En el marco de la celebración del centenario del Banco de la República escuchamos el miércoles 7 de junio en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, al Cuarteto Simply, agrupación que también se presentó en San Andrés en el Auditorio del Centro Cultural del Banco de la República. El Cuarteto Simply puede ser uno de los cuartetos de cuerda de la Serie profesional con los intérpretes más jóvenes que hayamos visto en los últimos años, como lo atestigua también su reciente conformación; es una agrupación que está en proceso de maduración, aunque tiene en su haber importantes reconocimientos en diversos certámenes europeos.

Tres importantes obras conformaron el programa de concierto, los Cinco movimientos para cuarteto de cuerdas, Op. 5 de Anton Weber; el Cuarteto de cuerdas en la menor, Op. 29 No. 1 de Franz Schubert; y en la segunda parte el Cuarteto de cuerdas No. 13, Op. 106 de Antonín Dvořák. Obras musicales que son testimonio del desarrollo que tuvo el cuarteto de cuerdas en Europa después de la muerte de L. Van Beethoven.

Con tranquilidad podemos decir que la segunda parte del concierto se disfrutó más que la primera, sin demérito de las interpretaciones de las obras de Berg y Schumann. Los Cinco movimientos de Alban Berg son difíciles de asimilar como obra de entrada debido, sobre todo a la brevedad de los movimientos, más que por el lenguaje experimental que sigue sorprendiendo hoy por su ‘contemporaneidad’; es decir, siguen sonando novedosas pese a que ya tienen algo más de un siglo de haber sido compuestas. Es posible que la recepción de esta obra hubiera mejorado si se hubiera interpretado sin interrupciones, más aún, cuando esta serie de micro piezas antecedió a dos cuartetos conformados por movimientos de largo aliento. Aunque contradiciendo la intención del compositor, que quiso escribirla de esta forma particular, la interpretación sin interrupciones hubiera ayudado a apreciar la pieza como un todo, dando mayor espacio a la escucha de gestos interpretativos más profundos.

El concierto comenzó en crescendo con la interpretación del cuarteto de Schubert, desde su segundo movimiento. Aquí ya se pudieron apreciar las dotes interpretativas del Cuarteto Simply, como su bien elaborado forte, la buena contrastación entre secciones y el dominio de las partes contrapuntísticas. Por ejemplo, ya al final del primer movimiento –allegro ma non troppo– ocurrió la magia de poder olvidarse de los intérpretes para entrar en la contemplación de la música, incluso cerrando los ojos. Asimismo, las ‘partes orquestales’, es decir, aquellas que exigen mantener una sonoridad profunda, donde cada intérprete es responsable de una parte constitutiva de la textura, estuvieron muy bien logradas en los movimientos pares. Sin embargo, faltó algo más de carácter juguetón en el minueto, tercer movimiento de dicho cuarteto. Esto, a propósito del carácter del minueto que, en su origen, era una pieza escrita para solazarse.

Todo lo anterior palidece ante la excelente interpretación del Cuarteto de cuerdas No. 13, Op. 106 de Antonín Dvořák, única obra de la segunda parte. Es difícil pensar en cómo podrían haber tocado mejor esta obra; es posible que la misma llegue a adquirir, pasado un tiempo, algunos matices de interpretación que le pueda dar un cuarteto con veinte o más años de experiencia, pero en este momento sería una exigencia fuera de proporción debido a la corta edad que tiene el Cuarteto Simply. La interpretación del cuarteto de Dvořák demuestra que tienen un profundo dominio de la obra; que comprenden bien la profundidad musical y semántica del cuarteto y, sobre todo, que les gusta tocarlo. Hay algo de emoción cuando el intérprete mete un zapatazo o hace más fuerte su respiración durante la ejecución, como le pasó al violista Xian Lyu en varios pasajes de este cuarteto. Es ahí donde la obra se hace cuerpo, se humaniza en cierto sentido y captura totalmente la atención del público. Estos gestos no se ensayan, surgen de forma espontánea, reclaman nuestra atención, nos interpelan.

Este tipo de acontecimientos contrasta con aquellos donde el público, de forma contemplativa, inhibe cualquier ruido que pueda interrumpir ese tipo de pasajes que sentimos sublimes. Fue precisamente ese el estado en el que estuvimos durante todo el adagio ma non troppo, segundo movimiento del cuarteto. De igual forma, nos sorprendieron durante el tercer movimiento con cambios de timbre acordes con las tensiones internas del movimiento que, por su constante aceleración, preludia el último movimiento. El finale de este cuarteto funciona, como en las sinfonías del período, como movimiento que resume lo acontecido previamente. Es un movimiento que exige mantener ese sonido orquestal y grandilocuente del que ya se habló. Aquí quedó claro que nuestros jóvenes intérpretes estaban poniendo todo de sí mismos para dar un cierre intenso y memorable, tanto al cuarteto de Dvořák, como al concierto entero que, al punto estaba en su mejor momento. Los aplausos fueron copiosos, como las sonrisas en los rostros de los asistentes que agradecieron así el cierre de esta velada.

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Concierto del Cuarteto Simply en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, 2023.