Audaz. Así describiría el programa que, el pasado jueves 13 de julio, nos presentó el oboísta colombiano Juan David Gómez en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango. Tras manifestar expresamente el propósito de ‘transportar al público’ con el programa que eligió, Gómez nos condujo hacia un recorrido poco ortodoxo por los senderos más recónditos del repertorio para este instrumento. Deseoso de innovar en formatos, es decir, sin limitarse a interpretar obras solistas o con acompañamiento de piano, invitó amigos y colegas para colaborar con él en dos de las obras del programa. El cuarteto para oboe y cuerdas de Mozart, y el dueto para oboe y fagot de Villa-Lobos, fueron dos ejemplos de esta temeraria propuesta. También contó, desde el público, con el acompañamiento de amigos y familiares que hicieron sentir su apoyo en lo que sin duda fue un maratón musical.

Los interpretes suelen destacar la emoción que les produce encontrarse en este escenario, no solo por su maravillosa acústica, sino porque formar parte de la programación de esta Sala implica pasar por un arduo proceso de selección, de modo que es normal sentir una profunda emoción. Eso nos transmitió el intérprete con sus palabras de agradecimiento, consciente de la gran responsabilidad que significa enfrentarse a un escenario como este. Puedo afirmar que la interpretación estuvo a la altura de las expectativas, en aspectos de sonido, ensamble, y, sobre todo, de la elección del programa. Este inició con una obra para oboe solista de Gilles Silvestrini, unión de música y movimiento, que representaba las líneas subjetivas y, en ocasiones imprecisas, características de algunos de los cuadros de pintores impresionistas como Monet, Renoir o Pisarro, entre otros. Al igual que el movimiento pictórico que buscaban emular, cada uno de los diferentes movimientos destacó por la exploración de sonidos, matices y efectos característicos en una obra, no solo virtuosa sino entretenida, que desde el inicio, nos demostró cual sería el nivel del concierto.

El cuarteto de Mozart nos llevó a conocer otra faceta de la personalidad musical del artista. Según él, una de sus obras preferidas, está escrita a manera de dialogo entre las cuerdas y el oboe, permitiendo interesantes momentos de lucimiento de la voz del solista. En esta obra fue un poco más notorio un aspecto de la interpretación que ya se había perfilado en la primera: el efecto de ‘polifonía’ logrado en instrumentos monódicos gracias a la ágil alternancia de dos registros que parecen finalmente estar dialogando entre sí. Pero lo más notorio —elemento típico de la escritura de este periodo— fueron las diferencias de carácter entre cada movimiento, pasando de la alegría a la nostalgia y finalmente al juego, en el rondó. Realmente una obra muy bella. Pero, si de expresividad emocional se trata hablaremos de la obra de Jorge Pinzón, compositor colombiano, oboísta y pianista a quien debemos obras importantes de la literatura para este instrumento como la Evocación para oboe y piano. Esta obra forma parte de un ciclo de evocaciones en las que procuró, no solo explorar las posibilidades tímbricas y técnicas de éste y otros instrumentos, sino el carácter emocional de sus características sonoras.

Una de las mayores rarezas del concierto fue el dúo para oboe y fagot de Heitor Villa-lobos que mencionamos anteriormente, interpretado con la complicidad de la fagotista Manuela Vergara. Digo rareza por su escritura en la que, mediante un minucioso estudio de todas las posibilidades contrapuntísticas del juego de voces entre estos dos instrumentos, el compositor logró resaltar las mejores características sonoras de ambos en un formato inusual pero revelador de las capacidades tímbricas y de ensamble entre ambas voces. Esta maratón musical —en este punto ya era notorio el agotamiento del intérprete— terminó con la Fantasía Pastoral de Eugène Bozza, para oboe y piano, en la que una vez más destacó el virtuosismo del instrumento, además de un perfecto trabajo de ensamble con el piano (matices, entradas, ritmo), muestra del alto nivel de preparación de ambos intérpretes.

Este concierto no solo demostró el nivel interpretativo de Gómez sino su musicalidad, compenetración con la técnica y estilo del instrumento. También fue la muestra de un gran conocimiento de la literatura para el oboe, señal de un verdadero conocedor que se lanzó al desafío de un repertorio difícil, llevando a cabo una hazaña musical que sin duda alguna logró transportar al público.

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Concierto 100 años del Banco de la República. Sala de conciertos 2023.