ACERCA DE LOS ARTISTAS

Yunpeng Zhao y Léo Marillier, violines

Franck Chevalier, viola

Alexis Descharmes, violonchelo

El Cuarteto Diotima, una de las agrupaciones de cuerda más solicitadas de la actualidad, fue fundado en 1996 por cuatro egresados del Conservatoire National Supérieur de Musique et de Danse de París. Su nombre remite a una doble referencia: Diotima como alegoría del Romanticismo alemán —así bautiza Friedrich Hölderlin a su musa y amor de toda la vida en Hyperion— y como estandarte de la música de nuestro tiempo, a partir de la obra Fragmente-Stille, an Diotima de Luigi Nono.

A lo largo de su trayectoria, este cuarteto trabajó en estrecha cercanía con algunas de las figuras más influyentes de la segunda mitad del siglo XX, entre ellas, Pierre Boulez y Helmut Lachenmann. Su trabajo con compositores vivos se ha mantenido vigente con el encargo y estreno obras de algunos de los compositores más destacados de nuestro tiempo, como Toshio Hosokawa, Miroslav Srnka, Alberto Posadas, Mauro Lanza, Gérard Pesson, Rebecca Saunders, Misato Mochizuki y Tristan Murail. En diálogo con este compromiso establecido con la música contemporánea, el cuarteto ofrece nuevas lecturas de grandes obras del repertorio romántico y moderno, en particular de Beethoven y Schubert; así como obras de la Segunda Escuela de Viena —con Schönberg, Berg y Webern—, y de Janáček, Debussy, Ravel y Bartók.

En 2023, el Cuarteto Diotima amplió su ya extensa discografía al integrarse al sello Pentatone con una grabación monográfica dedicada a György Ligeti. La revista Gramophone afirmó: «este nuevo disco del Cuarteto Diotima debería convertirse, en adelante, en la grabación de referencia de los cuartetos de Ligeti». Las dos grabaciones siguientes, dedicadas a obras de Anton Bruckner, Friedrich Klose y el Livre pour quatuor de Pierre Boulez, fueron distinguidas con un Diapason d’Or y con el Grand Prix de la Deutsche Schallplattenkritik. Los próximos lanzamientos, consagrados a Helmut Lachenmann, Misato Mochizuki y Kaija Saariaho, verán la luz en los siguientes meses, al igual que un álbum triple con los cuartetos tardíos de Beethoven (junio de 2026).

Desde 2021, el ensamble tiene su base de trabajo en la región francesa de Grand Est, cuyos profundos vínculos culturales con Alemania y Suiza dialogan naturalmente con el repertorio y los socios artísticos del cuarteto en la región del Rin. Esta residencia le ha permitido desarrollar su Academia en colaboración con la Cité Musicale de Metz, que tendrá lugar en la temporada del 5 al 12 de marzo.

Comprometido de manera especial con la pedagogía y la formación de jóvenes músicos, el Cuarteto Diotima ha sido recientemente nombrado Artista Asociado de la Academia del Festival de Aix-en-Provence y ha ofrecido clases magistrales en la UCLA, la Universidad de York, el Real Conservatorio de Copenhague, el Conservatorio Central de Pekín y la Impuls Academy de Graz, entre otras instituciones.

La agrupación es invitada con regularidad a las salas y ciclos de conciertos más prestigiosos del mundo, y ha realizado numerosas giras fuera de Europa (esta temporada en Armenia, México, Colombia, China y Japón).

Con motivo de la celebración de su 30º aniversario, el Cuarteto Diotima inicia esta temporada una nueva residencia artística en el Théâtre des Champs-Élysées, con tres conciertos en la temporada 2025-2026. Entre otros hitos de la temporada, se presentará en Berlín (Pierre Boulez Saal), Londres (Wigmore Hall), Hamburgo (Elbphilharmonie) y Madrid (Círculo de Bellas Artes).

El Cuarteto Diotima cuenta con el aval de la DRAC Grand Est y recibe el apoyo regular de la Región Grand Est, el Centre National de la Musique, la Maison de la Musique Contemporaine, el Institut Français, SACEM, SPEDIDAM y ADAMI. 
La Fundación Corporativa Société Générale es el principal patrocinador de la Academia y de las giras del cuarteto.


Miembro de PROFEDIM, Futurs Composés, la Plataforma de Música Creativa de Grand Est y FEVIS, el cuarteto es también artista asociado de la empresa D’Addario.

