A propósito de las disertaciones referentes al “Cambio climático” durante el más reciente En contexto público, que tuvo lugar en la BLAA en noviembre de 2023 y marzo del año en curso, es preciso estar al tanto de las principales ideas que sustentan el debate actual y que pueden servir a la hora de tomar medidas frente a la crisis medioambiental global. En la BLAA reposan algunos ejemplares que reflejan la preocupación de sus autores.
A continuación, una selección de materiales que invitamos a consultar, ya que puede servir de fuente para indagaciones más profundas.

Del Departamento de Historia de la Universidad Nacional de Colombia nos hicieron llegar el enlace a la edición número 1 del volumen 51 del Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura que incluye el dossier “Historia climática y climatología histórica en las Américas, siglos XVI a XX” (https://revistas.unal.edu.co/index.php/achsc/issue/view/6030), reúne artículos que contribuyen a la discusión sobre el cambio climático. Sus autores plantean que desde la historia se puede aportar a la búsqueda de soluciones a la crisis global. Los invitamos a estudiar las valiosas reflexiones surgidas desde la academia.
También es grato incluir en esta selección el libro del intelectual colombiano Renán Vega Cantor, El capitaloceno: Crisis civilizatoria, imperialismo ecológico y límites naturales (Bogotá, Editorial Teoría & Praxis, 2019, 363.7 V34c), en el que expone sus reflexiones sobre las relaciones entre el capitalismo y la ecología, como resalta en la introducción: “a partir de algunos problemas concretos, tales como los nexos contradictorios entre la tradición marxista y los discursos ambientales, la crisis civilizatoria, el trastorno climático en marcha, las guerras climáticas y los sofismas ambientales del capitalismo”. Resalta que el capitalismo ha tenido un impacto destructor sobre el medio natural, hasta el punto de que ya deja huellas geológicas como la modificación en la composición de la atmósfera.

Sobre lo que han denominado “Antropoceno”, explica:
Antropoceno es un término falaz, con el cual se nos responsabiliza a todos de la devastación ambiental que genera el capitalismo, inculpando indistintamente a las generaciones pasadas como a las actuales, lo cual es doblemente falso. En el presente tampoco se pueden homologar responsabilidades, puesto que no tienen el mismo impacto ambiental los pobres y los amos del mundo, puesto que sus huellas ecológica e hídrica son significativamente diferentes, lo que también es evidente en el caso de los países. En cuanto a consumo de materiales, energía y agua, existe una abismal desigualdad entre una reducida porción de la humanidad y las grandes mayorías. Un ejemplo es ilustrativo: la huella ecológica promedio de un habitante de Bangladesh es de 0,6 hectáreas, mientras que la de un habitante de los Estados Unidos es de 9,4 hectáreas. [Introducción]
Recomendamos la lectura de este libro, en el que su autor plantea sus preocupaciones sobre el desplazamiento de plantas y animales hacia los polos, un movimiento migratorio forzado por el aumento de la temperatura que ya se está presentado y que va a dejar su registro fósil en idéntica forma que la elevación del nivel del mar en varios metros, con los cual se hundirán ciudades completas. Concluye: “el nuevo meteorito que destruye nuestro planeta no viene del espacio exterior; el meteorito de nuestro tiempo se llama capitalismo y resulta inútil tratar de cambiarle el nombre”.

En concordancia con el planteamiento de Renán Vega, la autora canadiense Naomi Klein, en Esto lo cambia todo: El capitalismo contra el clima (Barcelona, Editorial Paidós, 2015, 330.122 K53e), en la presentación expresa: “la culpa no la tiene el dióxido de carbono; la culpa es del capitalismo. Pero hay otra verdad mucho más constructiva y fácil de asumir: podemos aprovechar nuestra crisis existencial para transformar nuestro fallido sistema económico y construir algo radicalmente mejor”.
Klein considera que el cambio climático no ha sido tratado como una crisis por parte de los que detentan el poder y plantea que son los pueblos quienes deben movilizarse y dejar de ser espectadores, pues es el creciente movimiento por la justicia y acción climática el que puede devenir en una fuerza catalizadora para lograr una transformación positiva.
La emergencia misma del cambio climático podría constituir la base de un poderoso movimiento de masas, un movimiento que entrelazaría todos estos problemas en apariencia dispares tejiendo con ellos un relato coherente sobre cómo proteger a la humanidad de los estragos de un sistema económico salvajemente injusto y de un sistema climático desestabilizado.

