El jueves 29 de junio en la Sala de conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango el joven trombonista David Pérez nos introdujo en un universo sonoro que yo personalmente, desconocía. Poco adepta de los sonidos estridentes a los que desde siempre he asociado al trombón, debo confesar que quedé gratamente sorprendida al descubrir una paleta expresiva y sonora mucho más amplia de lo que esperaba, en la voz de este instrumento. Esto, por supuesto, no es posible si no viene de la mano de un intérprete de la talla de Pérez, ganador de varios concursos nacionales e internacionales, y cuyo dominio del instrumento es más que notable.

Desde la primera nota admiré la calidez de la voz del trombón, en completo contraste con la imagen que yo tenía de su timbre imponente y brillante. La primera obra: Ballade, de Erick Ewasen, inició como un dulce despertar de sonidos que fueron incorporándose poco a poco y desplegando una personalidad musical que nos dejó sin aliento. Fueron especialmente impactantes los matices; algo muy difícil de lograr en este instrumento y que, imagino, debe necesitar de un gran control y dominio técnico. Durante toda la obra no cesamos de contemplar la increíble versatilidad del instrumento, casi como si en él se reunieran varias voces a la vez.  Entonces recordé las palabras de Berlioz, traídas a colación por Guillermo Gaviria, autor de las notas al programa: ‘En efecto, él posee el más alto grado de nobleza y grandeza, tiene todos los acentos graves o fuertes de la alta poesía musical; desde el sentimiento religioso, imponente y tranquilo; hasta los gritos báquicos de la orgía.’

Y no es que en otras obras no resaltara la diversidad de timbres, sino que también fueron notables otros aspectos. Es el caso de la obra Fantaisie Concertante de Jacques Castérède, una verdadera demostración de virtuosismo y maestría técnica, o, como el mismo intérprete la describió, ‘un verdadero reto’. De esta obra rescato especialmente el trabajo de ensamble logrado con el pianista acompañante Daniel Uribe, elemento fundamental del éxito de este concierto. No siempre se habla del pianista acompañante por su rol que suele ser entendido como secundario frente al solista, a quien naturalmente se destaca. Aunque en este concierto las partes para piano eran mayoritariamente adaptaciones de grandes formatos, la interpretación del pianista y el trabajo de ensamble fueron impecables, como si hubiesen sido escritas originalmente para este formato. El equilibrio sonoro entre los dos instrumentos fue perfecto, lo que habla de un arduo trabajo de ensamble y un minucioso estudio del estilo de cada obra.

Cuando la paleta sonora del trombón parecía haber desplegado todas sus capacidades, sorprendió otro aspecto: su capacidad emotiva. Construir y comunicar sensaciones por medio de sonidos, he ahí la verdadera hazaña del intérprete. Esto fue especialmente notable en la obra World Concerto de Steven Verhelst, con la que nos presentó imágenes que evocaban diversidad de sensaciones como la serenidad, la dulzura, la inquietud, el anhelo y la tristeza. Vinieron a mi mente las palabras del compositor quien, a propósito del origen de la obra, afirma que ésta representa su propia manera de entender el mundo al explorar aspectos como la relación con la naturaleza o con su propia evolución por las edades de la vida.

Después de este despliegue de sensaciones, diversidad tímbrica y virtuosismo ¿qué más podría sorprendernos?  Los aires rioplatenses de Ricardo Arbiza, en mi opinión la obra más bella del concierto, nos presentó una exploración de efectos sonoros novedosos como la percusión vocal, sin dejar de lado efectos típicos del trombón como el glisando. Igual que en la Fantasie concertante, destacó el elemento rítmico, preciso y coordinado con el piano. Esto me llamó la atención, pues, dadas las características físicas del instrumento (peso y tamaño) pero, sobre todo, por ser un instrumento de varas, no debe ser nada fácil lograr la articulación rítmica que necesitan los ritmos latinoamericanos, y en este aspecto el trabajo fue sorprendente. 

En todos los sentidos este concierto fue un gran descubrimiento; casi una reivindicación de la voz del trombón bajo como solista. Nos permitió conocer otros aspectos de sus múltiples posibilidades tímbricas y técnicas. Este instrumento, que se suele asociar exclusivamente al sonido de las bandas de guerra o a la música popular, demostró en este concierto una nobleza y dignidad que sé que dejaron a más de uno sin aliento.

Imagen principal Media
Concierto de David Pérez en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, 2023.