Las obras que escuchamos en estreno por el Cuarteto Q-Arte de los compositores Tomás Díaz Villegas, Marius Díaz, Óscar Alejandro Parada y Danna Lorena Botero fueron inspiradas en acontecimientos actuales como el desplazamiento forzado y el narcotráfico en Colombia, como también el trastorno de ansiedad. Sin embargo, los medios utilizados en la expresión sonora no difieren en lo ya explorado por compositores académicos desde la década de 1960. Esto se debe a que en los últimos veinte años las cátedras de composición universitarias acercaron a sus estudiantes a diferentes lenguajes y estéticas de la música contemporánea; un fenómeno que inició con el surgimiento de movimientos de vanguardia que actuaron en contra del establecimiento artístico entre las décadas de 1920 y 1940 con el fin de actuar frente al acontecer social y político del momento.
Vale entonces la pena preguntarse hasta dónde es necesario seguir utilizando el término música contemporánea para describir la música de hoy. Lo anterior, en tanto que es una tradición establecida en la música académica desde hace sesenta años (período equivalente al del Clasicismo en Europa) cuya multiplicidad de tendencias hace difícil encontrar términos que las puedan describir individualmente y, más aún, frente a una generación de compositores que nacieron durante la globalización y crecieron a la par del desarrollo de entornos virtuales. Lo que quiero decir es que, a falta de un mejor término, decimos que estos compositores son contemporáneos no por el contexto de sus obras, sino por los medios que son parte de la tradición musical académica desde hace décadas; hay ausencia de un lenguaje que refiera al simbolismo de la música por encima de la técnica o la estética utilizada.
Por ejemplo, las obras De vuelta al terruño de Tomás Díaz y Paisaje colombiano con narcos de Marius Díaz ¿son contemporáneas por su lenguaje o porque tocan temas que hacen parte de nuestra realidad desde hace cuarenta años? Preguntas similares caben acerca de la obra (Cero)Tonina de Óscar Parada al referirse al trastorno de ansiedad. De mi parte, creo que la obra Vatnajökull de Danna Lorena Botero tiene más que ver con los fenómenos acústicos emitidos por los glaciares que con el cambio climático en sí, puesto que la compositora no alude a este en la descripción de su obra. No obstante, estos fenómenos acústicos han sido estudiados recientemente y existen diversos proyectos artísticos que buscan crear conciencia sobre los efectos del cambio climático en los glaciares, de ahí la importancia de escuchar sus voces.
Pero nada de esto lo podemos saber por la música misma sino por voz de los compositores, lo que demuestra que no existe un lenguaje simbólico y, por ende, las obras podrían llamarse de cualquier otra manera, lo que afectaría nuestra percepción sobre estas. Lo que es un hecho es que para la introducción de una nueva obra musical (incluso con canciones populares) siempre se hace algún tipo de explicación previa para orientar la escucha. Dicho esto, paso a comentar algunos aspectos del concierto.
Lo primero a destacar es la guía que los compositores Rodolfo Acosta y Damián Ponce brindaron a los jóvenes compositores, así como la labor de Q-Arte, cuarteto de cuerdas que ha dedicado su trabajo a la música de los creadores latinoamericanos en todos los frentes que les ha sido posible abordar. Este respaldo a los compositores garantiza la calidad de las versiones que escuchamos en estreno, pues hubo un espacio crítico de participación entre todos los actores involucrados en el montaje. Siendo así, estas sirven de referente para posteriores interpretaciones de las obras y como punto de partida para ahondar en la producción artística de cada uno de los jóvenes compositores.
La variedad estética de las obras confirma que en Colombia no hay actualmente una única forma de asumir la música contemporánea, hecho que se puede verificar con otros conciertos de jóvenes compositores en esta misma temporada. La obra Vatnajökull de Danna Lorena Botero tiene un tipo de intimidad sonora que nos transporta al glaciar mismo; en (Cero)Tonina de Óscar Parada encontramos una clara influencia de Hans Zimmer en el tratamiento rítmico sin que esta característica le reste interés a otras partes contrastante de la obra; por su parte, Marius Díaz parte de la idea de paisaje propuesta por Leo Brouwer, aunque el discurso es asimétrico y contrastante para representar el caos que genera el narcotráfico; y finalmente, Tomás Díaz Villegas presentó una obra con una narrativa continua desde el punto de vista emocional y psicológico de quienes sufren el desplazamiento forzado en nuestro país.
Felicito al Banco de la República por haber abierto este espacio que estrecha los vínculos que esta institución ha tenido para con los compositores colombianos, especialmente porque nos permitirá observar las tendencias y propuestas musicales de nuestros compositores desde una etapa temprana.
Programa
T. Díaz Villegas: De vuelta al terruño.
M. A. Díaz: Paisaje colombiano con narcos.
Ó. A. Parada: (Cero)Tonina.
D. L. Botero: Vatnajökull.
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