A lo largo de los siglos, innumerables culturas han forjado todo tipo de asociaciones expresivas empleando diversos tipos de instrumentos de viento; el longevo desarrollo de estos instrumentos hasta la flauta de hoy en día nos conecta con una profundidad emocional que parece estar sembrada en nuestro inconsciente. El pasado jueves 25 de agosto el flautista colombiano Santiago Acosta ofreció un recital, acompañado por Diego Claros en el piano, en el marco de la Serie de los Jóvenes Intérpretes. La propuesta de este programa se caracterizó por la profundidad expresiva que los artistas lograron compartir con el público.

El concierto inició con la Grande fantaisie sur Mignon, una pieza para flauta y piano sobre temas de la ópera Mignon’, de Paul Taffanel; en casi todos los instrumentos que buscaron brillar sobre el escenario durante el siglo XIX, las fantasías operáticas se coronaron como obras obligadas del repertorio para sorprender y cautivar audiencias con una mezcla de virtuosismo y expresividad. Para las audiencias de entonces uno de los elementos más llamativos de este tipo de repertorio era la posibilidad de reconocer diversos momentos de las óperas que gozaban de gran popularidad; para las audiencias actuales, este punto de referencia se ha perdido en la medida que ya no mantenemos un contacto con aquellas óperas a partir de las cuales se desenvolvían temáticamente estas composiciones. En la actualidad este tipo de repertorio corre el riesgo de llevar a las audiencias por áridos recorridos de exploración técnica y pirotecnia tímbrica.

La propuesta de Santiago Acosta y Diego Claros para afrontar este riesgo fue brillantemente desarrollada. A medida que la obra avanzaba, el ensamble llevó a la audiencia por diversos contrastes dramáticos y expresivos. Mientras que el piano desarrollaba sonoridades de gran exuberancia orquestal, el flautista evocaba momentos de gran fluidez vocal.  La obra estaba marcada por el despliegue virtuosístico, pero en todo momento prevaleció la expresiva y refinada comunicación entre los músicos.

Posteriormente, con East Wind, una obra para flauta sola de la compositora israelí Shulamit Ran, Santiago nos llevó por un recorrido que conectaba sonoridades ancestrales con las expresiones sonoras más vanguardistas de nuestra era. Una composición increíble que explora serpenteantemente una gama de recursos instrumentales muy interesantes. La rendición ofrecida por el solista fue magnífica, cargada de llamativos contrastes tímbricos controlados por una fluida línea expresiva. Antes del intermedio, la primera parte del concierto cerró con la Sonata para flauta y piano de Francis Poulenc. En sus tres movimientos, el trabajo camerístico entre Santiago y Diego fue encomiable; la obra alternaba diferentes atmósferas de intrincada actividad rítmica con secciones de una transparencia melódica impresionante. Particularmente en esta obra, Santiago logró proyectar un sonido bastante cálido con un fraseo certero que evidenciaba una madurez musical ejemplar.

La segunda parte del programa inició con un arreglo para flauta y piano de Adiós a Bogotá, una pieza de Luis Antonio Calvo; esta danza original para piano ha mantenido un encanto especial cada vez que retorna a las salas de conciertos. La sonoridad melancólica de la melodía, que se desenvuelve sobre la nostálgica evocación de una Bogotá de antaño, llevó a la audiencia a estado de contemplación verdaderamente encantador; la interpretación fue muy cuidadosa manteniendo cada detalle musical con delicadeza y genuina expresividad. El programa cerró con la Sonata en re mayor, Op. 94 de Sergei Prokofiev, un verdadero tour de force a través de una filigrana de recursos expresivos bastante exigentes tanto para el piano como para la flauta. La sonoridad de ambos instrumentos se mezclaba en una gama de combinaciones tímbricas y articulaciones que mantuvieron un discurso musical en constante renovación, lo cual es muy retador en una obra que se extiende por más de veinte minutos; un reto artístico resuelto con sofisticada maestría y carismática entrega al mensaje musical del compositor.

 Por momentos se percibía que la flauta no proyectaba con suficiente estabilidad, especialmente en el registro bajo; en otros momentos la afinación parecía algo extraña. Lamentablemente, a su retorno a Colombia Santiago Acosta sufrió un accidente irreparable con su instrumento; tan solo pocas horas antes del concierto tuvo acceso a una flauta prestada. Si bien parecería una crítica a algunos detalles técnicos de la interpretación, este comentario de cierre es realmente una exaltación de la resiliencia con la que Santiago enfrentó un reto ingratamente inesperado; la valentía y entereza artística para entregar una interpretación tan carismática y expresiva delatan un potencial enorme que sin duda alguna es ejemplo para muchos y le permitirá a Santiago Acosta continuar labrando una carrera llena de éxitos.

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Concierto del flautista Santiago Acosta (Colombia) - Temporada Nacional de Conciertos 2022