El cornista Miller Muñoz entró al escenario para interpretar Solo español del compositor peruano Danque Yenque, quien estaba presente en la Sala. De esta forma se inició el concierto del pasado jueves 14 de octubre, donde además se escucharon Suite colombiana para corno e Inherencia de Daniel Alberto Moreno, Chant lointain de Eugène Bozza, Divertimento de Jean Françaix y Vocalise de Sergei Rachmaninov. De esta selección, Chant lointain y Divertimento son obras de compositores que se dedicaron a componer piezas para instrumentos de viento, algunas de las cuales ya hemos escuchado en la Serie de los Jóvenes Intérpretes. Llama la atención que se incluyeron dos obras del ya mencionado Daniel Alberto Moreno, compositor colombiano a quien también reconocemos por un amplio catálogo de breves piezas y suites nacionalistas para solista y cámara de vientos. De hecho, la Suite colombiana para corno fue compuesta para corno y piano, mientras que Inherencia fue compuesta para ensamble integrado por bugle, corno, tiple, contrabajo y percusión.
En líneas generales, las obras compuestas para corno y piano guardaron semejanza entre sí, en tanto no hubo alternancia de roles entre el corno y el piano, dando prioridad al solista sobre su acompañante. Este estatismo de roles restó interés dramático al concierto, en especial en la primera parte pues no hubo un contraste marcado entre las obras, más allá del otorgado por su misma estética y período histórico. De hecho, la segunda parte fue mejor en este sentido, por la variedad de texturas del Divertimento de Jean Françaix frente al sentido más reposado y lírico de Vocalise de Rachmaninov. Asimismo, escuchamos un mayor rango dinámico en las obras de la segunda parte respecto a la primera, donde primó un sonido potente que puso en riesgo el equilibrio con el piano. Incluso en Vocalise algunos ataques del sonido fueron demasiado fuertes respecto al lirismo que exige una obra inspirada en la música vocal.
Sin embargo, este sonido potente correspondió al carácter de Solo español, donde hay una amplia gama de técnicas instrumentales que enriquecen las variaciones tímbricas sobre una melodía de pasodoble. Escuchamos en esta obra efectos de embocadura y aire que afectan la afinación y el timbre del instrumento, como el subarmónico, que consiste en proyectar un sonido inferior al que se toca a distancia de octava; asimismo, Danque Yenque propone un efecto percutivo que se hace tocando la campana con las uñas de la mano izquierda. Por su parte, la Suite colombiana para corno es una obra técnicamente bien lograda, aunque tímida en la propuesta de exploración tímbrica. El rol de piano como acompañante limitó un despliegue mayor del mismo; no hubo grandes pasajes de solo, tampoco un trabajo armónico robusto que permitiera sacar las mejores cualidades del piano y, en general, la obra no entró en diálogo o confrontación entre las partes. Con esto en mente, considero que esta es una obra concebida para un entorno pedagógico que, por sus cualidades, puede ser parte de un concierto, pero en ausencia de una obra con mayor contraste, perdió aquí su oportunidad de servir de puente entre dos obras exigentes. Si bien, Chant lointain es una obra con mayor interacción entre los instrumentistas y tiene un desarrollo motívico interesante, la obra carece de una resolución inesperada, considerando incluso la cadencia al final de la obra.
Como mencioné antes, Divertimento fue la obra de mayor interés de todo el concierto, pues reúne varias características musicales que la hacen muy atractiva al público. Aquí escuchamos un rango expresivo y dinámico mucho mayor en Miller Muñoz, en especial hacia el piano. En esta obra se pudieron apreciar mejor las dotes de Juan Carlos de la Pava como acompañante, pues esta requiere de varios modos de acompañamiento y protagonismo del pianista. Quizás, de haber sido posible hacer este programa sin el intermedio, las obras de la primera parte hubieran adquirido un papel más definido, pues la curva emocional llegaría a su cima con la obra de Françaix, para marcar un mayor contraste con Vocalise de Sergei Rachmaninov. De esta última pieza esperaba más trabajo improvisativo de parte de Miller, pues es lo que hubiera hecho una cantante en una vocalización: hacer gala de sus habilidades vocales. Esta invitación tácita a embellecer con diferentes ornatos la línea melódica no se realizó en la interpretación, que por lo demás estuvo bien lograda.
Finalmente, escuchamos al cierre del programa la segunda obra de Moreno, Inherencia. En esta obra participaron, además de Miller Muñoz y Juan Carlos de la Pava, Andrés Acosta (bugle), Camila Naranjo (tiple), Cristian Calderón (contrabajo) y Andrés Flórez (percusión). La mezcla de los timbres del bugle y el corno fue simplemente sensacional, además de ser poco (o nada) usual para los conjuntos de música colombiana; incluso, me sorprendió su propia mezcla con el tiple. Inesperado, novedoso y muy agradable de escuchar este particular ensamble, que funcionó muy bien al cierre del programa.