Resulta alentador ver dentro de las producciones audiovisuales del Banco de la República, en la Sala de Conciertos, a una agrupación integrada por dieciséis músicos. Esto ha supuesto una alta dosis de paciencia para todas las personas involucradas en esta producción pues para grabar este concierto se tuvo que esperar un largo tiempo debido a las restricciones sanitarias. Poco a poco hemos visto cómo en Bogotá la actividad de conciertos de grupos de cámara y orquestas se ha ido retomando, lo que constituye un avance importante para la recuperación del sector. Por lo anterior, felicito a la Bogotá Chamber Orchestra (BCO) y al equipo de producción por la realización de este concierto.

El programa estuvo integrado por cuatro obras de compositores colombianos que tienen similitudes estéticas y formales entre ellas debido a que todas están dentro de la estética neoclásica. Las obras Taurus de Jorge Humberto Pinzón y Pequeña sinfonía No. 3 de Luis Antonio Escobar comparten un ordenamiento de movimientos derivado del concerto grosso, mientras que las obras de mi autoría —Sinfonía andina y Divertimento— siguen un ordenamiento derivado de la suite. Ahora bien, tanto Taurus como Divertimento son dos obras que han logrado establecerse recientemente dentro del repertorio de cámara de cuerdas, como sucedió en otro tiempo con las serenatas de Alejandro Tovar y los pastiches de Atehortúa, en cambio, la Pequeña sinfonía es una obra que no ha tenido tanta difusión y reconocimiento, por esto, es importante resaltar aquí la labor que orquestas como la Bogotá Chamber Orchestra están haciendo en pro del enriquecimiento del patrimonio cultural nacional.

Uno de los retos que se impuso la BCO fue el de trabajar sin la presencia de un director, por lo que sus responsabilidades son ejercidas por determinados miembros del grupo. En tal sentido, pienso que uno de los trabajos más difíciles es el del control de los planos y rangos dinámicos pues el director tiene la ventaja de recibir toda la sonoridad del grupo que controla con sus gestos, en cambio, la percepción de altura que se tiene dentro del grupo es completamente diferente y cambia según la ubicación de cada músico. Dicho esto, debo felicitar a la BCO por haber logrado un muy buen trabajo en este sentido, en todas las obras, especialmente en los movimientos lentos de Taurus, Pequeña sinfonía y Divertimento. También debo destacar su uniformidad tímbrica, que le permite mantener un buen balance en aquellos momentos donde diferentes timbres se superponen. Entrando un poco más en detalle, hubiera sido ideal tener un mejor control de la resonancia de los violonchelos y contrabajos en aquellos finales de movimiento donde se usó este recurso, pues la duración de la resonancia depende también de la velocidad del movimiento. Asimismo, noté que en la toccata del Divertimento se ralentizó el tempo inicial, lo que afectó su carácter vigoroso.

Las obras también nos permitieron apreciar momentos donde se desprenden solistas de la masa instrumental. En el segundo movimiento de Taurus hay un momento lírico donde el violonchelo tiene protagonismo con un solo que primero ejecuta el concertino que luego es repetido por su cuerda. La dificultad de este pasaje radica en mantener el lirismo del pasaje cuando la melodía es repetida por los violonchelistas en perfecta sincronía. Un trabajo aún más arduo está en el tercer movimiento del Divertimento, donde hay una alternancia continua de solo y tutti para lograr un contraste de volumen para percibir la diferencia de sonido entre un solista y su cuerda. En el mismo sentido, ambas obras también tienen pasajes donde se usan armónicos para extender el rango de altura, lo que agrega un nivel de dificultad a la afinación en registros extremos. De igual forma, todas las obras tienen pasajes donde una melodía o un gesto es imitado por todos. Este tipo de pasajes contrapuntísticos son bastante comunes en obras para cuerdas, sin embargo, su función cambia en razón al lenguaje o estética de la obra. Es este sentido debo decir que dichos pasajes estuvieron bien logrados en todas las obras, excepto en el primer movimiento de la Sinfonía andina donde se escucharon un poco confusos a causa de un desbalance en la intensidad, pero esto es una nimiedad.

La Bogotá Chamber Orchestra es una de las agrupaciones juveniles que mantiene una actividad musical constante en la ciudad de forma independiente, lo que le ha permitido competir con otras orquestas juveniles que tienen apoyo de entidades privadas y públicas. Por lo tanto, es bastante loable que este proyecto haya sobrevivido a un año largo de inactividad y que, aun así, haya presentado un concierto con un repertorio de alta dificultad muy bien interpretado. Esto solo es posible si detrás de todo hay amor y compromiso de parte de todos sus integrantes, valores que nunca están de más y siempre se echan de menos.

Programa

J. H. Pinzón:
Taurus, sinfonía para cuerdas.

L. A. Escobar: Pequeña Sinfonía No. 3 ‘Pequeña sinfonía para cuerdas’.

P. Sarmiento: Sinfonía andina.

P. Sarmiento: Divertimento para cuerdas.

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Concierto de Bogotá Chamber Orchestra - Temporada Digital de Conciertos 2021