Anancy es un personaje recurrente de la tradición oral de las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. En la mayoría de las ocasiones el versátil personaje araña, bautizado como Anancy, es más una persona que un animal. Incluso, podríamos hablar de la fluidez de género de Anancy, ya que cuando se habla de ella en lenguaje castellano, la araña Anancy, suele adaptar de forma natural el género femenino, mientras que en el inglés criollo se le llama en algunas ocasiones beda Anancy que se traduciría hermano Anancy, pero no es raro que se le referencie también como sista Anancy o hermana Anancy. Lo único inmutable en Anancy es que se adapta a los tiempos, espacios y necesidades de cada relator: en algunas fábulas aparece como héroe y en otras es villano; a veces engaña y a veces es engañado; pero realmente no es bueno ni malo, sino que es un personaje que juega con nuestra propia dualidad. Se aprovecha siempre de su ingenio para tratar de alcanzar sus objetivos, pero no siempre tiene éxito y resulta víctima de sus propias artimañas.
Para gran parte de los residentes del archipiélago Anancy fue protagonista de los primeros relatos o historias que escuchamos en lengua creole o inglés caribeño, y aunque desde la última mitad del siglo pasado Anancy y sus amigos han tenido que competir con Caperucita Roja, Blanca Nieves y otros cuentos infantiles introducidos por el sistema educativo oficial en lenguaje castellano y más recientemente con las nuevas tecnologías que han absorbido la atención de grandes y chicos, para los isleños hablar a Anancy es hablar de su propia identidad. No en vano aparece su nombre con cierta frecuencia en los discursos identitarios de los raizales. Un ejemplo de ello son frases como la siguiente, tomada de un periódico regional:
“Ser raizal es contarles a tus hijos y a tus nietos historias, cuentos, y relatos de Beda Nancy, Taiga y Alligator […].” 1
Para algunos académicos su importancia yace en el hecho de ser una manifestación de la literatura oral de la población afrodescendiente, que se acentúa a lo largo y ancho del Gran Caribe, región cultural que se extiende desde New Orleans hasta las Guyanas2.
Para otros, Anancy es un “violador de tabús” que constantemente transgrede normas sociales con el único objetivo de satisfacer sus necesidades biológicas: en sus travesuras y triquiñuelas suele valerse de mentiras, engaños y deslealtades.
Los cuentos de la araña se construyen a partir de la ruptura de valores, pero también contienen fuertes enseñanzas morales que son presentadas en un lenguaje cotidiano. Es por eso que es importante la presencia de los niños y niñas en las reuniones en las que se narran estas historias. En un artículo publicado sobre la importancia social de Anancy, Pietro Deandrea asegura que la participación de los niños y niñas en los ambientes en que se relatan estas historias habilita en ellos la autonomía y el desarrollo de relaciones sociales que trascienden la familia. Además, explica el autor, las historias de Anancy están diseñadas para funcionar como una válvula de escape a las restricciones sociales impuestas. En otras palabras, explica Deandrea, los relatos de la araña liberan al individuo de su deseo latente de comportarse como Anancy3.
Otros investigadores que se han dejado atrapar en la telaraña de Anancy se han interesado más por sus orígenes y las adaptaciones que los pueblos han hecho del personaje. Jaime Gómez, por ejemplo, nos cuenta: Anansi es el término akan [lengua de los ashanti-fanti africanos] para araña.
Anansi, Annancy, Kwuaku Ananse o Nansi son algunos de los distintos nombres con que se la identifica en su lugar de origen. Ya en América, Anansi se convirtió en el trickster (embaucador) predominante en la región Caribe de base anglofónica, que abarca las costas sobre dicho mar de países como Costa Rica, Belice, Nicaragua, Panamá y Surinam, y las islas de Jamaica, Saint Vincent, Trinidad y Tobago, y San Andrés y Providencia, entre otras4.
Anancy comparte su popularidad en algunos lugares del Caribe hispanoparlante con Tío Conejo, y en Haití con Bouqui-Malice, con quien protagoniza las historias. En todos los casos estos personajes tienen muchos rasgos similares e incluso puede ser difícil diferenciarlos para el neófito: nacieron como deidades en el continente africano, acompañaron en su éxodo a los esclavizados y se han convertido en parte de una literatura oral común para muchos de los descendientes de la diáspora africana5. Hace algún tiempo el célebre antropólogo colombiano Jaime Arocha descubrió con sorpresa que Anancy también está presente en la región Pacífica de Colombia, y escribió: “Como puede caminar por encima y por debajo del agua, llegó a las selvas del Pacífico y por un hilo que fue sacando de su barriga bajó por el manglar a los esteros. Niños y niñas aprenden a imitarla con la complicidad de sus papás […]”6.
Hace siglos la araña-diosa africana salió de Ghana a bordo de los barcos esclavistas como resultado de la violencia europea y su triángulo comercial y, que a toda costa buscaba consolidar, sin quererlo, la seda que ha dejado en su camino interconecta y une hoy en una gran red a sus hijos dispersos en el mundo. Anancy se fue adaptando a las necesidades del relator y las comunidades que escuchaban sus historias, e incluso cambió de nombre cuando fue necesario. Invitamos a quienes se sienten atraídos por las redes de Anansy y quieran seguir sus pasos para conocer más sobre la forma como cruzó el océano para llegar a convertirse en parte de la tradición oral de los pueblos de América y el Caribe, o deseen divertirse y compartir en familia sus historias, a que nos visiten en el centro cultural del Banco de la República en San Andrés, o a que consulten nuestro catálogo en línea para encontrarse con la curiosa araña.
¡Acércate a nuestra Red de Bibliotecas y tejamos comunidad, tradición y cultura con los hilos de beda Anancy!
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