Escuchamos en concierto al joven trompetista y compositor Daniel Alberto Moreno, acompañado del pianista Daniel Uribe Llanos, el pasado jueves 6 de julio en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango. Las siete obras que integraron el concierto fueron puestas en razón al país de origen de los compositores; de esta forma, primero se escucharon las obras Bulerías de Guadalquivir, del español Santiago José Báez; luego la Sonata for Trumpet and Piano, del estadounidense Kent Kennan; y finalizando la primera parte, el Solo de concours, del belga Theophile Charlier. Después del intermedio se escucharon tres obras de compositores latinoamericanos, aunque esta parte se inició con el Étude concertante, Op. 49 del ruso Aleksandr Gedike.

En la primera mitad del concierto, Daniel Moreno estuvo más contenido que en la segunda parte, donde lo vimos más relajado y expresivo. Esto pudo deberse a que las obras del inicio tienen un carácter académico y de concurso, es decir, son piezas diseñadas para hacer lucir el virtuosismo del trompetista. De hecho, es bueno recordar que las obras de Báez y Charlier provienen del mundo de los certámenes o concursos musicales. Asimismo, los tres movimientos que integran la sonata de Kenan buscan también el lucimiento del trompetista. Por el contrario, las obras de Juan Carlos Valencia, Daniel Alberto Moreno y Gilson Santos fueron compuestas para el goce de las mismas en concierto.

Dicho lo anterior, este concierto no tuvo, en general, mayores sorpresas respecto a la estética y contraste entre las obras; cosa que pudo suceder por haber elegido un repertorio escrito por compositores que son, a su vez, trompetistas[1].. Por ejemplo, no hubo contraste entre el Solo de concours de Charlier y el Étude concertante, Op. 49 de Gedike, pese a que se interpretaron en momentos diferentes del concierto. Los recursos técnicos, el lenguaje y la exigencia son similares, pero, si se trata de elegir, prefiero el estudio de Gedike porque es más cercano al repertorio que estamos acostumbrados a escuchar actualmente en la Sala de Conciertos.

En esta misma línea, considero que las Bulerías de Santiago Báez tienen mucho en común, en los aspectos anteriormente citados, con el Andante y scherzo de Juan Carlos Valencia. No obstante, la obra de Valencia resultó ser de mayor impacto por estar fuera de los convencionalismos del repertorio escuchado en su conjunto. Tal vez, este concierto hubiera podido funcionar mejor si las obras se hubieran dispuesto en un orden diferente al geográfico. En mi opinión, hubiera sido mejor empezar con la Sonata de Kenan, luego Outono perdido de Santos y terminar la primera parte con las Bulerías de Guadalquivir. En la segunda parte abrir con el Andante y scherzo de Valencia, luego el Étude concertante de Gedike y finalizar con Efímeros –obra propia que Daniel Moreno interpretó al final del concierto, más como una pieza fuera de programa que como un bis en toda regla–. Así, en el bis, la Pequeña suite, del mismo compositor, podría ser interpretada en su totalidad o parcialmente; por ejemplo, el Currulao de esta suite funcionaría perfectamente.

Puestas una al lado de la otra, las obras Pequeña suite y Efímeros de Daniel Moreno, muestran su maduración como compositor. Es evidente que, para el momento en el que compuso la Pequeña suite (2019), Daniel aún estaba bajo la influencia de las suites y otras piezas tradicionalistas del repertorio de banda. Incluso, se podría afirmar que esta obra puede ser transcrita a este formato sin mayores inconvenientes. Lo que sí resulta interesante es el planteamiento del trío de trompeta, trombón y piano, que permite un mejor aprovechamiento del timbre de los instrumentos de viento en razón a su complementariedad tímbrica. En ese sentido, resultó más interesante escuchar Efímeros, obra que terminó de componer recientemente y que, por lo tanto, no estuvo ‘en el radar’ cuando se planteó originalmente este concierto. En ésta hay un refinamiento del uso de los timbres de la trompeta y del trombón; también el balance entre ambos instrumentos solistas es más variado, así como el papel del piano, al que se le asignan roles, tanto de solista como de acompañante. Todo esto da pie para resaltar la presencia del trombonista Andrés Felipe Calle, quien participó en ambas obras.

Debo también destacar el buen papel que desempeñó Daniel Uribe, como pianista acompañante, a lo largo del concierto. Por ejemplo, supo sortear las partes de piano de la Sonata de Kenan que son incluso más exigentes que las partes del solista, exigencia que también encontramos en Solo de concours y Étude concertante. Asimismo, el concierto tuvo una buena acogida del público, por el número de asistentes y por su buena respuesta con los aplausos.

 

[1] Lo que quiero señalar con esto es que, en general – y aunque hay muy buenas excepciones –, los compositores que componen para su propio instrumento suelen hacerlo dentro de los límites técnicos que dominan,

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Concierto de Daniel Moreno en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, 2023.