El ensamble de cámara La Sociedad fue el encargado de la reapertura de la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango en Bogotá el pasado miércoles 20 de abril. Su interpretación impecable y expresiva fueron el conducto ideal para conmemorar un muy esperado reencuentro con la audiencia en el marco de la Temporada Nacional de Conciertos del Banco de la República. Con una muy acertada selección de repertorio, La Sociedad presentó un programa constituido por obras de compositores colombianos, con propuestas estéticas de altísima calidad que resonó con la emoción de un público que celebraba de manera muy especial y sincera su retorno a la Sala.
El concierto inició con una breve bienvenida de Julián Navarro, nuevo jefe de la Sección de Música de la Subgerencia Cultural del Banco de la República. Con su familiar sobriedad, recordó cómo el concierto de Christophe Rousset en 2020 marcó, sin saberlo, el ocaso de los conciertos presenciales en la Biblioteca Luis Ángel Arango. Por más de dos años desde la obligada distancia, la Sala y su equipo mantuvieron una actividad comprometida y constante, alimentada por la esperanza del reencuentro físico con las audiencias. La bienvenida de Navarro abrió nuevamente las puertas de la Sala para recibir al público en todas sus líneas de programación; con una temporada de conciertos robusta y variada, para celebrar un nuevo inicio. La añorada Sala de Conciertos estaba lista, incluso más brillante y estrenando luminaria, para compartir con todos su acústica resonante que parecía nunca haber dejado de vibrar en los recuerdos de muchos de los asistentes al concierto.
Rápidamente los intérpretes de La Sociedad se ubicaron en sus puestos, y luego de una emotiva ovación reactivaron esa fascinante alquimia que la música en vivo logra despertar en el espíritu humano; una sensación fascinante y sublime. Las bondades acústicas de la Sala son un sello profundamente memorable de los conciertos; esta parecía ser una de las razones para abrir el programa con la obra De todito del antioqueño Juan David Osorio. El inicio de la obra rompía el silencio con acordes que desde el piano progresivamente se desprendían hacia el resto del ensamble, para empezar a sostener diferentes terrazas tímbricas. De todito está cuidadosamente diseñada para dejar escuchar una inmensa variedad de combinaciones sonoras, timbres, articulaciones y ritmos a través de un caleidoscopio de estilos e influencias musicales. Todo se escuchó con impresionante claridad, y la interpretación de La Sociedad transmitió de manera cálida y vibrante una propuesta tan sofisticada como expresiva.
Luego de la primera obra, una bienvenida de Mario Sarmiento —percusionista de La Sociedad— puso de manifiesto el hilo conductor del programa para esta ocasión: un rencuentro entre familia y amigos que, desde la intimidad de la música en vivo en esta Sala, acoge y celebra las creaciones de compositores colombianos que han logrado consolidar propuestas profundamente interesantes. A medida que avanzaba el concierto, las interlocuciones de Sarmiento acercaban a la audiencia a cada una de las obras, lo cual complementaba la lectura de las notas al programa, elocuentemente escritas por Rodolfo Acosta y que incluyeron breves referencias que generaron lazos interesantes y cercanos con cada composición. El escrito de Acosta fue fundamental para entender y anticipar muchas características de este tipo de repertorio que, para gran parte de la audiencia, era completamente nuevo; por su parte, las intervenciones de Sarmiento compartían otro tipo de detalles sobre la interpretación del ensamble y su relación emocional con cada obra. La conjunción de ambas perspectivas enriqueció enormemente la apreciación de la audiencia.
La primera parte del concierto continuó con tres obras cuyas propuestas estéticas eran muy diversas. The Haunted House de Sebastián Rodríguez se desarrolla a través de una misteriosa atmósfera sonora que sorpresivamente es interrumpida por intensas células rítmicas y complejas interacciones entre los intérpretes. Diferencias, de Diego Vega, reveló una exploración tímbrica metódica y muy personal, y la obra de Juan Antonio Cuéllar, Toros desde la barrera, creó un discurso lleno de imágenes que ponían a disposición del ensamble una paleta de recursos sonoros absolutamente exuberante.
En la segunda parte del concierto se presentaron obras donde cada compositor generaba una propuesta artística propia a partir de la influencia de diversas tradiciones musicales colombianas o latinoamericanas. La obra de Carolina Noguera, Fiestas de Pubenza, replicó con cautivante nostalgia la sonoridad de las ancestrales flautas cuacanas, mediante intrincadas y creativas combinaciones instrumentales; a medida que se desenvolvían sus tres movimientos, el lenguaje de Noguera mantenía un encanto fascinante. José Martínez, en Illegal Cycles, creó una filigrana de estilos musicales que con intrincada familiaridad mantuvo con intensidad constante la atención del público, al tiempo que creaba aventurados contrastes sonoros. Pedro Sarmiento, quien minutos antes había conducido la charla previa al concierto, compuso su obra Mockus especialmente para La Sociedad; en esta obra ocho miniaturas sonoras se entrelazaban para generar un discurso que fluía orgánicamente. El concierto terminó con la obra de Ludsen Martinus, un prometedor compositor cartagenero en cuyo estilo musical se reconstruyen diversas tradiciones musicales del Caribe colombiano, canalizadas por medio de una reflexión estética tan sofisticada como sensible.
El reencuentro con la Sala de Conciertos fue absolutamente conmovedor. Como señalaba Rodolfo Acosta en sus notas al programa. Entablar diálogos permanentes entre audiencias, intérpretes y compositores es necesario para la revitalización de la cultura; y para esto, el espacio colectivo construido por medio del ritual del concierto presencial es un medio ideal. El reencuentro con la música en vivo, en la Sala y con la actuación de La Sociedad es un nuevo despertar lleno de los mejores augurios para todos nosotros.