Más de 40 niños, que hasta hace poco no habían tenido contacto con la práctica y la educación musical, cantaron de memoria un programa de 20 obras en idiomas como latín, francés, español, inglés, alemán, zulú y guaraní el pasado 9 de junio en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango. La mayor sorpresa fue la calidad y el nivel con que lo hicieron y la capacidad de su directora, Sandra Patricia Rodríguez, de conducir a los niños por dinámicas contrastantes, articulaciones, inicios y finales precisos, atmósferas y cambios de carácter, balance y afinación. Con todo esto, hubo un logro que rebasó los demás, un objetivo cumplido que fue demostrado en este concierto: haber sembrado en cada niño la pasión por la música y notar en sus voces disciplinadas y en su sonrisa sincera que se trata de un amor correspondido.

Guiados por el carisma y la entrega de su directora, los pequeños coristas dieron un concierto dividido en dos grandes partes: la primera, una colección de obras de carácter sacro, y la segunda, una mirada al repertorio moderno de Latinoamérica, Colombia y el mundo. Con el repertorio sacro, los niños y niñas demostraron su disciplina escénica y vocal, así como la claridad en la dicción y pronunciación de las letras, escritas principalmente en latín. No fue extraño ver a más de un espectador desbordado en lágrimas gracias a la ligereza y dulzura de las voces blancas resonando en la sala. Su actitud fue acorde al repertorio cantado, lo cual demostró el trabajo realizado para interiorizar el sentido de las letras y la música. Por otra parte, en obras como Pie Jesu, de Andrew Lloyd Webber o Ave Verum, de Gabriel Fauré, se destacaron las voces medias, que demostraron una afinación y una mezcla impecable en contraste con pequeños quebrantos en la afinación de las voces soprano. Mientras tanto, en Amen del Stabat Mater de Giovanni Battista Pergolesi, sobresalieron las dinámicas y las articulaciones de todo el coro y en Jubilate Deo, de Josu Elberdin, la expresividad y el carácter lograron hacer de esta una de las obras más bellas del concierto.

Con un cambio súbito de color y carácter empezó la segunda parte del concierto. Acompañados por un ensamble de piano, bajo eléctrico, percusión y en ocasiones un saxo o una flauta, los niños cantaron canciones en su lengua materna que se caracterizaron por ser odas a la alegría, como en el caso de Plena, ritmo puertorriqueño de Diana V. Sáez, o Currulao, de Álvaro Julio Agudelo, en los que los niños bailaron y expresaron todo su espíritu infantil, inocente y espontáneo. Tal vez por la familiaridad con el idioma, o tal vez por su cercanía a esta música, el coro logró una capacidad de expresión sin igual en esta parte del concierto, en la que crearon y a la vez creyeron en las historias cantadas. En cada mirada era posible ver lo que imaginaban, con sus sonrisas fue posible vibrar en la misma frecuencia, con sus voces hubo un efecto reparador que reforzó los mensajes de canciones como Amo esta tierra, de Leonardo Laverde, o Palomita de la paz, de Jairo Sáchica, con la que clamaron a tres voces por la paz de Colombia. Una de las obras más sobresalientes y expresivas del concierto fue En la mañana, de Jorge Alejandro Salazar, interpretada desde los pasillos de la sala en dos grupos de voces que se enfrentaron entre sí y regalaron un contrapunto dulce y bien hilado y un nuevo efecto sonoro producido por la disposición de las voces junto al público.

Hay que resaltar los numerosos retos vocales del repertorio. Los acordes finales de Camino, caminante, de Stephen Hatfield son realmente complejos para un grupo tan joven y con corta experiencia y conocimiento musical, al igual que el contrapunto y la armonía de Ky Chororó, de Aníbal Sampayo. Esto habla del excelente trabajo hecho por Sandra Patricia Rodríguez, la Orquesta Filarmónica de Bogotá y su proyecto educativo. No sobra decir que vale la pena seguir puliendo algunas cosas: la afinación de las voces más agudas, el balance cuando hay texturas densas en las que se sobreponen varias letras o voces, la expresión corporal y la precisión de algunas entradas.

Las voces blancas dieron una muestra de alegría, amor, espiritualidad, disciplina y pasión que cautivó al auditorio y les permitió a los niños disfrutar de ese instante pleno en el que la música logra generar emoción y significado. Sandra Patricia Rodríguez habló del papel de este arte en la construcción de una sociedad más sana, sensible y pacífica y agradeció a todos los padres por apoyar a cada niño en ese sueño de poder cantarle al mundo. Hoy, no queda más que agradecerle a ella y a cada uno de los integrantes del Coro Filarmónico Infantil por encontrar en la música el vehículo perfecto para construir un mejor país.

Programa

D. PERRY / J. PERRY: Alleluia Canon. A. WEBBER: Pie Jesu. G. FAURÉ: Ave Verum, Op. 65 No. 1. M. LIGHTFOOT: Dona nobis Pacem. G. B. PERGOLESI: Selecciones de Stabat Mater, P. 77. J. RUTTER: The Lord Bless You and Keep You. J. ELBERDIN: Jubilate Deo. A. SAMPAYO: Ky Chororó. D. V. SÁEZ: Plena. J. A. SALAZAR: En la mañana. M. LOZANO: Los instrumentos. J. A. SÁCHICA: Palomita de la paz. Á. J. AGUDELO: Currulao. L. LAVERDE: Amo esta tierra. N. PAGE: Thula S’Thwanda. J. ELBERDIN: Miles de estrellas. M. COLEY: Sa Raison Plut. S. PAULUS: Silver the River. S. HATFIELD: Camino, caminante. R. A. DILWORTH: Rejoice and Sing.

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Concierto del Coro Filarmónico Infantil realizado el domingo 9 de junio del 2019 en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango.