Consuelo Salgado es comunicadora social, artesana, gestora cultural y mediadora de La Paz se toma la palabra en Sincelejo, Sucre. Ella es víctima del conflicto armado, ya que su padre fue asesinado por grupos armados. Esto la llevó, desde muy pequeña, a fortalecer su vocación en torno a la construcción de paz a través del arte del tejido.
Su vinculación con la parroquia Nuestra Señora del Carmen en Sincelejo y La Gallera Centro Pastoral Sagrado Corazón de Jesús, donde hacía trabajo misional en diferentes regiones de Sucre, la llevó a conocer el proyecto La Paz se toma la palabra en el 2017 y así vincularse como mediadora en la capital del departamento.
Consuelo inició con las maletas viajeras de la paz dando talleres de lecto-escritura en las instituciones educativas del corregimiento de La Gallera y luego de conocer la problemática de violencia basada en género presente en la región decidió enfocarse en el trabajo con comunidades de mujeres indígenas de las veredas del corregimiento. Por un lado, trabajó con las mujeres víctimas del conflicto armado, y por otro, con las mujeres víctimas de abuso intrafamiliar y pobreza.
Con las primeras creó el proyecto ‘El bolso de las historias’, un proceso que tenía como objetivo invitar a conversar a las mujeres, a través del tejido de un bolso con material reciclado, sobre los dolores y las afectaciones que dejó el conflicto armado en sus vidas y sus cuerpos. Para esto implementó la herramienta ‘La línea del tiempo’ con la que las mujeres dibujaban su silueta e indicaban a través del tiempo los dolores que les causó la guerra y cómo se manifestaban en alguna parte de su cuerpo. “La mayoría manifestaron que, en su corazón, las rodillas y las manos, guardaban los dolores y esto tenía que ver con el trabajo forzoso al que fueron sometidas”, comenta Consuelo. En este proceso participaron 20 mujeres, entre los 18 y 45 años, quienes además contaban con apoyo e intervención psicosocial con personas expertas que acompañaban las sesiones y les ayudaban a sanar.
Por otro lado, con las segundas, desarrolló el mismo proyecto, pero partiendo de sus conocimientos como trenzadoras de caña flecha, aprendieron a tejer con hilo con el mismo objetivo de conversar sobre sus dolores. Asimismo, consciente de que los hijos de estas mujeres estaban presentes en las sesiones y que de alguna forma estos niños y niñas eran víctimas directas e indirectas de las violencias ejercidas sobre sus madres, Consuelo inició una serie de ejercicios de lectura con las maletas viajeras de la paz y que a su vez complementó con el recurso ‘El tendedero de la paz’. Allí los niños y niñas debían dibujar lo que entendían de la lectura y expresarse a través del dibujo. Este fue un ejercicio que les permitió asociar a los personajes de las historias con sus vidas personales. “Algunos de ellos en sus dibujos manifestaban episodios de violencia en sus vidas como el asesinato de sus padres, las pérdidas, el miedo, la soledad, entre otros impactos de la violencia y esto requería de un acompañamiento especial por parte del grupo psicosocial que luego iniciaba un proceso con ellos. Lo importante de estos ejercicios es que tengan un cierre y no se dejen las heridas abiertas”, expresa la mediadora.
Consuelo también se percató de que las violencias y el camino hacia la no repetición pueden encontrar una salida a través del diálogo intergeneracional. Las mujeres de La Gallera habían desarrollado una iniciativa denominada ‘El tinto conversado’ en la que se reunían adultos a conversar sobre problemáticas colectivas y personales y a compartir sus pensamientos, angustias y alegrías. Consuelo vio el potencial para que en las malocas, lugar donde se desarrollaban las conversaciones, también participaran niños y niñas. Así surgió un taller en el que los menores escuchaban a las y los abuelos, en un espacio donde la tradición oral permite intercambios de saberes entre 35 niños y 15 abuelos, a través de las preguntas de la herramienta ‘Pido la palabra por la paz’ , que les facilitó contar las memorias de su niñez, tradiciones familiares, experiencias y aprendizajes a través de los años.
Conversar el dolor, propiciar conversaciones, recuperar la memoria e impulsar el diálogo intergeneracional para que las violencias no se repitan son los caminos que ha tomado Consuelo para aportar a que la paz se tome la palabra en una región fuertemente azotada por los estragos del conflicto armado. Para ella: “El desarrollo y la estabilidad de una región se dan cuando el territorio vive en paz, y esto permite garantizar un ambiente seguro donde crecer y proyectarse a futuro”.