vai).
El virtuosismo itinerante y la fascinación ibérica
Al igual que Paganini, Pablo de Sarasate consolidó su carrera como un virtuoso itinerante que fascinó a las audiencias tanto con la interpretación del repertorio de concierto estandarizado, como con sus propias composiciones. Por otro lado, la extendida aceptación de la ópera por parte de las audiencias también inspiró el surgimiento de un repertorio virtuoso para todo tipo de instrumentos basado en paráfrasis operísticas. Sarasate, como gran virtuoso de su tiempo, no permaneció ajeno a este género.
Su Fantasía sobre ‘Carmen’, Op. 25, marca un lugar especial en su obra, pues al tiempo que reconoce la influencia de la tradición musical española y gitana, adapta su escritura brillante a diferentes momentos de la famosa ópera Carmen de Georges Bizet. Entre los fragmentos de la ópera parafraseados por Sarasate sobresalen la Aragonesa del Acto 4; diversas selecciones del Acto 1 como la famosa Habanera; el dueto entre Carmen y Zúñiga, junto a la Seguidilla; hasta desembocar en una triunfal muestra de virtuosismo inspirada en la canción gitana presentada por Carmen, también del Acto 1.
La Suite popular española de Manuel de Falla también es una obra de concierto muy atractiva gracias al encanto de la cultura gitana y su relación con el flamenco. Falla adapta siete melodías tomadas de diversas regiones de España, mientras que la parte de piano evoca sonoridades propias de la guitarra flamenca y mantiene elementos propios de las danzas y tradiciones españolas que generan una atmósfera colorística. A lo largo de la suite, Falla introduce elementos del legado de los moros, la música de Murcia, Andalucía, Asturias y otros elementos de la música flamenca como el cante jondo y el polo.
De Falla la escribió en 1914 originalmente para voz y piano. El efecto de esta obra sobre la audiencia ha sido tan atractivo, que diversos virtuosos procedieron a adaptar la parte vocal a sus diversos instrumentos; el arreglo para violín y piano más popular fue escrito por Paul Kochanski, en 1925.
La excursión por el exotismo y la pirotecnia instrumental de los virtuosos itinerantes del siglo XIX conduce el repertorio presentado por Gustavo Ceballos hacia la obra de otro enigmático compositor: Antonio Bazzani. Si bien fue otro de los violinistas virtuosos que alcanzaron cierto reconocimiento por toda Europa, en la actualidad su nombre es poco recordado; además de ser un gran violinista fue un importante compositor; director de la Sociedad de Concierto de Brescia y del Conservatorio de Milán, y profesor de composición de Pietro Mascagni y Giacomo Puccini. En la actualidad su obra más recordada es La Ronde des Lutins (La Ronda de los Duendes) Op. 25. En ella salen a relucir todas las artimañas técnicas del deslumbrante virtuosismo para entrelazarse con elementos que evocan a duendes fantásticos y atmósferas de ensoñación.
Del exotismo europeo a la intensidad lírica latinoamericana
El programa de concierto de Gustavo Ceballos conecta a la audiencia desde la fascinación europea con el exotismo gitano, hasta las influencias de la música europea sobre las tradiciones musicales latinoamericanas. Entre los compositores latinoamericanos que lograron incorporar las tradiciones europeas y latinoamericanas, Alberto Ginastera sobresale con una expresividad auténtica; sus Pampeanas han sobrellevado el paso del tiempo para consolidarse en majestuosos homenajes de la tradición argentina y su comunión con las vanguardias del siglo XX.
La Pampeana No. 1, Op. 16 fue compuesta en 1947 y evoca la vida rural de los gauchos y la vibrante Pampa argentina. Esta obra se desenvuelve a manera de rapsodia; en un solo movimiento que entrelaza diversos aires o estados emocionales contrastantes. A medida que la obra avanza, tanto el piano como el violín, llevan a la audiencia por un recorrido que inicia en un apacible amanecer sonoro para impregnarse con diversas alusiones rítmicas de la música tradicional, como el malambo, hasta desembocar en una desenfrenada cabalgata donde el gaucho y su caballo son representados musicalmente con increíble maestría.
El componente de música colombiana en el programa está representado por el padre Carlos Umaña Santamaría, cuya obra realmente es una gema escondida que destaca la confluencia entre la formación de artistas colombianos en Europa y su repercusión en el desarrollo de la música colombiana del siglo XIX tardío. El Rêverie (ensoñación) para violín y piano evoca la tradicional música de salón que fue determinante en las prácticas musicales tanto de las sociedades europeas, como en las santafereñas; en esta obra el lenguaje armónico y la flexibilidad melódica delatan una entrañable familiaridad que resuena en los fundamentos de la música andina colombiana.