NOTAS AL PROGRAMA

Por Jaime Ramírez

Tradiciones y vanguardias en la música de cámara

A medida que una sociedad se desarrolla, sus actividades alcanzan un mayor grado de sofisticación al proyectarse culturalmente mediante todo tipo de virtudes que abrazan diferentes formas de expresión. En el siglo XVIII, el florecimiento del racionalismo permitió que diferentes culturas celebraran su identidad, entrelazando el desarrollo intelectual y el placer artístico; los sectores más sofisticados de una sociedad eran aquellos que lograban disfrutar experiencias artísticas que les permitían crecer tanto intelectual, como emocional y espiritualmente. Este balance entre razón, emoción y espiritualidad parecía no entrar en conflicto, por el contrario, daba la idea de generar un ideal estético.

En este siglo las artes, y en especial la música, fueron un poderoso agente de integración social; particularmente la música de consumo doméstico cobró un valor fundamental. La música de cámara tuvo una acogida enorme en una sociedad que fortalecía sus lazos a través de la práctica comunitaria; desde entonces, la intimidad del cuarteto de cuerdas generó una fascinación especial. En una carta de Goethe a Zelter, uno de los profesores de Mendelssohn, describía la experiencia de escuchar un cuarteto de cuerdas como «escuchar a cuatro personas racionales hablando entre ellas, donde una cree que va a ganar algo de este discurso». Las obras que componen el programa de hoy parecen conformar una trilogía de diálogos en los que las emociones y los pensamientos entretejen momentos profundamente expresivos.  

Nuevos senderos en defensa de una tradición  

Durante el siglo XIX, Europa y América sobrellevaron una serie de revoluciones y luchas; diferentes tensiones políticas resonaron con intensos momentos de cambio económico, social y estético, generando la búsqueda de nuevos ideales, pero reconociendo al mismo tiempo la importancia de aquellos legados y tradiciones que serían determinantes para forjar nuevos senderos. En las artes, y de nuevo, particularmente en la música, el legado de Beethoven abrazaba estos ideales que iluminarían aquellos senderos donde la tradición renacía con una espléndida libertad.

Con la muerte de Beethoven, los estándares estéticos de la tradición austrogermánica parecían perder vigencia, y muchos artistas sucumbieron abrumados al no sentirse dignamente aptos para continuar con el legado beethoveniano. En 1853, Robert Schumann vaticinaba a un digno heredero y continuador de esta tradición; para Schumann, esta nueva esperanza se centraba en Johannes Brahms (1833-1897), y lo presentó en la escena cultural alemana desde la Neue Zeitschrift für Musik (Nueva Gaceta Musical), con un artículo titulado «Neuen Bahnen» (Nuevos Senderos). Para entonces Brahms apenas tenía 20 años, y Schumann ya lo consideraba un artista maduro cuyas capacidades eran dignas de trascendencia mitológica:

(…) Estaba seguro de que surgiría repentinamente un individuo destinado a expresar la época de la manera más elevada e ideal, que alcanzaría la maestría, no paso a paso, sino de inmediato, surgiendo como Minerva, completamente armado, de la cabeza de Júpiter. Y aquí está, un joven cuya cuna velaban gracias y héroes. Su nombre es Johannes Brahms. (SCHUMANN)

Los elogios de Schumann hacia el joven Brahms desembocaron, a lo largo de los años, en apoyo incondicional; sin embargo, arrojaban sobre él una abrumadora carga que se tradujo en una actitud constantemente autocrítica y severa. Para Brahms, cada composición conllevó procesos prolongados de reflexión y corrección, especialmente cuando estas composiciones estaban circunscritas al legado beethoveniano. En 1872, en una carta al director Hermann Levi, Brahms confesó: «¡No debería escribir una sinfonía! No tienes idea de lo que significa escuchar siempre semejante marcha gigantesca detrás de ti»; Brahms hacía referencia a la Novena Sinfonía de Beethoven y al peso que sentía tratando de terminar su primera sinfonía por casi veinte años. En cuanto a los cuartetos de cuerda, la presión no era menor; si bien Brahms había compuesto varios cuartetos, e incluso los presentó a Schumann en su primer encuentro de 1853, el joven compositor desechó sus cuartetos anteriores y solo hasta 1873 publicó sus primeros dos cuartetos de cuerda. Posteriormente, Brahms publicó un tercer cuarteto: el Op. 67 en si bemol fue compuesto en 1875, y esta fue su última composición en este género.  

Cuatro movimientos llenos de una profunda convicción

Brahms desarrolló desde la música de cámara una fuerza expresiva que le permitiría proyectar un lenguaje reflexivo y al mismo tiempo genuinamente innovador. En el mismo año de su encuentro con los Schumann (1853), Brahms también conoció a Liszt, quien estaba obsesionado con el desarrollo orquestalmente expansivo a través de los poemas sinfónicos; en oposición a los desarrollos propuestos por la Nueva Escuela Alemana, Brahms, junto a otros reconocidos compositores de su círculo artístico, renovaron su convicción de exaltar la trascendencia del legado musical austrogermánico a través de la música de cámara.  