Mientras tanto, Noam Chomsky en La guerra nuclear y la catástrofe ambiental (Barcelona, Paidós, 2013, 363.3255 C46g), libro conformado por una serie de entrevistas realizadas por Laray Polk, nos advierte que desde la Segunda Guerra Mundial “hay dos problemas que amenazan la supervivencia de la especie: la guerra nuclear y la catástrofe medioambiental”. Y es que ambas tienen potencial para producir la catástrofe: un mundo inhabitable debido a la escasez de agua, comida y tierra habitable.
El autor plantea que para que se produzca un ataque nuclear hace falta la acción, mientras que una catástrofe medioambiental se origina, en parte, por la pasividad premeditada con la que asistimos al cambio climático inducido por el hombre y “pone al descubierto la matriz económica de los países más poderosos y el fracaso de Estados Unidos a la hora de actuar ante evidencias totalmente concluyentes” [Prefacio. Laray Polk].
Chomsky comparte la alerta de Christian Parenti que plantea en su libro Tropic of Chaos: Climate Change and the New Geography of Violence:
Aunque todas las emisiones de gas invernadero se interrumpieran de inmediato (es decir, si la economía mundial se desplomara esta misma noche y nunca más volviera a encenderse una sola bombilla o un solo motor propulsado por gasolina), habría ya en la atmósfera suficiente dióxido de carbono para causar un calentamiento “significativo” y un cambio climático nocivo, y con ello, unos niveles considerablemente superiores de pobreza, violencia, desorden social, movimientos migratorios forzados y convulsión política.
Las importantes reflexiones del autor estadounidense nos llevan a pensar en vivir colaborativa y creativamente si queremos sobrevivir.

Por su parte, Andreas Malm en Capital fósil: El auge del vapor y las raíces del calentamiento global (Madrid, Capitán Swing Libros, 2017, 363.73874 M15c), considerado como un “magistral documento de historia”, parte del análisis sobre el auge de la energía de vapor en la que incursionó Gran Bretaña y que reflejaba un control superior del trabajo subordinado. Malm sugiere, en correspondencia con los autores mencionados, que bajar la temperatura requiere emprender un derrocamiento radical del orden económico actual. Termina la primera parte de su libro con esta sentencia: “Cuanto más sabemos sobre las consecuencias catastróficas del cambio climático, más combustibles fósiles quemamos. ¿Cómo terminamos en este lío?”.
Por otro lado, Tim F. Flannery, en El clima está en nuestras manos: Historia del calentamiento global (México, Taurus, 2008, 551.6 F51c), pone de manifiesto que “Nuestra fuerte resistencia psicológica a pensar que un ‘calentamiento’ podría ser algo malo hace que nos engañemos con respecto a la naturaleza del cambio climático. Este punto débil ha sumido a mucha gente —incluida gente instruida— en la confusión”.

Después de explicar los eventos medioambientales, las afectaciones a las especies biológicas y naturales, los cambios en la atmósfera, el papel del efecto invernadero, las alteraciones del clima terrestre por la acción humana, las previsiones, las políticas de respuesta y las posibles soluciones, la presentación del libro termina haciendo un llamado a una acción climática: “Somos una generación destinada a vivir en una época tremendamente interesante, pues ahora somos los creadores del clima, y el futuro de la biodiversidad y la civilización depende de nuestros actos. Por mi parte, he hecho todo lo posible para proporcionar un manual de instrucciones del clima de la Tierra. Ahora tú decides”.
Desde otra arista, el último capítulo de La política del cambio climático de Anthony Giddens (Madrid, Alianza Editorial, 2010, 551.6 G43p), dedicado a la geopolítica del cambio climático, da cuenta de los intereses nacionales y los problemas de política geoestratégica que van a determinar las acciones contra el cambio climático. Plantea la posibilidad de “guerras climáticas” por recursos clave como el agua e, incluso, señala el conflicto en Darfur (oeste de Sudán) como “la primera guerra climática”.

