Sonidos ancestrales llegaron a nuestros oídos el domingo 4 de junio en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango. Una pausa para encontrar la paz y la serenidad del alma. De la mano del Quinteto Talim nos transportamos por el tiempo y el espacio, a muchos kilómetros lejos de acá; hacia lugares que solo hemos visitado en nuestra imaginación. En perfecto español William Rossel presentó a los integrantes y sus instrumentos, algunos de los cuales, quizá, muchos nunca habíamos visto: el sitar, el sarod, un conjunto de tambores que llaman tabla y, por supuesto, el violín que, aunque nos es familiar, lo es menos la manera de tocarlo en esta tradición musical. Sentados en el piso, correctamente amplificados y acompañados de una luz tenue, el ambiente, de entrada, invitaba a la ensoñación.

Desde el inicio nos acompañó un sonido constante, algo hipnótico que nos condujo a un estado de apaciguamiento y concentración, y nos fue envolviendo poco a poco. Rossel anunció que inicialmente escucharíamos una oración, remitiéndonos inevitablemente al carácter espiritual de esta música. En esta sección y superponiéndose al pedal mencionado, cada instrumento presentó primero su sonoridad individual antes de iniciar un entretenido dialogo con los demás; trasfondo de un denso tejido de sonidos que produjeron a lo largo del concierto diferentes niveles de intensidad emocional. Porque, si hay algo esencial en este tipo de música además de su dimensión espiritual (o, incluso, gracias a ella), es su capacidad de reproducir y transmitir diferentes matices de emociones y estados de ánimo. Sin necesidad de mediar palabras, estos músicos, cuya experticia no se pone en duda, tocaron nuestros corazones evocando imágenes universales. En un dialogo sin palabras lleno de gestos sutiles nos contaron una historia muy antigua con sonidos provenientes de un árbol de raíces muy profundas.

Quizá lo más notable de esta experiencia, además de lo exótica que nos pueda parecer (por sus instrumentos, su rango melódico o su organización rítmica), es la espontaneidad en la que se basa. Toda esta música surge de la improvisación, que no debe entenderse como un acto fortuito y desordenado, sino todo lo contrario, como un esquema muy organizado de reglas que cada uno domina y que, según su propia intuición, utiliza, aportando al tejido común de sonidos con el fin de lograr un entendimiento perfecto.  Este nivel de sincronía es sorprendente. Con una mirada, un gesto de la mano e incluso algunas palabras intercambiadas en voz baja, lograron guiarse y ponerse de acuerdo dando como resultado una obra que no podría ser más perfecta si estuviera escrita.

El poder de la percusión empezó a sentirse desde el momento en que entró en la conversación, primero en un dialogo interno entre los dos percusionistas y luego en la interacción con los demás instrumentos. La intensidad de la música fue aumentando hasta llegar a verdaderos momentos de clímax que parecían llevar al trance. El esquema estaba muy claro; después de un pequeño ’corte instrumental‘ muy bien coordinado, empezaba una nueva sección contrastante que no permitía que nos despegáramos ni un minuto de lo que estaba sucediendo. La sensación era impresionante, así como la técnica empleada por cada uno de ellos: el amplio registro del sitar; el virtuosismo del violín (pizzicato, dobles cuerdas, largos glisandos); la magia del sarod, que nunca se quedó atrás, y el gran despliegue técnico de la percusión. De sorpresa nos tomó cuando además de tocar la tabla, los intérpretes emplearon la percusión corporal (palmas), recitando un texto en perfecta coordinación dentro del esquema rítmico que venían interpretando. 

Esto recordó las palabras de Alexander Klein, autor de las notas al programa: ‘todos los ritmos de la música tradicional india provienen de patrones de habla, lo cual es lógico si recordamos que el instrumento musical más antiguo es la voz (…)’.   Este es pues el origen; las raíces de nuestro árbol milenario del que hoy observamos los frutos, esos mismos que hablan de una cultura en la que la espiritualidad, el honor, la disciplina y el respeto están profundamente arraigados. Una experiencia memorable.

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Concierto Quinteto Talim (Estados Unidos) en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango en Bogotá.