El jueves 15 de septiembre se presentó, como parte de la Serie de los Jóvenes Intérpretes del Banco de la República, el Trío Bellavista; un ensamble descrito en su propia reseña artística como «contundente, fresco y joven», con una propuesta instrumental poco convencional. En realidad, es una descripción algo modesta para este proyecto artístico que generó desde el primer momento una muy grata impresión, despertando un interés fascinante sobre la audiencia.
Debo confesar que he tenido ciertas reservas frente a las propuestas que han hecho parte de la Serie de los Jóvenes Intérpretes, cuando se trata de música colombiana; en varios casos la rendición de este tipo de repertorio podría resultar en el ‘requisito por cubrir en el programa’, pero que no recibiría el mismo tipo de atención o interés por parte de los artistas o de los profesores que los han acompañado en su preparación. Afortunadamente, para esta ocasión, yo no podría estar más equivocado con mi prevención; ahora veo con admiración que las nuevas generaciones han encontrado un punto de convergencia en sus búsquedas artísticas para desarrollar con igual seriedad y creatividad un repertorio que permite redescubrir un legado cultural, al tiempo que encuentra procesos renovados de expresión artística con profunda sofisticación.
Hay muchos elementos positivos por destacar de este concierto que tuvo lugar en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, en Bogotá. Inicialmente, la afluencia y diversidad del público; este concierto ha sido, quizás, de los que mayor público ha convocado este año la Serie de los Jóvenes Intérpretes. Asimismo, fue interesante ver llegar familias completas para acompañar a los artistas; muchos padres asistieron al concierto con sus hijos y amigos. El ambiente de la Sala era notoriamente jovial; el concierto celebraba un reconocimiento artístico por medio de la música colombiana. Esta emoción se prolongó a lo largo del concierto y con seguridad estableció un vínculo muy cálido con los artistas.
Igualmente, diverso fue el repertorio presentado por el ensamble. A través de casi una quincena de obras, el público fue llevado en un recorrido musical por interesantes y contrastantes aproximaciones a la tradición musical colombiana. En la selección de obras, el ensamble incluyó compositores de inicios del siglo pasado como Jorge Olaya y Milciades Garavito quienes, de acuerdo con las notas de Manuel Bernal, podrían ser los iniciadores del género del bambuco fiestero; también se incluyeron obras de Luis Antonio Calvo y Francisco Cristancho Camargo, quienes han sido recurrentemente recordados en los programas de concierto. El Trío Bellavista incluyó también obras de ‘Lucas’ Saboya, Germán Darío Pérez, Carlos Augusto Guzmán, Paulo Andrés Olarte y John Jairo Claro quienes han mantenido una actividad encomiable como compositores y arreglistas en varios géneros y contextos permitiendo redescubrir nuevas posibilidades de apropiación de las músicas tradicionales colombianas. Finalmente, una mención especial debe hacerse a Francisco ‘Pacho’ Casas y Jhon Montenegro, quienes además de haber consolidado sus propuestas artísticas como compositores conjugando una aproximación desde la música académica hacia diversas tradiciones musicales, fueron los mentores y profesores del Trío Bellavista. El programa en su totalidad fue una celebración y reconocimiento de una tradición musical que cobra vida a través de un espectro artístico exuberante y lleno de posibilidades.
Haciendo honor a este reconocimiento, la interpretación del Trío Bellavista fue gratamente impresionante. El nivel de comunicación musical entre los miembros del ensamble fue envidiable y con muchísima precisión lograron desarrollar una propuesta bastante retadora. Cada obra presentó un discurso auténtico y con un lenguaje camerístico caracterizado por la atención al detalle, que permitió a los músicos lograr mostrar un nivel de interpretación musical muy superior a cualquier expectativa. Particularmente interesante fue el ensamble rítmico entre ellos; con claridad y seguridad lograron entretejer una conexión de motivos musicales que desembocaba en una sonoridad completamente renovadora. Asimismo, esta sonoridad lograba desarrollarse de forma orgánica para sorprender al público con interesantes contrastes en las dinámicas e intercambios en protagonismo melódico.
Con seguridad este ensamble consolidará su presencia en el escenario con mayor propiedad. A manera de recomendación para los artistas debo anotar que la proyección histriónica de un artista puede cautivar o alejar al público. En realidad, era evidente que la audiencia estaba del lado de los artistas celebrando y disfrutando cada momento, pero al mismo tiempo lapsos prolongados de silencio permitían percibir cierto nivel de tensión por parte de los artistas; en muchos casos la interacción con la audiencia es una herramienta para estrechar los vínculos filiales desde el escenario y relajar esa presión.