Recibimos el pasado jueves 23 de marzo al quinteto de jazz barranquillero OR Band en la Sala de Conciertos del Banco de la República, en la Serie de los jóvenes intérpretes. La mayor parte del público fueron jóvenes, de dieciocho a veinticinco años, que ya conocían la banda y que se mezclaron con un público mayor que llenó casi por completo el recinto. Esto es destacable, pues demuestra que poco a poco esta Serie convoca una mayor cantidad de público.

La banda dirigida por Obed Rojas Luna interpretó siete temas de su autoría a los que se agregaron Te olvidé de Antonio María Peñaloza y Yatra ta de Tânia Maria. Los temas compuestos por Obed Rojas son testimonio de su fe cristiana; las letras son reelaboraciones de textos bíblicos provenientes principalmente de las cartas de San Pablo y algunos salmos. Esto da sentido a los títulos de los temas Tú eres mi paz, Dulce, Enamorado, Como medicina, Nada podrá separarme y Nada me falta. En realidad, sus canciones son poemas de amor a Jesucristo, que siguen la estructura de aquellas escritas al amor humano. Resultó pues excepcional la letra de Dodecafonismo, que es una cita textual (o así lo parece) de la definición de esta técnica en libros de teoría musical.

El estilo de composición de Obed se fundamenta en la mezcla libre de estilos musicales tales como funk, samba, rock, destacando la elaboración de melodías bien construidas, con gran enriquecimiento ornamental y un buen equilibrio entre lo instrumental y lo vocal. Por ejemplo, en Dodecafonismo la voz simplemente se usa como un elemento ornamental que aparece inesperadamente, mientras que en Tú eres mi paz hay igual participación de la voz y el saxofón.

Los músicos que integran OR Band se destacan en lo individual como en lo grupal. Todos los solos instrumentales se distinguen por su comedimiento, pero mucho más por la riqueza que le imprimieron a cada solo. Por ejemplo, fue relevante el extenso solo de saxofón que hizo Tomás Estrada en Tú eres mi paz; la introducción del baterista Daniel David Becerra al tema Enamorado y el solo de bajo eléctrico de Flavio Bolaños en mitad de Nada podrá separarme. Por su parte, Jesús Alberto Madera supo enriquecer con la guitarra eléctrica la armonía y el timbre de varios de los temas interpretados.

El concierto inició con una excelente mezcla de sonido (igual a la que hemos escuchado en intérpretes de jazz de la Serie profesional), que lamentablemente se fue perdiendo desde Te olvidé hasta el final del concierto. No queda claro qué fue lo que pudo haber ocurrido, lo cierto es que, desde ese punto, hubo saturación de sonido en la Sala. De haberse mantenido la calidad inicial, podríamos haber estado ante uno de los mejores conciertos de esta serie.

Por ejemplo, se puede cuidar más la resonancia de la batería para que no sature la voz, como sucedió en Te olvidé, Yatra ta y Nada me falta. También se percibió que la guitarra saturó de más en Nada podrá separarme, en el que, además, se hizo evidente el cansancio vocal de Obed Rojas. Aunque esto son meros detalles, vale la pena que se revisen en pro de mejorar la calidad interpretativa del grupo.

Es evidente el feeling que hay entre ellos, así como su buen desempeño escénico. Se nota que detrás hay compañerismo, trabajo crítico y muchas horas de ensayo. Hubo cuidado en la ejecución de cada unísono, al punto de parecer un único instrumento multi-tímbrico. Asimismo, supieron llevar el ritmo del concierto con la selección de los temas que se dispusieron en el programa. En términos de carácter, estos fueron desde lo sosegado hasta lo enfebrecido y se articularon con Te olvidé y Yatra ta, para salirse del ámbito cristiano, dándole así una nueva energía a esta presentación que no contó con un intermedio. Dicha disposición temática me lleva a pensar que no era necesario haber agregado un bis; primero, por la extensión del concierto y segundo, porque se terminó en un punto climático.

Se requiere valentía para presentar una propuesta musical actual abiertamente confesional, en espacios donde la música religiosa que se escucha suele pertenecer a un pasado remoto, tal como sucede con la Early music. Para algunos pudo haber sido una situación contradictoria (como lo señaló Alexander Klein en las notas al programa), pero, en general, el público fue receptivo, dado lo generoso que fue su aplauso de comienzo a fin.

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Concierto Or band, en la Sala de Conciertos BLAA.