Desde su creación, el saxofón ha sido un símbolo de la modernidad integrada a las artes. La versatilidad de este instrumento le permitió apropiarse de diversos terrenos, pasando por diferentes géneros musicales, gracias a sus encantos tímbricos y amplias posibilidades técnicas. Si bien en muchos escenarios, algunos más comerciales que otros, explotan hasta el cansancio la sensualidad de las cualidades melódicas de este instrumento, el saxofón ofrece una gama ilimitada de recursos sonoros. Recursos que, aprovechados por grandes artistas, permiten explorar estéticas de una riqueza fascinante.

El pasado jueves 11 de agosto, el saxofonista Juan Camilo Trujillo junto con el pianista Diego Claros, se presentaron en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango en el marco de la Serie de los Jóvenes Intérpretes. Este concierto también se presentó en las salas del Banco de la República de Ipiales y Leticia los días 9 y 12 de agosto respectivamente. El repertorio propuesto por Juan Camilo Trujillo invitó a la audiencia a explorar las maravillas sonoras creadas por cuatro compositores que aprovecharon de manera fantástica las virtualmente ilimitadas capacidades del saxofón. La selección de las obras para este concierto fue un gran acierto; fueron obras de una dificultad técnica e interpretativa bastante marcada, pero que evidenciaron la templanza artística tanto del saxofonista como del pianista. Con cada composición los intérpretes lograron transportar al público por espacios de una fantástica exuberancia sonora; cada obra fue una propuesta estética muy diferente y permitieron construir un recorrido lleno de contrastes que fluían orgánicamente a lo largo de todo el concierto.

La primera obra del programa, la sonata compuesta en 1984 por William Albright, inició este recorrido sonoro por medio de cuatro movimientos donde convergían muchísimas influencias y estilos de composición. Algo notable de esta interpretación fue la manera como desde el piano y el saxofón se crearon diversas combinaciones tímbricas que fueron llenando la Sala progresivamente; una sensación muy cercana a la música espectral donde la manipulación constante del timbre transforma el espacio sonoro hasta límites de introspección mística. Fue una interpretación increíble donde Diego Claros desde el piano logró mantener diversas terrazas sonoras caracterizadas por timbres cambiantes, al tiempo que el saxofón se entrelazaba con mucha delicadeza para crear momentos de intensa expresividad.

La segunda obra del programa fue Gualajo, obra en un solo movimiento para saxofón alto solo, compuesta en el presente año por el talentoso Omer Rueda, quien además de ser compositor también sobresale como saxofonista, pedagogo y arreglista. Como señala Guillermo Gaviria en sus elocuentes notas al programa, el legado de José Antonio Torres Solís ‘Gualajo’ ha sido determinante en el desarrollo de la música para marimba y el reconocimiento de las tradiciones musicales del Pacífico colombiano. En su obra Gualajo, Omer Rueda propone un recorrido fantástico: un viaje por la riqueza musical del Pacífico donde el saxofón emula los diversos patrones rítmicos de una marimba ancestral sobre la cual parece surgir toda una cultura vibrante que se acerca y se aleja del oyente a medida que transcurre la obra.

La composición de Rueda es una propuesta absolutamente genial, aprovecha una gran gama de recursos técnicos del saxofón, exigiendo del intérprete no solo un dominio impecable de su instrumento, sino también una madurez musical muy desarrollada. La interpretación de Juan Camilo Trujillo fue ejemplar y logró dar vida a una obra llena de recursos técnicos y narrativas musicales alucinantes. Espero que Gualajo tenga un vuelo muy prolongado y en el futuro sea programada con mayor frecuencia; indudablemente es una propuesta musical brillante y novedosa que merece ser difundida ampliamente.

Luego de un breve intermedio, el programa continuó con otra obra para saxofón solo cuya temática continuaba el mismo hilo narrativo de la composición de Omer Rueda. En Jungle, del francés Christian Lauba, el solista debe mantener una atmósfera sonora constante mediante acentos y efectos percusivos; la superposición de patrones rítmicos permite el desarrollo orgánico de un discurso donde diversas terrazas dinámicas dibujan un paisaje sonoro inquietante y lleno de vida. Esta obra fue compuesta para Jean-Marie Londeix, profesor del Conservatoire de Bordeaux en Francia; precisamente en este conservatorio Juan Camilo Trujillo estudió saxofón, bajo la orientación de una alumna de Londeix. La interpretación de Trujillo refleja una reflexión musical generada desde la fuente misma donde la obra fue gestada; una propuesta musical genuina y auténtica.

La obra final del concierto fue la sonata para saxofón y piano Fuzzy Bird, de Takashi Yoshimatsu. La composición es un desafío a los esquemas tradicionales de composición que resulta en una mezcla de estilos y la búsqueda de combinaciones tímbricas novedosas. El ensamble generado por Trujillo y Claros logró proyectar momentos de profunda expresividad musical; en realidad ambos artistas lograron aprovechar al máximo el potencial interpretativo que la sonata ofrece. El programa en su totalidad fue la invitación para compartir con el público una experiencia artística auténticamente genial; con seguridad Juan Camilo Trujillo seguirá desarrollando una carrera musical increíble que espero podamos celebrar desde nuestra Sala de Conciertos por los años venideros.

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Concierto del saxofonista  Juan Camilo Trujillo (Colombia) - Temporada Nacional de Conciertos 2022