‘El cuerpo es la forma del arte’ fue el mensaje que pienso nos dejó el concierto que ofrecieron Édmar Castañeda y Grégoire Maret con su singular dúo de arpa llanera y armónica. La cultura occidental considera tres formas de abordar el problema del cuerpo en el arte (y en la música). La primera de estas visiones considera al cuerpo como un conjunto de sistemas capaces de ser entrenados para lograr su máxima eficiencia. En esta visión pondera más lo técnico sobre lo estético o lo emocional, de ahí que se hable de ‘técnica instrumental’ y de ‘técnica de composición’. Una segunda visión considera más importante la idea y la teoría que la soporta, sobre las otras dos. La tercera ve al arte como acto puro que se revela frente a la aridez intelectual de la anterior, reclamando espacio para la experimentación y la improvisación. Sin embargo, las tres visiones reducen el papel del cuerpo al de herramienta o soporte.

Creo que la propuesta musical del dúo Castañeda - Maret va en dirección de lograr un punto medio entre las tres visiones mencionadas, que fue la clave de un concierto exitoso. A primera vista, no tuvimos en el escenario más que dos músicos cuyos roles están definidos por la naturaleza de sus instrumentos. De ellos se esperaba que hubiera un alto grado de virtuosismo en lo técnico y en la improvisación, a través de dos instrumentos que rara vez escuchamos juntos, pero que podemos imaginar su resultado sonoro con algo de imaginación. Pero debemos ir más allá de esta primera vista, para comprender el arte detrás del concierto.

Empiezo por la creatividad del arpista Édmar Castañeda. Es cierto que él es intérprete del arpa llanera, pero no la usa específicamente para tocar música llanera ni tampoco jazz. Su arpa es medio de expresión que, partiendo de las bases técnicas del instrumento, lo ha llevado a una exploración de un sonido propio que involucra diversas formas de tocar, así como la inclusión de una caja de efectos que perfecciona un ideal de sonido que se nutre de diversas influencias. Esto fue evidente en For Jaco, obra en la que Castañeda muestra cómo asimiló el sonido del bajo eléctrico en el arpa, a través de la música de Jaco Pastorious. Pero esta asimilación ya es lenguaje en Castañeda, porque esa construcción de sonido también estuvo en obras como No Fear y Santa morena. Creo que si después del concierto nos dejaran escuchar grabaciones de varios arpistas podríamos reconocer a Édmar con facilidad, por las cualidades descritas anteriormente.

Esta construcción de sonido es más difícil de reconocer en el armonista Grégoire Maret, porque es más difícil alterar el timbre de un instrumento de fábrica. También es difícil apreciar ciertos aspectos técnicos porque el instrumento queda totalmente cubierto por el cuerpo del intérprete. Lo paradójico es que este ocultamiento revela cómo todo su cuerpo participa en el acto de tocar e interpretar. A Grégoire lo vimos empinado, agachado, parado y brincando durante las improvisaciones de For Jaco, Acts y Santa morena. Asimismo, la construcción de su sonido se apoyó en la preparación de dos canales que tenían diferentes efectos de reverberación y control de agudos.

Lo anterior revela el importante papel cumplido por la ingeniera de sonido en lograr dar el punto de mezcla perfecto de los instrumentos y sus efectos en la Sala de Conciertos, tal como lo escuchamos en Acts, donde la profundidad dada a la armónica ayudó a reforzar el carácter intimista de la obra musical.

La interacción entre Édmar y Grégoire fue la misma que puede haber en cualquier dúo. Escuchamos varios pasajes al unísono en No Fear, Libertango, Our Spanish Love Song y Santa Morena; también hubo largos pasajes de improvisación en Hope y Acts como también de improvisación a duelo, donde ambos intérpretes se retaron mutuamente, especialmente en Santa morena, donde Édmar exhibió algunos ‘golpes’ del arpa llanera dentro de su improvisación.

Pero más allá de lo que podemos conocer por los actos externos corporales, las composiciones del dúo revelan un profundo sentido espiritual cristiano. Los títulos de sus obras refieren a constantes del pensamiento cristiano como el combatir el miedo (No Fear), mantener la esperanza (Hope) y perseverar en la fe (Acts, cuyo nombre es cita del libro bíblico ‘Hechos de los Apóstoles’). Aquí podríamos entrar en una dimensión distinta de cuerpo, porque nuestras emociones y pensamientos se revelan a través de este. De esta forma el cuerpo es también vehículo y canal que nos permite humanizar las tres visiones con las que empecé esta reseña.

‘El cuerpo es forma del arte’ porque sin este no existe, no hay canal ni vehículo para la expresión de pensamientos y emociones de forma sensible y abstracta. Esta es la receta del éxito de un concierto admirable por la complejidad musical expresada en una puesta en escena sencilla. Ojalá podamos volver a disfrutar de ellos en otro concierto.

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Concierto Édmar Castañeda, en la Sala de Conciertos BLAA.