Sobre dieciocho artistas cayó la responsabilidad de darle vida a las ocho obras que integraron el programa del concierto retrospectivo del compositor colombo-catalán Moisès Bertran, incluyendo la participación de las reconocidas agrupaciones Q-Arte y La Sociedad. A pesar de la intensa lluvia de octubre el público asistió tanto a la entrevista previa como al concierto —que empezó un poco más tarde para dar tiempo de llegar a las personas que luchaban a esa hora contra el tráfico—.

Sospeché, al ver el orden del programa, que se iban a tener largos espacios entre las obras, corriéndose el riesgo de perder la tensión del concierto por el tiempo que se gastaría en preparar la escena para la siguiente obra; para fortuna nuestra, tales cambios se hicieron a la mayor brevedad y con precisión. Tal como reconoció Moisès en la entrevista, el orden del programa estuvo pensado más en el disfrute de la variedad tímbrica de las obras que sobre la practicidad de organizarlo sobre los cambios escénicos, criterio que fue arriesgado y acertado. En un vistazo general, el concierto fue un recorrido diverso que confluyó hacia el estreno mundial de la breve obra para piano Uri egi’s Lullaby, a la que siguió el ciclo de canciones Sobre fábulas y verdades, que por su carácter jovial e histriónico —pues los intérpretes y el propio compositor intervinieron con diálogos— funcionó como epílogo.

En la entrevista tuve la oportunidad de conocer de primera mano la opinión de Moisès sobre su concierto y, luego de terminado el evento, también pude contar con la opinión de los asistentes y los músicos que participaron en este montaje; esto me dio una visión mucho más amplia de la que solemos tener quienes hacemos este ejercicio de reseñar los conciertos ofrecidos por el Banco de la República en la Sala de Conciertos.

Dentro del universo de miniaturas sobresalieron las obras para cuerdas La quinta estación y Toi, tu es mon pays, primero por ser las dos únicas obras de largo aliento del programa, pues fueron escritas en un solo movimiento, y segundo, por su contenido estético. La quinta estación contiene algunas breves citas a los conciertos para violín y orquesta de Vivaldi Las cuatro estaciones, sin que las mismas puedan considerarse una paráfrasis, apenas son alusiones dentro de un discurso personal caracterizado por una fuerte melodía perenne. Un carácter más incisivo caracterizó al cuarteto de cuerda Toi, tu es mon pays, donde la repetición obsesiva de las secciones recuerda la sensación que se tiene al ingresar a un castillo de espejos, donde nuestra imagen se multiplica en múltiples direcciones. Como le comenté al compositor, «(…) su melodía no tiene otra opción para desarrollarse que volver a sí misma».

Por el contrario, la austeridad y la desnudez estuvieron presentes en Miniaturas para Gaudí, un singular dueto para flauta y guitarra que, de alguna forma, presagió la incursión posterior de Moisès en la música coreana. Esta es una obra que crea una sensación de ingravidez, pues no hay puntos de reposo ni relieves o acentos que alteren su fluidez, característica que resaltó dentro del conjunto de piezas seleccionado, donde la repetición de secciones y motivos fue una constante.

Las obras Silbatos, flautas y ocarinas y Suite para quinteto de viento fueron el mayor aporte de riqueza tímbrica gracias a la conformación de los conjuntos: ensamble pierrot con percusión y quinteto de vientos. Tampoco fue casual que ambas obras ocuparan el segundo lugar en las dos partes del concierto. En ambas pudimos acercarnos más al lenguaje orquestal de Moisès, al tipo de combinaciones tímbricas que le gustan y sus posibles influencias musicales. Silbatos, flautas y ocarinas es una obra cuya sonoridad recuerda la música de cine de la década de 1970, representada por grandes compositores como Nino Rota y Ennio Morricone. Asimismo, la Suite para quinteto de viento tiene momentos que se asemejan a la música de Kurt Weill y Sergei Prokofiev. De esta Suite destaco la singular belleza de la Marcha —su último movimiento—, que merecería ser una obra independiente y, por ende, mucho más larga.

Quedan así las piezas para piano solo A Tribute to James y Uri egi’s Lullaby a cargo del pianista ruso Simón Vlásov. Para el intérprete, A Tribute to James fue la pieza de mayor exigencia debido a los múltiples carácteres que hay en ella, pues lo escrito para la mano derecha poco tiene que ver con lo de la izquierda; mientras que Uri egi’s Lullaby es una obra con un lenguaje pianístico por planos sonoros al cual están acostumbrados los pianistas clásicos. Encontrar en estas obras una relación indirecta con la vida y la muerte fue un contraste que llamó la atención de los asistentes, que las apreciaron como un todo pese a que son en realidad dos piezas escritas en momentos diferentes.

La supervisión del montaje de Luis Guillermo Vicaría y Moisès Bertrán, así como la interpretación de cada obra, dieron como resultado un concierto bien apreciado por el público, que espera anualmente esta importante cita con nuestros mejores compositores.

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Concierto La música de Moisès Bertran (España/Colombia) - Temporada Nacional de Conciertos 2022