La primera visita de la joven violinista japonesa Hina Maeda a nuestro país cerró con una ambiciosa y deslumbrante gira de conciertos; adicionalmente a los ofrecidos con diversas orquestas del país, Maeda se presentó entre los días 3, 4 y 5 de mayo, en Ibagué y Girardot, junto al pianista polaco Michał Francuz. Esta serie de conciertos de cámara inició el 3 de mayo en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango en Bogotá.

Como es costumbre en estos conciertos del Banco, un conversatorio funciona como preludio al encuentro de la audiencia con los artistas. En esta ocasión, guiados por Angélica Daza, quien también escribió las notas al programa, los asistentes pudieron adentrarse en detalles que intensificarían su relación con el repertorio y abrirían nuevas posibilidades para disfrutar el concierto. Algo que se debe resaltar, es la cordial invitación de Daza hacia los oyentes para dirigir su atención a lo largo del concierto sobre elementos concretos; sugerencias para apreciar la conversación entre el piano y el violín en Mozart, o hacia los contrastes expresivos en la obra de Weinberg, entre otras sugerencias, le permitió al público generar lazos de cercanía con cada una de las obras del programa.

Ya en el concierto, la audiencia se encontró con un repertorio tan variado como cautivador. La primera obra en el programa fue la Sonata en mi menor K. 304 de Mozart; composición de una profundidad expresiva inescrutable. La interpretación de las obras de cámara de Mozart siempre será un reto, tanto desde el aspecto técnico como desde el aspecto expresivo; la transparencia y precisión que este tipo de repertorio les exige a los artistas los deja completamente expuestos frente a un desafío que, adicionalmente, implica tomar unas decisiones narrativas complejas. Particularmente, en el caso de la Sonata K. 304, son estas decisiones narrativas las que permiten a los intérpretes desarrollar una entretejida trama dramática a través de las más auténticas interacciones camerísticas. La interpretación de Maeda se caracterizó por una sobria profundidad expresiva que resonaba activamente con cada intervención de Francuz al piano. A lo largo de toda la obra, Maeda mantuvo una afinación impecable y su manejo del arco fue igualmente impresionante; como es bien sabido, el control del arco en los instrumentos de cuerda frotada es determinante para que el artista logre proyectar su propia voz desde el instrumento de manera auténtica. Desde este punto de vista, Maeda mantuvo un color de sonido muy consistente, con una proyección ejemplarmente sólida, al tiempo que lograba enriquecer su timbre personal con articulaciones brillantes y muy bien definidas que variaban de acuerdo a las necesidades expresivas del repertorio.

Esa misma riqueza en el color del sonido al servicio del contenido expresivo fue uno de los elementos más deslumbrantes en la siguiente obra del programa; la Fantasía sobre temas de “Fausto” Op. 20 de Wieniawski. Durante el siglo XIX la popularidad de las óperas garantizaba que el público reconociera el material temático empleado en la mayoría de estas paráfrasis virtuosas, haciendo que la pirotecnia instrumental se convirtiera en un vehículo de fascinación para redescubrir aquellas melodías que se mantenían vivas en la memoria colectiva. Si bien en la actualidad, en gran parte de la audiencia se ha perdido la posibilidad de reconocer en muchos casos los materiales provenientes de las óperas originales, el despliegue virtuosístico requerido por estos repertorios siguen atrapando al público con un encanto casi sobrenatural. En la interpretación de Maeda, sus capacidades técnicas sobrepasan cualquier limitación, y aunque esto podría decirse de una gran cantidad de jóvenes virtuosos, el elemento que aportaba Maeda a su interpretación fue una exuberancia dramática para desarrollar cada motivo musical con vehemencia.

En la última obra del programa, la Sonata op. 53 de Weinberg, el ensamble entre Maeda y Francuz, logró mantener ese mismo hilo dramático sostenido por la intensidad y madurez expresiva que fue característico en la primera mitad del recital. La obra de Weinber, es, en general, injustamente desconocida y rara vez visita los programas de las salas de concierto; en parte por la intensa profundidad del contenido musical que se desenvuelve en movimientos notablemente prolongados. La inclusión de esta obra en el programa fue realmente un acierto muy enriquecedor; el recital en su integridad logró mantener un balance entre la fascinación que genera el virtuosismo instrumental y la mística expresividad musical que permiten recorrer los más intrincados y profundos rincones del espíritu de los compositores. Fue en su totalidad un encuentro maravilloso que con seguridad ha dejado las puertas abiertas para retornar a nuestras audiencias por muchos años.

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Concierto Hina Maeda (Japón) y Michał Francuz (Polonia) en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, Bogotá. 2023.