Con una larga lista de méritos profesionales y una trayectoria musical amplia y diversa, no fue una sorpresa que Ricardo Puche, joven intérprete venezolano, presentara un recital sobresaliente el pasado 6 de marzo en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango. El reto de este concierto era, por una parte, intrínseco al formato: contrabajo solista con piano acompañante, una fórmula poco común pues a menudo se relaciona este instrumento con una función armónica o acompañante y rara vez como protagonista de obras solistas. De ahí se desprendía el segundo desafío: mostrar, al más alto nivel, las posibilidades interpretativas y técnicas del contrabajo, así como las diferentes facetas del instrumento y de su intérprete en estilos musicales contrastantes y lejanos.
La primera parte del programa presentó un repertorio académico del siglo XVIII y XIX con el que Puche se destacó por la agilidad técnica, la limpieza y la calidad de su sonido, especialmente con la interpretación de la Sonata T. 40 de Johann Matthias Sperger en la que demostró su conocimiento y dominio del estilo y el fraseo propios del Clasicismo. Así, la dirección y terminación de las melodías, la claridad de los ornamentos, el color vibrante y el carácter contrastante entre cada movimiento garantizaron el éxito de la obra.
El virtuosismo y la destreza técnica fueron evidentes, más que en cualquier otra obra, con la Fantasía sobre ‘La Sonnambula’ de Giovanni Bottesini. El autor es conocido como el ‘Paganini del contrabajo’, por lo que no fue casual que el instrumento se presentara al público como un auténtico violín gigante que desenredaba entramados melódicos de gran velocidad sobre todo el registro del instrumento, en especial el agudo. Además, la obra, estructurada sobre temas de la ópera de Bellini, contrasta con fragmentos líricos en los que el instrumento de cuerda debe mostrarse como una voz melodiosa para expresar frases largas y cantábiles típicas del bel canto italiano. En estas secciones la afinación y precisión fue de aplaudir. No obstante, hizo falta un poco más de expresión y dramatismo que evocara la voz y actuación de un operista con la misma claridad con la que se logró aludir al violín de Paganini.
Después del intermedio, el repertorio se volcó hacia el siglo XX, por lo que las exigencias musicales fueron distintas. En esta parte, las diferentes articulaciones y sonoridades posibles del contrabajo fueron las protagonistas. El intérprete evocó distintos estados y atmósferas, transmitiéndole al público su gusto por el repertorio moderno. En obras como Sonata 1963 de Frank Proto o Sonata para el bajísimo del colombiano Santiago Pascual Pianud se conjugaron estilos populares y académicos en donde el contrabajo viajó por posibilidades tímbricas a través de diversas articulaciones: pizzicatos y pulsaciones con plectro que generaron sonoridades más incisivas, metálicas y secas, así como legatos amplios que dibujaron un sonido profundo y gordo en el registro más grave del instrumento.
Dos cosas quedaron un tanto ausentes en este concierto. La primera, fue la sincronía entre piano y contrabajo que no siempre fue del todo precisa. Faltó más seguimiento e intuición entre acompañante y solista, sinergia que debió darse con base en la intención musical del contrabajista o gestos como la respiración y el contacto visual. La segunda, la inclusión de alguna obra del folclor colombo-venezolano que, en lo personal, estuve esperando hasta el bis del concierto pues representa muy bien los dos mundos que han nutrido al joven intérprete. Cada vez más, los espacios académicos se consolidan como escenarios perfectos para poner en valor las músicas tradicionales y presentar su riqueza e importancia cultural. Esta hubiera sido una oportunidad preciosa para mostrar la relación entre dos territorios que en la música no tienen fronteras.
El gran destacado de la noche y el mejor cierre posible para este recital fue Bass Trip, de Pēteris Vasks, una obra para contrabajo solo que condensó todas las cualidades del intérprete apreciadas durante el concierto. Virtuosismo, agilidad, limpieza, calidad del sonido, articulaciones y una combinación entre el lenguaje académico y el popular definieron a Ricardo Puche como un intérprete versátil que puede pasearse con facilidad por los géneros que desee y desenvolverse con excelencia. La obra finaliza con una melodía cantada que envuelve el timbre del contrabajo. Justo en ese momento, en el que resuenan en completa armonía los dos sonidos, las fibras y las emociones del espectador se dejan seducir y se entregan, sin reparo, a la belleza de la música.
Reseña sobre el concierto del contrabajista Ricardo Puche realizado el jueves 14 de marzo del 2019 en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango como parte de la Serie de los Jóvenes Intérpretes. Ricardo Puche también se presentó en Tunja el jueves 7 de marzo en el Paraninfo Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia en el marco de la Temporada Nacional de Conciertos del Banco de la República 2019.
Programa
J. M. SPERGER: Sonata T. 40. G. BOTTESINI: Fantasía sobre ‘La Sonnambula’. S. PIANUD: Sonata para el bajísimo. F. PROTO: Sonata 1963. P. VASKS: Bass Trip.