Tuvimos el placer de escuchar en la Serie de los jóvenes intérpretes al guitarrista antioqueño Jaime Benjumea, quien desde 2016 viene cosechando destacados logros en diferentes certámenes en Colombia y Latinoamérica, después de haber terminado sus estudios en Bélgica.
No recuerdo haber escuchado a un guitarrista colombiano que a su edad haya logrado la madurez interpretativa de Jaime Benjumea. Lo que es un buen síntoma, pues indica que nuestro desarrollo guitarrístico está en un nivel más avanzado, sobre todo al considerar que la carrera profesional de guitarra inició en la década de 1980, por lo que se le puede considerar joven al lado de otras cátedras instrumentales como flauta, violín, piano o clarinete. El movimiento guitarrístico colombiano se ha mantenido constante desde aquella década, si bien ha pasado por algunos períodos de cierta inactividad en el ámbito nacional. Pero volvamos al concierto.
Nos vimos envueltos por el arte de Jaime desde los primeros nítidos sonidos de la Fantasía de John Dowland, que evocó en mí el sonido del recordado Julian Bream. Esta nitidez estuvo siempre acompañada de un fraseo claro y riguroso, que mantuvo incluso en las secciones de fantasía, a las que normalmente se benefician cuando se les da un carácter más espontáneo. Del mismo modo, hizo una gran interpretación de la Sonata para violín No. 1 de J. S. Bach, un compositor cuya música suele ser muy compleja de tocar en este instrumento. Vale la pena destacar la buena interpretación de la fuga y la siciliana que, dada su complejidad, no son fáciles de presentar al público, claro está, sin demeritar la interpretación del adagio y el presto. Jaime volvió a sorprendernos con una brillante interpretación de la Gran sonata eroica, Op. 150 de Mauro Giuliani. Acá desplegó todos los contrastes posibles de intensidad, velocidad y timbre en favor de esta sonata que alude a la orquestación de la mítica sinfonía de Ludwig van Beethoven. Durante esta primera parte, el guitarrista hizo gala de sólidos conocimientos estéticos e interpretativos, al darle el estilo correcto a cada una de las piezas.
En este punto, Jaime tomó la acertada decisión de continuar el concierto sin hacer el intermedio programado. Como él mismo lo explicó, solo hasta ese punto había logrado llegar a la temperatura corporal adecuada para acometer las obras restantes, y prefirió no arriesgarse a perderlo, como hubiera sucedido de haber salido del recinto; de hecho, el brusco cambio de temperatura que se sintió en la Sala afectó la afinación de la guitarra al final de la Sonata de Giuliani. La segunda parte estuvo dedicada pues, a obras de compositores latinoamericanos. Antes de entrar en la subjetividad de describir la interpretación, vale la pena proponer el repensar la selección de obras del concierto en su conjunto. Con esto quiero decir que, a futuro, sería muy bueno presenciar una presentación de Jaime Benjumea desligada del pensamiento de concierto cronológico e historicista, que avanza por estilos o períodos. Gracias a su probado talento, podría perfectamente dedicar un concierto al repertorio histórico –centrado en una forma, época o autores–, como también al repertorio actual de la guitarra que, además, le va muy bien.
Tanto le calza el repertorio colombiano y latinoamericano que hizo lucir, por su belleza y simplicidad, el Bambuco en mi menor de Adolfo Mejía; una miniatura que sorprende por su intrepidez, dado el contexto tradicionalista de la época en la que fue compuesta. La solvencia con la cual la toca, la hace perfecta candidata para una posible producción discográfica o audiovisual. Después de esta refrescante obra, escuchamos Vendaval del antioqueño Bernardo Cardona, y que hace parte de una colección de piezas intitulada Cinco piezas costeñas. En efecto, Vendaval es un porro que toma como modelos los compuestos para otras ‘suites colombianas’ de Gentil Montaña y Héctor González. Sin embargo, más allá de ceñirse a un modelo, la obra tiene a su favor el estar estructurada (y pensada) desde la técnica de la guitarra, dando amplia libertad al componente armónico que se debate entre lo tradicional (tonalidad) y la innovación (politonalidad).
Finalmente, el concierto fue cerrado con la interpretación de la Sonata del caminante del reconocido compositor Leo Brouwer. Esta es una sonata unitaria que presenta cuatro escenas musicales interconectadas. Es una obra ciertamente difícil, porque en ella se conjugan diferentes recursos propios del lenguaje guitarrístico que el compositor desarrolló a lo largo de los años. Por ejemplo, los gestos melódicos cortos y en apariencia inconexos del primer movimiento, junto a pasajes minimalistas y escalas de rápida ejecución presentes en el segundo y cuarto movimiento. No obstante, la Sonata ayudó a cerrar este concierto en un punto muy alto gracias a su fluida interpretación.
Jaime Benjumea ha irrumpido con fuerza en la escena musical bogotana gracias a este concierto. Es un guitarrista a considerar en la programación de conciertos, festivales y otros certámenes, como también, en producciones discográficas y audiovisuales. Y espero que así suceda.