Hace treinta y cinco años, los compositores Michael Gordon, David Lang y Julia Wolfe iniciaron una travesía personal y artística que llevó a la consolidación de sus carreras, a través de su proyecto 'Bang of a Can All-Stars'. Parece insensato iniciar un viaje sin la certeza de saber a dónde se quiere llegar, pero encontrar el destino en el propio caminar ha sido la impronta de personas intrépidas, sin las cuales, el hombre pierde la oportunidad de soñar en otros mundos posibles. Mundos que descubrimos en los conciertos de apertura a la Temporada Nacional de Conciertos del Banco de la República los días 22 y 23 de febrero, en la Sala de Conciertos.
Este viaje se hizo de la mano de Ken Thomson, Arlen Hlusko, Mark Stewart, Robert Black, David Cossin y Vicky Chow, integrantes de Bang on a Can All-Stars. Cada concierto tuvo su propuesta particular. En el primero, el repertorio fue dividido en dos partes; en la primera, escuchamos obras de Lang, Gordon y Wolfe, y en la segunda, obras de Steve Reich, George Lewis, Meredith Monk y Philip Glass. En el segundo, se presentó Road Trip una composición colectiva de Lang, Gordon y Wolfe, que celebra tanto su amistad como el continuar «compartiendo el viaje».
Al ingresar a la Sala nos encontramos con la predisposición de los instrumentos en el escenario; su número fue tal, que dio la impresión de que ni los músicos cabrían en la escena. Sin embargo, esta sensación se disolvió de inmediato cuando los intérpretes ingresaron, dando así sentido a la puesta en escena. El recibimiento por parte del público en ambos conciertos fue caluroso y la asistencia numerosa, al punto que Mark Stewart ofreció, al final del concierto del jueves, un sentido 'gracias' por tan cálida acogida.
Una característica evidente de este ensamble es lo compacto de su sonido. Con esto quiero decir, que es evidente el arduo trabajo de cámara que hay entre los músicos y de ellos con su ingeniero de sonido, que sin duda es un intérprete más. La sensación que se tiene al escucharlos en vivo es similar a la que se tiene en un estudio de grabación. Aunque las obras tienen altos puntos de saturación sonora, ninguno de estos superó la tolerancia de la Sala de Conciertos, de modo que fue muy agradable la escucha. Asimismo, la experiencia de cada concierto fue distinta en razón del repertorio y de lo que quisieron transmitir compositores e intérpretes. En ese sentido, el primer concierto fue un recorrido por las estéticas musicales norteamericanas de las últimas décadas del pasado siglo, a partir del minimalismo. Sin embargo, esta estética se ve permeada por la influencia de otros tipos de música como el rock (psicodélico y progresivo), el pop, el funk y la música procesual, principalmente.
Quiero destacar del primer concierto, la originalidad y excelente factura de las obras Spaceship de Meredith Monk y Believing de Julia Wolf. De igual forma, la impecable versión de Electric Counterpoint de Steve Reich, en manos del guitarrista Mark Stewart, quien la interpretó con la misma reverencia que estamos acostumbrados a ver en intérpretes de Chopin o Rachmaninov. Su conciencia histórica sobre la importancia e influencia de la cultura norteamericana estuvieron presentes de buen grado. Las obras Cheating Lying Stealing de David Lang, I Buried Paul de Michael Gordon, rindieron homenaje a la música de Philip Glass, de quien escuchamos Closing, movimiento que pertenece a la obra Glassworks. Sin embargo, Lang, Gordon y Wolfe reconocen en compositores como Reich y Glass a maestros que influyeron mucho en sus carreras, sin ocultar en sus obras la influencia de otros importantes compositores como John Lennon. No obstante, es discutible la inclusión de float, sting de George Lewis porque marcó una amplia diferencia estética con las demás obras del concierto. Es claro que esto es intencional, pero este cambio abrupto no fue bien recibido por toda la audiencia. .
En lo personal, tuve una sensación similar con Under the Stars, séptima pieza que integra Road Trip. Me pareció superficial la inclusión de los ukeleles, en tanto que su 'exotismo' ha sido sobreexplotado hasta hoy. En cambio, me pareció una exquisitez We are Driving por el contraste entre la sencillez de su planteamiento y la profundidad del hecho evocado. En general, Road Trip es una obra que mantiene su unidad narrativa, pese a que su composición fue realizada por tres compositores con intereses y estilos particulares, no obstante, considero un acierto que el reconocimiento de la autoría individual se hizo irrelevante mientas la obra era interpretada.
La numerosa asistencia y respuesta activa del público a este primer concierto demuestra, que Bogotá sigue siendo una plaza importante para la programación de música contemporánea, sin importar la tendencia estética con la cual se pueda identificar a los intérpretes. Es evidente pues, que el éxito de ambos conciertos convoca al público general a seguir de cerca los conciertos de esta temporada.