Un nutrido grupo de músicos se dio cita para acompañar al joven saxofonista Santiago Prada. Desde la antesala se sintió un ambiente de camaradería y familiaridad que se mantuvo hasta el final del concierto, pues Santiago, nos estaba esperando allí una vez finalizó su concierto. En líneas generales puedo decir que uno se puede topar con dos tipos de solistas: los que vuelcan la atención del público sobre sí mismos, y los que permiten una contemplación de su arte, dejándose perder en escena. En mi opinión, Santiago Prada hizo exactamente esto, desaparecer ante nuestros ojos para deleitarnos con su forma de hacer música.

Buena parte del truco se le debe a una buena selección y organización del repertorio, que tuvo como hilo conductor la idea de mostrar las diferentes facetas del saxofón a lo largo de su historia, desde la emblemática Fantasía para saxofón y piano, Op. 32 de Jules Demersseman —una de las primeras escritas para el instrumento—, hasta la Primera suite latinoamericana para saxofón alto, saxofón soprano y piano del reconocido maestro colombiano Luis Eduardo Aguilar. Otra característica común al repertorio está en su estética neoclásica con una fuerte presencia del musical y del jazz norteamericanos en la Sonata para saxofón y piano, Op. 29 de Robert Muczynski, como en Hot - Sonata de Erwin Schulhoff. Del mismo modo, dos piezas neoclásicas inspiradas en la música latinoamericana del Caribe fueron dispuestas para cerrar las dos partes en las que se dividió el concierto: escuchamos el Tema con variaciones y fuga de Andrés Alén Rodríguez y, como cierre del concierto, la ya citada Suite de Luis Eduardo Aguilar. Santiago fue acompañado al piano por Diego Claros, reconocido intérprete que hace una extraordinaria labor acompañando y asesorando musicalmente a los jóvenes que hacen parte de esta serie.

La música nos fue entregada para reconocer las habilidades técnicas de Santiago con la interpretación de la obra de Demersseman, que fue escrita para mostrar las diferentes características del instrumento —entonces en competencia con los de Jean Frédéric Sarrus—, de ahí que esta Fantasía se le puede considerar un morceaux de concierto. Por su parte, la Sonata de Muczynski es testimonio de cómo los compositores venidos de Europa del Este se adaptaron al gusto norteamericano, para crear un híbrido entre el jazz y el expresionismo. Aunque el saxofón es el centro mismo de la obra, hay un diálogo permanente con el piano similar (o igual) a los duetos del musical, incluso hay varios pasajes en unísono que fueron perfectamente ejecutados. Aquí la maestría de Diego Claros fue crucial para avivar todos los elementos escénicos en torno de Santiago, que actuó como protagonista. Esta puesta en escena teatral se mantuvo en el Tema con variaciones y fuga de Rodríguez, que pasó ante nosotros con tal ligereza que los movimientos transcurrieron como escenas en un plano secuencia; vivimos la historia, pero no nos dimos cuenta de cómo.

Después del intermedio, Santiago se tomó un poco más de tiempo para entrar en la música. La línea del concierto se mantuvo en esta segunda parte con la Hot - Sonata de Schulhoff, una pieza claramente reminiscente a Gershwin, pero también a Kurt Weill y Aaron Copland. El carácter obsesivo de repetir una idea fija hace que se piense en un estilo preminimalista proveniente de una sociedad industrializada. Esta repetición obsesivo-compulsiva se rompe en el tercer movimiento, un blues ejemplarmente interpretado en su carácter quejumbroso y sombrío. Aquí cada movimiento es una escena, y eso fue lo que nos brindó Santiago en su interpretación.

Contrastando con las obras para solista, la Primera suite latinoamericana de Aguilar se comporta más como una obra de cámara que incluyó un pequeño set de percusión. Sí, el saxofón es el instrumento melódico en esta suite, pero los roles de acompañamiento que cumplen el piano y la percusión son de tal complejidad que el mecanismo no puede prescindir de estos. Esto se debe a que detrás hay una estructura de contrapunto que compromete a todas las demás. Su belleza radica en un extremo preciosismo que fue comparado por un miembro del público con la obra de Oriol Rangel (que no es pequeño el halago). Esto no es gratuito, porque nuestro compositor es un apasionado de la música tradicional colombiana y un verdadero conocedor de esta. En esta suite hay un perfecto equilibrio entre conocimiento, experiencia e inspiración, al punto que todos los movimientos fueron aplaudidos por los presentes.

Santiago Prada es un intérprete que transmite en escena tranquilidad y seguridad, pero estas no son sus principales cualidades interpretativas. Lo que hace diferente a Santiago de otros intérpretes es su histrionismo, es decir, su capacidad para asumir un personaje para la interpretación de una obra, lo que le facilita hacer su acto de desaparición mientras toca. Esta es una capacidad inusual clave para el desarrollo de su futura carrera.

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Concierto del saxofonista Santiago Prada (Colombia) - Temporada Nacional de Conciertos 2022