Después de una ambiciosa y productiva jornada de apertura para la Temporada de Conciertos 2023 con los artistas de Bang on a Can, cada una de las series de conciertos del Banco de la República han iniciado sus respectivas actividades con propuestas igualmente extraordinarias. La serie profesional de conciertos continuó con el ensamble del flautista Cristian Guerrero y la pianista Beatriz Batista, quienes ofrecieron una fascinante aproximación hacia la música de cámara a través de una selección de obras originales y adaptaciones para este ensamble; fue un concierto muy bien balanceado donde cada composición cobraba vida para llevar a la audiencia por un hilo narrativo que los artistas identificaron como “Danza y Acuarela”.

Desde mi punto de vista, la selección del repertorio fue uno de los elementos más llamativos de este programa. Si bien el repertorio de concierto para flauta sola, o para el ensamble de flauta y piano, es prácticamente inagotable, y paradójicamente se caracteriza por la repetida programación de obras que serían consideradas casi que obligadas para todos los artistas, el dúo de Guerrero y Batista presentó una propuesta novedosa, coherentemente fluida y llena de contrastes sonoros. La primera obra del programa fue la Sonata para flauta y piano H. 306 Bohuslav Martinů; un compositor que a pesar de su lenguaje exuberante y cosmopolita, no es incluido tantas veces en los programas de concierto como merecería. Esta sonata es realmente una magnífica obra del repertorio camerístico donde cada instrumento logra brillar con pasajes muy exigentes técnicamente que se entrelazan con sofisticada maestría. La interpretación de Batista al piano fue asimismo, impecablemente sofisticada y comprometidamente expresiva; los primeros compases de la sonata otorgan al piano un papel protagónico excepcional y Batista logró desarrollar cada momento con fascinante elocuencia. Una vez Guerrero entró en escena, con una calidad de sonido igualmente encantadora, fue evidente que la audiencia se embarcaría en un recorrido lleno de momentos intensamente expresivos y cuidadosamente dispuestos.

A lo largo del programa, como se acostumbra muchísimo en los conciertos para instrumentos de viento, la influencia de la música francesa fue bastante acentuada. Sin embargo, esta tendencia fue enriquecida por aproximaciones muy novedosas. Después de Martinů, se presentaron tres obras de Claude Debussy; dos cerraron la primera parte del concierto y una tercera obra abrió la segunda parte después del intermedio. Cada obra de Debussy fue un universo sonoro completamente diverso y en ningún momento el concierto sucumbió ante cualquier monótono acartonamiento que podría haberse generado; si bien Martinů es uno de los compositores menos incluidos en los programas de concierto, Debussy es con mucha seguridad uno de los compositores más programados en conciertos para este tipo de ensambles. En respuesta a esta aparente objeción, Guerrero y Batista mostraron como Debussy ofrece una inagotable paleta de colores sonoros para generar momentos de gran riqueza expresiva.  

La primera obra de Debussy fue un arreglo para flauta y piano del Preludio a la siesta de un fauno. Aunque la versión original de esta obra es un estandarte del repertorio orquestal, donde la flauta rescata su tradicional sonoridad mítica, el arreglo para flauta y piano no adolece de ninguna falta de misticismo. Por el contrario, el ensamble entre Guerrero y Batista, logró generar momentos de especial intimidad encausados por corrientes de mágicos relieves sonoros. Manteniendo el mismo hilo narrador, enriquecido con las asociaciones míticas en torno a la flauta, la primera parte del concierto cerró con Syrinx, para flauta sola. La interpretación de Guerrero se caracterizó por un impresionante control del sonido, permitiendo que la flauta mantuviera una proyección completamente libre y flexible; fue un momento lleno fantasía interpretativa y certeza técnica.

La última obra del programa, fue también una inesperada y grata sorpresa. Quince arreglos de danzas y canciones populares de Bartok, originales para piano solo, abrieron la oportunidad para que el público se dejara conducir por un sendero lleno momentos insospechados; muchas veces si el programa incluye obras con tantos movimientos (como en este caso), el oyente no tiene manera de anticipar lo que el discurso tiene preparado, en especial si se pierde la cuenta de las partes o se desconoce en realidad cada una de las piezas. En este caso, de la manera más amablemente confiada, la audiencia solo pudo dejarse llevar por la generosa rendición de los artistas, seguros que sus guías en este recorrido desconocido los conducirán por pasajes (y paisajes) maravillosos. Este viaje sonoro lleno de “Danza y Acuarela” no pudo haber sido más placentero y enriquecedor para la audiencia; sin duda alguna es la continuación de una imperdible temporada de conciertos.

Imagen principal Media
Concierto de Cristian Guerrero (Colombia) flauta, y Beatriz Batista (Cuba) piano, en la Sala de Conciertos BLAA.