El concierto ofrecido por el dúo integrado por Juan Caros Higuita y Mac McClure fue el penúltimo de la Temporada Nacional de Conciertos 2021 del Banco de la República. Se interpretaron seis obras de compositores, períodos históricos y propuestas estéticas tan diversas como el diseño variopinto de las camisas lucidas en escena, del pintor colombiano Duván López, quien vive actualmente en España. Este detalle escénico me resultó bastante agradable por su coherencia con la idea misma del concierto y porque rompió con el recurrente luto de la mayoría de intérpretes que, a estas alturas, es monótono y aburrido.

El ordenamiento de las obras fue sencillo y efectivo. Las obras para violín solista de Nicolás Quevedo-Rachadell y Juan Antonio Cuéllar sirvieron para introducir las obras en dúo. Como resultado, las obras de Isaac Albéniz Zambra granadina, Torre Bermeja y Granada fueron tratadas como una única obra original emulando la estructura en tres movimientos de la Sonata para violín No. 3 de Edvard Grieg. Este es un astuto recurso que me hizo acordar cómo los intérpretes de teclado crean sus propias suites al elegir, por su tonalidad o carácter contrastante, un cierto número de piezas contenidas en extensos volúmenes como sucede con compositores como Rameau o Couperin. Dicho de otra manera, gracias a su amplia experiencia como intérpretes, Juan Carlos Higuita y Mac McClure crearon una obra original para violín y piano con base en la selección de tres obras originales para piano provenientes de las suites españolas Nos. 1 y 2, como de las Doce piezas características, Op. 92.

El concierto abrió con El Jaramillo variado del compositor neogranadino Nicolás Quevedo-Rachadell, patriarca de una de las tantas familias musicales colombianas del siglo XIX, a quienes reconocemos por su importante papel social por encima de la música que hicieron. Poder escuchar esta obra dentro de un concierto que no tuvo pretensiones históricas es algo relevante pues nos permitió apreciar cómo Quevedo-Rachadell estuvo en sintonía con los gustos europeos al componer unas variaciones similares en estructura y técnica al Capricho No. 24 de Niccolò Paganini, por poner un ejemplo. De igual forma, podemos reconocer en esta obra algunos gestos melódicos fundamentales en la construcción posterior del nacionalismo musical a finales de ese siglo. Incluso, podemos saber con certeza que Quevedo-Rachadell fue además un dotado intérprete del violín porque esta obra la compuso él mismo sobre el instrumento.

En cambio, la Pieza para violín solo de Juan Antonio Cuéllar proviene de un proceso diferente, uno, porque el compositor no es intérprete del violín, y dos, porque cuenta además para su trabajo con apoyos tecnológicos que no tuvo Quevedo-Rachadell en su tiempo. Esta es una obra que Juan Carlos Higuita ha mantenido de tiempo atrás en su repertorio y por esto estamos frente a una interpretación resultado de este proceso de maduración. Su interpretación transmite seguridad y comodidad al tiempo que muestra riesgo interpretativo, especialmente, en los pasajes donde se combina el pizzicato de mano izquierda con el arco, amén de haber marcado muy bien el carácter danzable de esta obra que imita el estilo zíngaro de Kodaly y Bartók.

Paso ahora a comentar las piezas a dúo. Lo primero que debo destacar es el ejemplar equilibrio entre ambos instrumentistas hecho con el propósito de fundir sus timbres respectivos en uno solo. Esto fue especialmente notorio al inicio de la Zambra granadina de Albéniz, una pieza centrada en la expresividad melódica cuyo acompañamiento emula una instrumentación donde el arpa sería protagonista. Este mismo sentido orquestal se amplificó con los efectos al violín en Torre Bermeja y en Granada. Ahora bien, el adagio que reza ‘haz que lo difícil parezca sencillo’ aplica muy bien para la interpretación de esta ‘suite’ que está llena de sutilezas como, por ejemplo, el continuo juego de voces que destacó McClure para mantener la ilusión auditiva de escuchar una obra orquestal, mejor aún, convencernos de que esta es una obra original para violín y piano.

De igual manera, el carácter concertante de la Sonata para violín No. 3 de Grieg fue no solo explorado sino explotado por Higuita y MacClure hasta el límite mismo de la partitura. Esta es una obra rica en cambios de tiempo y en texturas que se suceden una tras otra sin solución de continuidad. Estamos frente a una interpretación ricamente estructurada en la cual McClure desplegó todo su abanico de recursos como acompañante. De hecho, coincido con ellos cuando al inicio del video dicen que esta pieza es el plato fuerte de su concierto.

Por la originalidad del repertorio, calidad interpretativa y excelente producción, considero que este fue uno de los mejores conciertos de la temporada 2021. Ojalá este concierto pueda ser llevado a otras salas y a otros públicos, pues muestra la alta calidad de nuestros intérpretes y de nuestros compositores.

Programa

N. Q. Rachadell: El Jaramillo variado.

I. Albéniz: Zambra granadina de la Suite española No. 2, Op. 97.

I. Albéniz: Torre Bermeja de Doce piezas características, Op. 92.

I. Albéniz: Granada de la Suite española No. 1.

J. A. Cuéllar: Pieza para violín solo.

E. Grieg: Sonata para violín No. 3.



Consultar el programa de mano »

Imagen principal Media
Concierto Juan Carlos Higuita y Mac McClure - Temporada Digital de Conciertos 2021