El joven pianista Joshua David Sierra ofreció un concierto integrado por dos extensas obras para piano de Robert Schumann y Modest Mussorgsky. Solamente el programa, por su dificultad, serviría como recital de grado universitario, incluso, podría servir para presentarse a una maestría en interpretación o como brochure para aplicar a un concurso internacional. Sin embargo, un profesional de una empresa de representación evaluaría su potencial futuro con base en el mismo concierto. Detrás de su probado talento hay un profesional que demuestra tener la disciplina necesaria para montar y mantener en su repertorio obras de gran aliento, similar a la que se necesita para montar un concierto para piano y orquesta. Del mismo modo, es posible suponer que con la misma disciplina podría asumir la responsabilidad de dar un concierto como solista en algún festival nacional o dentro de la programación anual de un teatro.

Y es que Joshua David Sierra representa todo lo que se espera sea un profesional universitario. Tiene un amplio sonido en el piano que demuestra fortaleza física y técnica; velocidad, precisión y, ante todo, buen entendimiento de las obras. Carnaval, Op. 9 de Schumann es una obra exigente compuesta bajo el estilo dramatúrgico play into the play, lo que significa que existe un argumento alterno que se desarrolla en paralelo con el argumento principal, como sucede en la ópera Pagliacci de Ruggero Leoncavallo. El preámbulo de esta obra fue escrito como una marcha circense y los movimientos presentan diversos personajes (reales, ficticios o alegóricos) con base en La comedia del arte. La obra fue interpretada sin interrupción entre los movimientos y fue notorio el esmero de Sierra por otorgar el carácter correcto a cada uno de ellos. Lo mismo puedo decir de la interpretación de Cuadros de una exposición de Mussorgsky, obra que reconocemos por la afamada orquestación de Maurice Ravel.

Mussorgsky quiso representar las impresiones que causó en él cada cuadro e hizo corresponder el orden de los movimientos con el orden de la exposición para lo cual incluyó un tema que representa el desplazamiento del observador por la sala de exposiciones. Al ser más conocida la obra en versión para orquesta, me pareció novedoso poderla escuchar en su versión para piano, de modo que pude hacer un ejercicio de reconocimiento de la orquestación en las líneas del piano, es decir, en sentido contrario a lo que hizo Ravel. En consecuencia, no puedo comparar la interpretación de Sierra con la de algún afamado pianista por la interferencia que tengo con la versión orquestal de esta obra. No obstante, me parece que hizo una interpretación justa a lo que exige la partitura y que se esmeró por emular los timbres orquestales que Ravel utilizó para cada movimiento. Pienso que no es una obra fácil de montar porque el pianista debe decantarse por hacer una versión puramente pianística o alusiva a la citada orquestación; sin embargo, en ambos casos la obra gana en detalles interpretativos. Dicho esto, quiero hacer unas reflexiones alternas pensando en el futuro de Sierra y de tantos otros jóvenes intérpretes.

Entrar en el mundo profesional es una responsabilidad que no debe recaer únicamente en los jóvenes profesionales, como el neoliberalismo cultural pregona. Asumir responsabilidades que no están en el ámbito del ejercicio profesional termina por minar el ímpetu inicial y genera fatiga a largo plazo. Esta fantasía del éxito alcanzado por medio de la autogestión oculta la ausencia de representantes artísticos en el medio y, a su vez, promueve la idea de falta de profesionalismo, compromiso, esfuerzo e interés cuando no se alcanzan las metas propuestas, convirtiéndose esto en un horizonte inalcanzable; esta idea la podría seguir detallando, pero no es el propósito de esta reseña. Solamente quiero dejar abierta la pregunta de cuál es la utilidad profesional que le estamos dando a esta serie que se esmera por seleccionar y presentar el mejor talento musical nacional.

Si he escrito esto es por mi convencimiento de la maestría al piano de Sierra. Deseo que un pianista con sus cualidades y talento pueda acceder a diversas posibilidades que le permitan desarrollar su carrera en Colombia y en el exterior como intérprete de conciertos y como artista central de una producción discográfica o audiovisual, pero necesita estar en proyectos artísticos que le sean retadores. Pienso, por ejemplo, en los productos audiovisuales del pianista francés Alexandre Tharaud sobre obras de Debussy y Schubert que no están lejos de lo ya alcanzado en Colombia en el ámbito de la producción audiovisual de conciertos. ¿No sería acaso interesante realizar un proyecto similar con obras de consagrados compositores colombianos como Luis Antonio Escobar, Adolfo Mejía o Luis Carlos Figueroa?, ¿Y qué pasaría si fueran obras de Carolina Noguera Palau, Mauricio Arias o James Díaz?

Finalmente, quiero expresar mi satisfacción en saber que de nuestras universidades egresan personas que, como Joshua David Sierra, engrandecen nuestra profesión. Lo que presenciamos es, en su simplicidad, todo lo que se espera sea un concertista, lo cual tiene muchísimo mérito. Sobra decir pues, que me encantó el concierto por lo original del repertorio, la calidad de la interpretación, su buena realización y producción audiovisual. ¡Felicitaciones maestro, le auguro grandes éxitos en su carrera!

Programa

R. Schumann: Carnaval, Op. 9.

M. Mussorgsky: Cuadros de una exposición.

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Concierto de Joshua David Sierra - Temporada Digital de Conciertos 2021