Los dos cuartetos que componen el Op. 51, publicados y estrenados en 1873, revelan una aproximación reflexiva e igualmente exigente tanto para los intérpretes como para su audiencia. En general, ambos cuartetos son profundamente expresivos, se alejan de aquella ingenua idea de una práctica camerística ‘entretenida’; en ambos cuartetos se refleja una añoranza por lo trascendental. El Cuarteto No. 2 se caracteriza por el desarrollo de diferentes técnicas contrapuntísticas, con las cuales entreteje una filigrana sonora en la que cada instrumento se convierte en un solista que comparte su protagonismo musical mediante una línea también musical prácticamente inextinguible.  

Más allá del Cuarteto No. 2

Si bien Brahms mantuvo una relación muy cercana con Joseph Joachim, quien fue determinante en el desarrollo de la música de cámara del siglo XIX, e incluso su amistad inspiró códigos musicales a partir del uso de diversas células melódicas, en 1873 Brahms y Joachim entraron en una fuerte disputa. Aunque Joachim había sido quien apoyó insistentemente a Brahms para componer y estrenar los Cuartetos Op. 51, Brahms no le dedicó estos cuartetos; la dedicatoria de los Op. 51 está dirigida a Theodor Billroth, Theodor Billroth amigo y confidente de Brahms, quien, además de ser un músico aficionado, fue un reconocido cirujano. Billroth es considerado el padre de la cirugía abdominal y fue el primer cirujano en desarrollar exitosamente una gastrectomía. Adicionalmente, escribió el ensayo ¿Quién es musical?, en el que exploró diferentes elementos cognitivos relacionados conlas capacidades musicales.

Zemlinsky como puente entre la tradición y la vanguardia vienesa

El compositor y director austríaco Alexandr Zemlinsky (1871-1942) fue uno de los más prominentes músicos de su tiempo. Siendo reconocido como un prodigioso pianista, Zemlinsky ingresó al Conservatorio de Viena en 1884, donde estudió con importantes compositores, entre ellos, Johann Fuchs y Anton Bruckner. Con el paso del tiempo, el pianista fue afianzándose dentro de un círculo social y artístico que progresivamente sería determinante para el desarrollo de la vida musical vienesa de los años venideros.

Por recomendación de los maestros de Zemlinsky, en 1892, el mismo Johannes Brahms atendió al estreno de su Sinfonía No. 1 en el conservatorio; desde entonces el aprecio de Brahms por las capacidades del joven Zemlinsky, quien para entonces tenía apenas veinte años, creció de manera continua y se transformó en un apoyo fundamental para el desarrollo profesional del músico austríaco (similar al que diera Schumann a Brahms). Posteriormente, Zemlinsky conoció a Arnold Schönberg, quien, además de convertirse en uno de sus alumnos de composición, fue el esposo de su hermana, Mathilde Zemlinsky.  

Una obra que contrapone distancias

La obra que contemporánea que se presenta en este programa pertenece a uno de los compositores suizos más reconocidos de los últimos tiempos. Dieter Ammann (n. 1962) nació en Aarau en el seno de una familia donde la música ocupaba un lugar fundamental; desde muy temprana edad, Ammann recibió una educación musical notablemente amplia y logró desarrollarse con solvencia en la interpretación de diversos instrumentos. Asimismo, se involucró con diferentes estilos musicales que abarcaban desde la música tradicional religiosa hasta el jazz y diversas tendencias de interpretación contemporánea. En la actualidad, Ammann es profesor de la Academia de Música de Lucerna y ha logrado conjugar su labor docente con una robusta producción como compositor cubriendo una amplia gama de estilos y formatos musicales.  

El Cuarteto No. 2 ‘Distanzenquartett’ (Cuarteto a distancia) fue compuesto en 2009 por encargo del Cuarteto Ammann. En esta obra, el compositor establece momentos de convergencia entre gestos distantemente contrastantes. Desde cierto punto de vista, el concepto de ‘distancia’ puede representar la exploración de polos opuestos dentro de aspectos determinados musicalmente, como, por ejemplo, el timbre, el registro o la velocidad; asimismo, este concepto de ‘distancia’ alude a la idea de ‘familiaridad’ con respecto a la cercanía estética entre la audiencia y los particulares gestos musicales. Esta obra es una invitación para contemplar las interesantes transformaciones sonoras que logran conducir a la audiencia por una línea narrativa llena de eventos tan inesperados como profundamente expresivos.  

Imagen principal Media
Integrantes de Cuarteto Diotima en plano medio sosteniendo sus instrumentos
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