El autor plantea la paradoja de Giddens, concepto que hace referencia a la aparente contradicción entre la urgencia de actuar en materia climática y la escasa voluntad de hacerlo, tanto a nivel social como individual. Considera que en ocasiones “no hacer nada” puede ser tan peligroso como hacerlo y equivocarse.
Giddens propone optar por el uso de la energía nuclear, pues considera que “ya es demasiado tarde” para confiar exclusivamente en la transición a otro modelo energético, ya que son tecnologías en vías de desarrollo. José M. Echavarren, de la Universidad Pablo Olavide (Ris, vol. 69, núm. 1, mayo-ago, 2011, págs. 517-540), concluye:
se trata de un libro fácil de leer, con muchos ejemplos, con reflexiones de gran calado basadas en datos y con una batería de propuestas para el ámbito político (también incluye un apartado dedicado a la proactividad individual) que lo convierten en un texto útil e importante. El libro en ningún momento es un “brindis al sol”, palabrería sin base real destinada a imaginar un mundo ideal, sino más bien se trata de una reflexión cimentada en datos y en un buen conocimiento base del problema, para proponer vías de acción que no son fáciles ni tienen coste cero. Giddens ha escrito un manual de actuación para un problema muy complejo, y lo ha hecho de manera precisa y brillante en muchos casos.

Asimismo, la periodista Alicia Rivera plantea diferentes interrogantes sobre la crisis climática en El cambio climático: El calentamiento de la Tierra (Barcelona, Debate, 2000, 363.7 R48c) que se destacan en la presentación: “A menudo me he preguntado: ¿cómo es tanto empeño científico y tanta bronca en las negociaciones políticas para firmar un acuerdo y hacer algo ante un problema que sacará sus garras dentro de tanto tiempo? ¿O es que no tenemos tanto tiempo?”.
La autora relata los antecedentes y las negociaciones del Protocolo de Kioto, acuerdo que pretende reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y manifiesta: “Si alguien cree que los compromisos internacionales de reducción de emisiones acordado en el Protocolo de Kioto solucionarán el problema al entrar en vigor el acuerdo y cumplirse, que no se haga ilusiones”.
Este libro recoge también cuatro entrevistas con personajes que vale la pena consultar: el físico sueco Bert Bolin, primer presidente del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático; Bill Hare, de Greepeace, reconocido portavoz ecologista sobre el clima; Raúl Estrada, uno de los principales arquitectos de los acuerdos internacionales sobre el clima y verdadero artífice del Protocolo de Kioto; y Antonio Ruiz de Elvira, catedrático de Física de la Universidad de Alcalá, experto en el fenómeno del cambio climático.

Por último, en Guerras climáticas: Por qué mataremos (y nos matarán) en el siglo XXI (Madrid, Katz, 2010, 363.73874 W35g), Harald Welzer se detiene a analizar las formas de exterminio del pasado y del presente para así fundamentar su hipótesis sobre las formas en como esto podría ocurrir en el futuro. Según el autor, no hay posibilidad de revertir los efectos del cambio climático y llama la atención en el hecho de que más que una catástrofe ambiental, significará una catástrofe colectiva por las movilizaciones sociales que generará y la forma en que pondrá a prueba las supuestas efectivas formas de organización humana. Considera que solo sobrevivirán los que estén mejor preparados en términos de infraestructura y poder económico.
Para Welzer, la única solución consiste en desarrollar una estrategia de modernización reflexiva que involucre a la ciudadanía en un proceso de cambio de dirección social, incluya la creación de organismos internacionales con verdadero poder para la ejecución de las políticas socioambientales adecuadas y otorgue importancia a las acciones concretas programadas a nivel de los Estados, donde se valoren tanto las acciones individuales como las globales.
También les invitamos a escuchar las reflexiones de las y los participantes de “En contexto público: Cambio climático”, que están disponibles en https://www.banrepcultural.org/programas/contexto-publico/en-contexto-publico-2023-2024-cambio-climatico.
El debate continúa.
*Artículo tomado de El Ratón, revista de la Biblioteca Luis Ángel Arango. N° 286. Mayo 2024