Hay días en los que uno necesita que algo le recuerde que todo puede volver a empezar 🩵

Quizás por eso volvemos al mar. Por su movimiento, por su inmensidad, por esa manera que tiene de recibirlo todo y seguir adelante.

Entre la desembocadura del río Magdalena y el río Palomino se extiende un territorio de bahías, ensenadas y tierras bajas, donde están Santa Marta, Ciénaga, Pueblo Viejo, Zona Bananera y Aracataca. Un territorio habitado por comunidades rurales y urbanas, formado también por migraciones y encuentros entre distintas culturas.

🌱 Los bosques tienen más jardineros de los que imaginas

Lo más curioso es que no tienen manos. Sin proponérselo, animales como loros, tucanes, iguanas y hormigas ayudan a que muchas semillas germinen y nuevos árboles puedan crecer.

Con esa misma idea de cuidar y restaurar los bosques tropicales del Caribe colombiano, el Centro Cultural del Banco de la República en Santa Marta (@banrepculturalsantamarta) se unió al proyecto Viveros Hermanos para crear un vivero en el Museo del Oro Tairona–Casa de la Aduana.

Ojalá nunca olvidemos que crecimos junto al corazón del mundo

Ojalá nunca dejemos de mirar con cariño el lugar donde crecimos. ❤️

A veces basta con levantar la vista para recordar que hemos convivido con uno de los territorios más extraordinarios. La sala La gente del Magdalena del Museo del Oro Tairona – Casa de la Aduana es un recorrido por las formas de vida que han dado identidad al departamento: los pueblos indígenas de la Sierra Nevada, las comunidades ribereñas, los habitantes de las sabanas y quienes viven de cara al mar.