Caía la tarde en Bogotá el pasado jueves 30 de marzo y yo me apresuraba hacia la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango cuando noté una presencia poco habitual entre el público tradicionalmente convocado a este espacio: niños y niñas de diferentes edades acompañaban a sus padres. Con frecuencia, y a causa del horario o la duración de los conciertos, se recomienda que los menores no asistan a la Sala para evitar la incomodidad de los espectadores. Sin embargo, esta ocasión era excepcional. Y es que las protagonistas de este concierto eran precisamente dos niñas: María Clara y Sara Lucía, quienes conforman, junto con su padre Daniel Saboya, el dueto La mayor y La menor, en el que interpretan un repertorio de música colombiana y latinoamericana arreglada especialmente para este formato de dos voces, dos guitarras y tiple.

Leyendo las notas al programa me interrogué sobre lo que el autor denomina «esa esquiva categoría de “música infantil”» pues observé que, junto a obras que podrían formar parte de dicha categoría, aparecían también algunas que pertenecen a otro tipo de repertorio. Entonces ¿qué es exactamente la ‘música infantil’? ¿Acaso los niños no pueden interpretar canciones más ‘serias’? o ¿solo deberían ceñirse a aquellas que fueron pensadas con temáticas específicas para ellos? En todo caso, si algo me quedó claro después de escuchar a este dueto, es que la música que interpretan (sea de la categoría que sea) es un asunto serio.

Al salir a escena me sorprendió la edad de las integrantes; especialmente la de María Clara ‘La menor’, que, debo reconocer, imaginé más grande, y por ello me asombró el desparpajo con el que se desenvolvió en escena, además de su seguridad y capacidad interpretativa. Su hermana Sara Lucía ‘La mayor’ en la voz y la guitarra era un complemento ideal en afinación, interpretación y musicalidad. Algunos inconvenientes en el sonido (cada una estaba apoyada por un micrófono) restaron al equilibrio de las voces principalmente en la primera canción Hay un solo camino de León Cardona. La amplificación impidió apreciar la mezcla natural de las voces, algo que se obtiene sin mayor dificultad en un auditorio como éste, reputado por su acústica. Pero, una vez superado el inconveniente, las intérpretes recuperaron el equilibrio, permitiéndonos apreciar mejor la consonancia y acople entre voces e instrumentos, trabajo que es justo decir, fue impecable.

Me conmovió verlas tan jóvenes e interpretando obras como Irina la araña bailarina de Nicolás Ospina, en la que Sara Lucía se destacó en la voz y la guitarra, o la canción que hiciera famosa el grupo español Presuntos Implicados, El pan y la sal que, si bien no figuraba en el programa, fue la ocasión perfecta para apreciar la destreza vocal de las intérpretes, y, sobre todo, la labor del arreglista, porque esta es sin duda la columna vertebral de este trabajo. Daniel Saboya, quien conoce mejor que nadie las capacidades musicales de sus hijas, ha sabido medir los niveles de dificultad de sus arreglos; algunos verdaderos retos musicales y otros, fuente de diversión y aprendizaje. Un claro ejemplo de ello fue la obra Oración ratona de Juana María de la Concepción Méndez en la que María Clara trajo a escena unos peluches para ilustrar la canción. Pero, quizá el arreglo más complejo y bellamente interpretado fue el de la canción Azul, azul de León Cardona, de lejos mi preferida.

La presencia en escena del reconocido ilustrador y cuentero Alexis Forero ‘Alekos’ nos transportó al mundo de la imaginación cuando, al recitar el poema ‘La creación del hombre’ de Nicolás Buenaventura, convidó a participar al público. La diversión continúo con la obra Canción tonta de Gustavo Adolfo Renjifo, en la que un gran cartel dibujado con onomatopeyas fue traído a escena. Dichas sílabas, que en realidad eran respuestas a la melodía, fueron cantadas por el pequeño ‘re menor’, hermano de Sara Lucía y María Clara, que había llegado también al escenario (y que imaginamos será un futuro integrante de este ensamble) para, posteriormente, ser también cantadas por el público con la guía de Alekos. Las dos últimas obras fueron un cierre perfecto: La mejora de León Cardona, con un equilibrio muy adecuado de las voces y O Pato de Jayme da Silva, una bossa nova rítmica y divertida, muy bellamente interpretada.

Para todos los que fuimos formados musicalmente desde la infancia, este concierto es un recuerdo de lo hermoso y divertido que puede ser el estudio de una disciplina tan estricta y seria como la música cuando se realiza con amor y paciencia. No hay duda que el destino depara a estas intérpretes una brillante carrera.

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Concierto La mayor y la menor, en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango en Bogotá.