El pasado miércoles 11 de mayo el pianista ruso Sergei Sichkov compartió con la audiencia de la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango en Bogotá un reto artístico de dimensiones titánicas: la interpretación de veinticuatro Estudios para piano de Frédéric Chopin. El repertorio ofrecido fue particularmente impresionante y, al mismo tiempo, articuló diversas consideraciones que resonaban, acrecentando la magnitud del evento. Este tipo de programas despiertan una curiosidad especial en torno a las demandas técnicas y expresivas enfrentadas por el artista. De cierta forma, dichas demandas, por un lado, son compartidas por la audiencia, cuya concentración y capacidad de disfrute estético pueden ponerse también a prueba, especialmente en una sociedad que parece sucumbir ante la tentación de la inmediatez y la brevedad. Por otro lado, la curiosidad en la respuesta del piano recientemente adquirido por la Sala de Conciertos y otros cambios relacionados con el nuevo inicio de la Temporada Nacional de Conciertos del Banco de la República, enmarcaron el espacio en una filigrana de inquietudes que nos mantendría a todos con unas expectativas que serían gradualmente resueltas a medida que se desarrollaba este encuentro.

Como preámbulo para el concierto, el musicólogo y compositor Pedro Sarmiento ofreció un conversatorio acerca del desarrollo de las composiciones seriadas y su relación con el repertorio para teclados. De manera amena y asertiva, Sarmiento llevó a los asistentes por un interesante recorrido a través de la historia de este tipo de repertorios, considerando la influencia de los diversos tipos de afinación, el desarrollo de los instrumentos, las prácticas editoriales y el acceso a la música de consumo doméstico. Este tipo de reflexiones permiten ampliar el marco contextual a partir del cual las temáticas exploradas en cada concierto, para que puedan ser mejor apreciadas por la audiencia; así como con las notas al programa, en este caso escritas por la musicóloga Ellie Anne Duque, cada encuentro en la Sala de Conciertos involucra a sus participantes y vivifica su experiencia artística renovando y estrechando sus vínculos con cada programa.

Estos vínculos con la audiencia parecían vibrar con particular intensidad en la noche del concierto. La trayectoria artística y docente de Sergei Sichkov ha desembocado en un aprecio sincero y de creciente admiración; una parte considerable del público en la Sala había mantenido una relación con el solista de una u otra manera; congregaba a nuevos y antiguos alumnos, colegas artistas y académicos, así como amigos en general. Aquella admiración por el solista estaba claramente alimentada por un aprecio filial que Sichkov ha nutrido, dando lo mejor como artista en cada una de sus presentaciones. A medida que avanzaba el concierto, Sichkov compartía de manera entrañablemente sincera una aproximación al repertorio, caracterizada por su profundidad expresiva y sofisticada interpretación.

Esa particularmente interesante aproximación a los estudios de los Op. 10 y Op. 25, fue uno de los elementos más especiales del concierto. Siempre que los programas de concierto incluyen obras de carácter virtuoso, hay un riesgo artístico enorme que puede desviarse hacia una degeneración estética de los ideales del compositor. La propuesta artística de Sichkov brilló desde el escenario, para conducirnos nuevamente al significado original del virtuosismo; el desarrollo más elevado de las virtudes humanas que desemboca en una sublime expresión estética.

Asimismo, si bien la composición de ’estudios’ por muchos artistas podría entenderse como la concentración sobre habilidades técnicas que podrían tener un vuelo expresivo limitado, en casos excepcionales, la composición de estudios se ha convertido en la exploración metódica y personal de una amplia gama posibilidades expresivas. Es así como los Estudios para piano de Chopin, más allá de una recopilación de ejercicios áridamente técnicos, son una invitación a recorrer las intrincadas sendas de la expresión artística, claramente canalizadas desde una premisa técnica altamente exigente. En su interpretación, Sichkov llevó a la audiencia en un recorrido por la más exuberante variedad de expresiones que reposan en el espíritu humano.

El público, con vehemente atención, recibió la rendición de Sichkov sobre dos obras que se desenvolvieron tan orgánicamente que parecían haberse suspendido en el tiempo; tanto así que la omisión del intermedio surgió casi de manera natural para no interrumpir el flujo dramático del concierto. La comunión estética entre compositor, intérprete y público fue cada vez más vibrante y sincera. Este encuentro fue cálidamente reconocido por la ovación de los asistentes, agradecimiento que Sichkov retribuyó interpretando como bis el Nocturno No. 1, la primera obra de Chopin que, según Sichkov, fue la primera que aprendió del compositor y que se convirtió en la coda perfecta para un concierto impecable.

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Foto del concierto del pianista Sergei Sichkov (Rusia) - Temporada Nacional de Conciertos 2022