La alta asistencia de público tanto a la entrevista con el compositor colombiano Rodolfo Acosta como al concierto del Ensamble Aventure de Alemania confirmó que hay interés en Bogotá por la música contemporánea. Esta es una noticia alentadora para un género que se abrió paso en medio de la persistente resistencia histórica de los defensores de la ‘buena música’. Me fue placentero constatar que a este concierto asistieron personas y personalidades de la música de diferentes generaciones, más aún, al tratarse del estreno mundial de Octaedro, obra comisionada por el Banco de la República a Rodolfo Acosta en 2020. De esta forma, Octaedro se suma a este importante acervo de obras encargadas por esta entidad a compositores colombianos, labor que se remonta a la década de 1960 con la inauguración de la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango.

Con este estreno se confirmó que Rodolfo Acosta es una de las principales figuras de la música colombiana actual, honrándose así su amplia trayectoria como compositor, gestor, director y profesor universitario. La evidente relación entre el nombre de la obra con el número de instrumentistas requeridos para esta fue motivo de duda para Rodolfo quien, en últimas, buscó una relación simbólica con aquél sólido platónico que representa el aire, medio necesario para la propagación del sonido. De igual forma, Octaedro fue la octava y última obra del concierto, lo que creó una convergencia hacia esta y, por ende, una alta expectativa.

Las obras del concierto se dispusieron de tal forma que las escuchamos compuestas sobre el sonido-ruido al inicio y final de cada parte del concierto, desde Angelus Novus I, de Helmut Oehring; Out of the Depths, de Feliz Anne Reyes; White Eyes Erased, de Sara Nemtsov; hasta Octaedro, de Rodolfo Acosta. En medio de estas obras se dispusieron aquellas caracterizadas por su simplicidad o austeridad de recursos; en la primera parte escuchamos Stunden-Blumen, de Toshio Hosokawa; y en la segunda parte ¿De qué estamos hablando?, de Coriún Aharonián; y Sueños olvidados, de Mariano Etkin. Además, se incluyó la obra musico-teatral Hirn & Ei, de Carola Bauckholt.

El profundo lirismo de Sueños olvidados contrasta con el sencillo planteamiento instrumental para trío de cuerdas, cuyos pasajes centrales evocaron momentos de La muerte y la doncella, por la forma de producir el sonido con el arco. Este sentido lírico, pero desde la óptica del unísono y la sucesión de microestructuras da forma a Stunden-Blumen. Una estética más estoica y austera estuvo presente en ¿De qué estamos hablando?, que utiliza el unísono superfluo (cromático) dentro de una textura de sonidos aislados que la hacen de cierta forma insustancial.

Del otro lado del espectro está el sonido incisivo, mecánico e industrial de Angelus Novus I, que difiere del sonido decadente de Out of the Depths y White Eyes Erased, donde el cansancio de las frenéticas ciudades esclavizadas en su consumismo se ve refleajado. Por su parte, Carola Bauckholt hace un planteamiento crítico al consumismo a través de Hirn & Ei en donde combina pantomima y música. Esta obra proviene de un movimiento artístico que prepondera los sonidos que provienen de objetos cotidianos. Siendo una obra con una doble naturaleza, me parecieron innecesarios los atriles porque crearon una barrera entre los intérpretes y el público que le restó fuerza dramática.

Dicho lo anterior, quiero hacer algunas reflexiones particulares sobre Octaedro. Pese a lo dicho por Rodolfo sobre su obra, considero que hay una relación mucho más profunda entre esta y el sólido geométrico, considerando que este último lo es en razón a la invariabilidad de sus dimensiones (altura, anchura y profundidad).

No me parece ilógico pensar que en Octaedro subsisten características análogas a la solidez del cuerpo geométrico. Una de las dimensiones proviene del ruido, un sonido complejo que fue sometido a una continua transformación tímbrica. Otra dimensión es la afinación que Rodolfo trabajó en razón a la naturaleza de los instrumentos. Asimismo, el timbre y la espacialidad son aquí un único elemento que ayudó a puntuar los cambios de secciones. Octaedro es entonces un objeto que rota en el tiempo gracias a los cambios de timbre de una sonoridad saturada donde aún es posible distinguir la fuente de origen del sonido-ruido. La fluidez de la obra matiza bien la presencia de secciones centralizadas en pequeños grupos instrumentales, mismos que auto contenían un timbre específico resultado de la suma de diversas formas de tocar como, por ejemplo, los multifónicos en los instrumentos de viento.

En lo personal creo que Octaedro es una obra donde Rodolfo compendia y desnuda para nosotros los fundamentos de su pensamiento estético-musical, que nos lleva a dos preguntas esenciales: ¿qué papel juega la música contemporánea colombiana en el panorama mundial?, y ¿qué representa Octaedro dentro de la serie de obras comisionadas por el Banco de la República? Sea pues el momento de felicitar a Rodolfo Acosta por su obra y al Ensamble Aventure por su impecable interpretación.

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Concierto del Ensamble Aventure (Alemania) - Temporada Nacional de Conciertos 2022