El Museo Casa de Moneda esperaba hace dos años su reapertura que, además, conmemoraría los 100 años ininterrumpidos de labores culturales del Banco de la República. El 23 de julio de 2023 la antiquísima construcción fue anfitriona de una gran celebración a la que asistieron más de 2.300 personas que esperaron, con paciencia, y acompañaron la cuenta regresiva que finalizaría a las 12:00 del mediodía. La fiesta, sin embargo, no había comenzado ahí; antes de los aplausos que el staff de la Subgerencia Cultural le ofreció a los asombrados asistentes; antes de las monedas acuñadas en vivo; antes del recorrido que nos mostró a qué le hemos dado valor a lo largo de nuestra historia, e incluso antes del festivo patrio, otra celebración, ciertamente más discreta e íntima, se había llevado a cabo a tan solo unos pasos del gran reloj esquinero que hace décadas da la hora a los transeúntes capitalinos.

La Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango recibió a un ecléctico público que se reunió alrededor de la música y de un repertorio tan fascinante como desconocido. Pero, como los grandes carnavales, el centenario del Banco de la República no podía limitarse a una locación; a un paisaje; a una región. Haciendo alarde de su trabajo en red, y como si se tratara de un gran preludio a tres voces, el Centro Cultural de Leticia y el Centro Cultural de Quibdó se unirían y celebrarían, también con música, y en simultáneo con Bogotá, el cumpleaños del Banco.

Tres conciertos para conmemorar 100 años de cultura; parece poco a simple vista, pero, en realidad fueron mucho más que eso. Estas tres experiencias sonoras nos mostraron que lo que sucedió en Quibdó, Leticia y Bogotá no se quedó en una celebración momentánea, y después de esa noche quedó claro que, cuando se trata del Banco de la República, un concierto nunca es solamente un concierto. Un concierto es una historia, contada con muchos acentos; dibujada con muchos colores y que concilia paisajes geográficos y temporales tan disímiles e insospechados, que pueden parecer macondianos. Esos tres conciertos se desarrollaron como un microcosmos de la labor musical del Banco y exaltaron varios de los rasgos que la hacen única en el panorama cultural del país.

El equipo de trabajo de la Sección de Música venía trabajando en esto desde hace mucho más que 365 días y cada una de las cosas que se vivieron esa noche, fueron producto de reflexiones muy cuidadosas, en conjunto con las agencias culturales de Quibdó y Leticia ¿qué repertorio hacer para un público tan variopinto?, ¿quiénes serían los intérpretes?, ¿cómo unir a las tres ciudades? Y, sobre todo, ¿cómo contarlo? La decisión fue certera y las grandes protagonistas serían las obras comisionadas que el Banco ha encargado, desde 1965, a compositores colombianos. Era difícil, pues se trataba de un repertorio no muy taquillero pero que, mirándolo con detenimiento, abría una ventana a la historia. A partir de ahí, cada una de las partes que hicieron funcionar a este gran engranaje, nos abrían nuevos relatos que daban cuenta del acervo cultural del que hacemos parte.

Además de las obras, compuestas por músicos colombianos, los intérpretes que dieron vida a dichas obras son, en su totalidad, colombianos, provenientes de distintos lugares del país –a excepción de la pianista japonesa Mari Kagehira quien, no obstante, reside en Colombia hace varios años–. De entre este grupo, una gran mayoría ha sido parte fundamental de las acciones de formación, investigación, creación, promoción, y circulación del patrimonio, de la Subgerencia Cultural; varios han fungido como talleristas, como jurados; han estrenado obras, y han sido parte de la Serie de los jóvenes intérpretes, o de la Convocatoria de los jóvenes compositores. Estos conciertos fueron, entonces, una reunión de los cimientos escondidos que hacen de los espacios culturales del Banco de la República, nichos seguros para la apropiación cultural de los distintos públicos que, desde hace décadas, nos acompañan.

Al final, la confianza de estos públicos pudo más que lo hermético que podía parecer el repertorio y las ganas de celebrar este centenario se unieron a la emoción de escuchar de nuevo la primera obra comisionada por parte del Banco a un compositor colombiano. La Obertura de inauguración, para órgano solo, de Fabio González Zuleta, habría sonado en 1966 para la apertura de la Sala de Conciertos que el arquitecto Germán Samper le regalaría a la Biblioteca Luis Ángel Arango, y con ella, los primeros acordes que emitió el órgano construido por Oskar Binder. Además, las obras de Diego Vega, Gustavo Parra y Juan Antonio Cuéllar –quien se encontraba entre el público y recibió una muy merecida ovación–, nos enseñaron que los sonidos colombianos exceden, con creces, lo que nos han contado sobre el significado de la ‘música colombiana’. En Leticia y Quibdó, la casa estuvo llena y los asistentes disfrutaron de las obras de Amparo Ángel, Blas Emilio Atehortúa, Guillermo Carbó, Sergio Mesa y Luis Antonio Escobar, que se unieron a esta gran fiesta con música para trío con piano y, un formato que ya es emblema en la historia musical del Banco: el cuarteto de cuerdas.

Nunca será suficiente un concierto –o tres, en simultáneo– para hablar de algo que, década tras década, se ha ido forjando como una filigrana cultural, tan delicada como resistente, y que está en constante transformación. Sin embargo, lo que se vivió el 19 de julio de 2023 en Bogotá, Quibdó y Leticia, no está nada mal para conmemorar los 100 años de una institución que, a pesar del manto discreto que su nombre le impone, se ha vestido de muchos colores y ha desafiado las convenciones para crear, divulgar y conservar el paisaje sonoro colombiano.

*Artículo tomado de El Ratón, revista de la Biblioteca Luis Ángel Arango. N° 277. Agosto 2023

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Concierto 100 años del Banco de la República. Sala de conciertos 2023.