Con un repertorio de tres obras originales para viola y piano del siglo XX y una transcripción de la Suite para violonchelo solo en re mayor No. 6, BWV 1012 de Johann Sebastian Bach se presentó el joven intérprete Julián Camilo Lerma el pasado jueves 26 de mayo en la Sala de Conciertos. La disposición del repertorio se hizo con base en la duración de las obras, en la primera mitad escuchamos las dos obras con mayor duración en tiempo y, por consiguiente, las dos más cortas en la segunda mitad. Aunque esta situación no es una anormalidad, creo que pudo haberse considerado un orden que equilibrara mejor la duración entre ambas partes del concierto.

Julián Camilo interpretó primero la Suite para violonchelo de Bach, transcrita por Simon Rowland-Johnes para viola. Resulta interesante que, en su transcripción, Rowland decidió cambiar la tonalidad de re mayor a sol mayor, para poder aprovechar mejor el registro de la viola e incluso para facilitar la ejecución de varios pasajes. Interpretar a Bach suele ser uno de los hitos perseguidos por intérpretes, y es aún el compositor que más veces se ha interpretado en la Sala de Conciertos. Nuestra opinión acerca de cómo interpretar a J. S. Bach tiene mucho de especulación —como si lo hubiéramos escuchado recientemente en alguna iglesia de Bogotá— y de investigación histórica que ayuda a evaluar una interpretación. Con esto en mente digo que me gustó la interpretación de esta suite por parte de Julián Camilo, especialmente la forma en que enlazó las tres últimas danzas, ya que el fraseo de la allemande se vio afectado por un tempo poco más lento de lo usual y que en la courante demostró todo su virtuosismo como violista.

El concierto continuó con la bellísima Sonata para viola y piano de Rebecca Clarke, obra que escribió para un concurso de composición en 1919, cuya historia está amenamente contada en las notas al programa de Guillermo Gaviria. Como en toda obra de concurso, Clarke hizo un amplio despliegue de técnicas de composición neoclásicas y de interpretación. En esta sonata resalta el hecho de que la obra finaliza con un adagio al que le anteceden dos movimientos rápidos: impetuoso y vivace. De sus tres movimientos me quedo con la interpretación del vivace por la compenetración que hubo entre Julián Camilo y Omar Ortiz —su pianista acompañante—. Este es un movimiento muy colorido y sutil que exige controlar una textura suave y efímera que cambia en favor de una sección opuesta donde destacan las dobles cuerdas. En cambio, sentí que al piano le hizo falta un poco más de presencia en el adagio, del cual destaco la buena interpretación de su sección central donde la viola alterna diferentes divertimentos que recuerdan al mundo orquestal.

Después del intermedio fuimos deleitados con la breve Pieza colombiana No. 3 de Luis Carlos Figueroa. Se trata de un bambuco para viola y piano cuya sonoridad proveniente de la escuela francesa. Este bambuco me recordó a otros compuestos por Uribe Holguín y Antonio María Valencia, como también a las Bambuquerías de Luis Antonio Escobar. Pienso que, por el orden de esta obra en el concierto, hubiera merecido la pena alargarla con una repetición, ora al capo, ora desde la segunda sección hasta el final. Sugiero esto porque considero que al hacerlo no se afecta en nada su ethos ni su propósito de ser una pieza breve o morceau (trozo).

En la última obra, Konzertstücke de George Enescu, se combinan dos características de las obras anteriores. Como lo dice su nombre, esta es una pieza breve escrita para concursos de interpretación del tipo morceau de concours, que se hicieron famosos en París desde la década de 1860. Ahora bien, su estructura enlaza una serie de secciones contrastantes donde se explora diferentes aspectos técnicos e interpretativos de la viola. A diferencia de la Sonata de Clarke, Enescu propone varios cambios de tiempo internos que ayudan a diferenciar las secciones líricas, donde el violista exhibe la profundidad de su sonido, con las de divertimento, donde el violista exhibe su control de la velocidad y de ciertos golpes de arco. También llama la atención que en esta obra el piano va en contrapunto a la viola, por ejemplo, el piano se dirige hacia el registro grave cuando la viola va en sentido opuesto. En esta obra sentí a ambos intérpretes más confiados y relajados en el escenario que durante la primera parte, donde escuchamos obras más exigentes.

Después del merecido aplauso, Julián Camilo tocó como bis el cuarto movimiento de la Sonata para viola sola, Op. 25 No. 1 de Paul Hindemith. Un movimiento veloz, frenético y exigente en la alternancia de pedal y doble cuerda en detachè, que conservó el espíritu de la obra anteriormente escuchada. Ojalá podamos oírsela completa a Juan Camilo en una próxima ocasión. Veo en Julián Camilo a un violista que cuida la precisión técnica, algo que le restó espontaneidad, aunque pudimos verla en las últimas obras del programa.

Consulta el programa de mano »

Imagen principal Media
Foto del concierto del violista Julián Camilo Lerma (Colombia) - Temporada Nacional de Conciertos 2022