Poco a poco fue llegando el público a la Sala de Conciertos, donde ya estaban dispuestos instrumentos, atriles, equipos y unas plantas que recordaban la importancia que tiene para la cantante Urpi Barco la música de nuestras regiones. Los asistentes fueron, en su mayoría, seguidores de la artista, quien además llevó un pequeño equipo de producción encargado de cubrir el evento y de ofrecer sus distintas producciones discográficas. En camerinos esperaban el pianista Luis Felipe Rey Sampedro, el trompetista Pável Zuzaeta, el saxofonista César Medina, el bajista Nicolás Torres, el baterista Enrique Narváez, la bombardinista Manuela María Jiménez, y la percusionista Estefanía Lambuley, experimentados músicos de la escena nacional del jazz. Toda esta producción fue concordante con el deseo de Urpi Barco de reencontrarse con su público luego de la inevitable postergación de esta cita en 2020 a causa de la pandemia.
Para este concierto, realizado el pasado miércoles 25 de mayo, Urpi seleccionó un repertorio de quince canciones, entre las cuales incluyó temas propios, en coautoría, piezas de reconocidos cantautores, y cantos tradicionales de la costa Caribe y del Pacífico colombiano. A excepción de Wave (1967) de Antônio Carlos Jobim, Candelario (1988) de Urpi Barco y Misael Torres, y de los cantos tradicionales Cantos de boga, Arrópame que tengo frío, Qué bonito ta’ mi niño y Ronca canalete, las demás canciones fueron compuestas en el presente siglo. Por tal razón, Urpi no tuvo temor de usar de la tecnología digital de audio como instrumento para la composición y la interpretación. Así lo hizo en Cantos de boga, donde ayudada por un software de audio, grabó y reprodujo en tiempo real distintas melodías que crearon una polifonía vocal, de manera similar a como lo hacen hoy día varios DJs y beatboxers. Este mismo recurso lo usó también en Martín pescador y en El roble y el ciprés, aunque de forma discreta. Como parte de su interpretación, Urpi tocó diversos instrumentos como gaita corta, chucho (alfandoque), maracón, agogó, y usó su voz instrumentalmente con la técnica de jazz llamada scat.
Lamentablemente la potencia de la banda que acompañó a Urpi superó el límite de resonancia de la sala, lo que causó que fuera difícil entender la letra de sus canciones, escuchar claramente sus improvisaciones en scat e, incluso, los acompañamientos vocales de miembros de la banda. Además, la saturación causó aumento de la presión sonora que causa incomodidad cuando se pasa a un espacio con una presión sonora menor. Una lástima, porque solo se entendió claramente la letra de Aigua —la undécima canción del repertorio. También los micrófonos tuvieron problemas de pitido, evidente en No hieren —donde Urpi cantó solo con el acompañamiento del piano—, y en Arrópame que tengo frío. Y ya que estoy en los ‘peros’ del concierto, aprovecho para decir que, en general, las canciones siguieron una misma estructura en los arreglos; en algún punto se hizo predecible una forma en tres partes que empezó con el canto del texto, seguida de una parte intermedia para la improvisación, que condujo a un final donde se repitió el estribillo.
Aparte de esto, es evidente que Urpi tiene gran experiencia en manejar el público al que hace participar con acompañamiento de palmas y con el canto. De igual forma, maneja un particular juego de señales con las que dirige tanto a sus músicos como el aplauso del público después de alguna improvisación; maneja bien los tiempos del concierto entre las obras y sabe tomar sus descansos dentro de las mismas, de forma tal que actos tan simples como tomar agua o sentarse quedan integrados a su desempeño escénico.
Fueron notables todas las improvisaciones, en especial, las de César Medina en los saxofones, que reencauzó la interpretación de Wave; de Luis Felipe Rey al piano en No hieren; y de Pável Zuzaeta en Ramito de Laurel. También escuchamos a los demás miembros de la banda hacer diferentes improvisaciones que se fueron haciendo más importantes en las últimas canciones del concierto; en El roble y el ciprés pudimos escuchar dos tandas de improvisación para poder terminar el concierto en un punto alto. Este punto álgido se conservó en el porro Tengo un día más que se tocó como bis.
Entre la amplia gama de canciones escuchamos dos que abordan temas actuales de violencia y desigualdad, se trata de No hieren de Luis Fernando Hermida, y Martín pescador de Urpi Barco y Nicolás Torres. Otras canciones tienen una conexión profunda con experiencias personales de la cantautora como Candelario y Macondo que aunó a cantos populares como Arrópame que tengo frío y Ronca canalete que se popularizaron en la década de 1990 por los trabajos de campo de Susana Friedmann y comercialmente por Alé Kumá.
Urpi Barco es una artista comprometida con su público que saca provecho de todas las herramientas artísticas, tecnológicas y de producción musical disponibles, como pocos artistas nacionales que han estado en la Sala de Conciertos.