A caballo, a pie, en bus, en lancha o en chiva llegan a diversos lugares del territorio colombiano las maletas viajeras de la Red Cultural del Banco de la República. Maletas cargadas de historias, aventuras, experiencias y saberes en forma de libros, que se distribuyen a lo largo y ancho del país como una apuesta tendiente a reconocernos en el otro: el otro como ser humano, el otro como ser vivo, el otro como comunidad y el otro como libro.
Estamos aquí para compartir estas experiencias que a diario construyen sentidos y significados al interior de nuestras comunidades. El servicio de maletas viajeras de la Red Cultural del Banco de la República se constituye en una constante construcción de lenguajes, a través de los cuales los mediadores, docentes, libreros, bibliotecarios, gestores culturales y ciudadanos aprovechan la oportunidad de relacionarse con el otro. Esto es posible porque las maletas viajan a escenarios distantes de los cascos urbanos, donde los libros, por las condiciones de una sociedad como la nuestra, difícilmente forman parte de las comunidades. En la misma perspectiva, el servicio se convierte en una apuesta y una invitación a las comunidades para que sean coautoras y cocreadoras de las transformaciones sociales que requieren.

La expresión “Viajan los libros, viaja la cultura” es la frase con la que identificamos el servicio de las maletas viajeras. Pero, ¿qué son las maletas viajeras? Son una herramienta y un pretexto para promover las juntanzas, los diálogos y las reflexiones al interior de las comunidades, especialmente en aquellas no tan cercanas a los centros urbanos, poblaciones con singularidades demográficas, políticas y socioeconómicas. Las maletas son de diferentes tamaños y transitan por los departamentos del país, dada la presencia de la Red de los Centros Culturales del Banco de la República.
En cada centro cultural, los ciudadanos pueden encontrarse con las maletas, pensadas para diversos públicos —primera infancia, infantil, juvenil, adultos y adultos mayores— y organizadas por áreas del conocimiento, como astronomía, música y literatura, entre otros. También se destacan las temáticas relacionadas con el agua y la naturaleza, de modo que son consonantes con los proyectos de la Subgerencia Cultural “Ríos: territorios posibles” y “La paz se toma la palabra”. Por tanto, es un servicio dispuesto para la construcción de lugares de intercambio de significados, en torno a las diversas concepciones de mundo, vida y ser humano, y de acuerdo con las particularidades territoriales.
Estos encuentros con el libro físico atienden a la necesidad vigente de reconocernos como miembros activos de una comunidad y agentes transformadores de un territorio; pero, además, coadyuvan a que aquellos que tejen sus historias, ya que puedan vincular a su existir nuevas posibilidades de estar en el mundo y de encontrarse en el diálogo y la conversación.

Juliana, mediadora cultural de Chaparral (Tolima), nos escribe cada mes interesada en conocer qué maletas han llegado. Ella sabe que debe agendar un encuentro en nuestra biblioteca para que su viaje a Ibagué alcance su propósito: contar con la disponibilidad de las maletas. Desde el casco urbano de Chaparral, Juliana viaja a caballo con las maletas y visita a más de doce veredas ubicadas en la zona rural, de difícil acceso, donde niños, jóvenes y adultos esperan “El Pícnic Literario del Tío Ratón”. El relleno sanitario de Chaparral es uno de los lugares más significativos para su ejercicio de mediación, puesto que allí, mediante la lectura de los libros y el abordaje de las temáticas de naturaleza y agua, Juliana propicia reflexiones en torno al cuidado del medio ambiente.
En cada encuentro con la palabra, Juliana y la comunidad reafirman sus voluntades cocreadoras y reflexivas sobre sus contextos. En su libro Lecturas: del espacio íntimo al espacio público, refiere Petit:
la difusión de la lectura puede contribuir a una democratización; y por democratización entiendo un proceso en el que cada hombre y cada mujer puedan ser más los sujetos de su destino, singular y compartido. Escuchando hablar a los lectores, nos damos cuenta de que, por medio de la lectura, aunque sea episódica, podemos estar mejor equipados para manejar ese destino, incluso en contextos sociales muy apremiantes.
Las maletas viajeras son un recurso que propicia estos encuentros cercanos con el otro, quienes, en muchas ocasiones, están distantes de estos artefactos culturales, como son los libros. Así mismo, son soportes culturales y tejedoras de puentes que ponen en diálogo tanto las experiencias como las realidades habitadas por los sujetos, al tiempo que acortan las distancias entre nosotros, pues en un mundo como en el que vivimos hoy nos urge, más que nunca, ser y estar presentes, posibilidad que la ofrece genuinamente el libro en la voz de su mediador. Porque estar presente significa transmitir conocimientos y experiencias de vida; la lectura es una presencia y una experiencia. Petit lo refiere recordando su encuentro con la lectura: “Toda mi vida leí por una curiosidad insaciable, para leerme a mí misma, para poner palabras sobre mis heridas o temores, para transfigurar mi pena, construir un poco de sentido y salvar mi pellejo” .
También son de destacar los trayectos del profesor Jesús Reina en la Escuela Santa Catalina de la vereda La Fortaleza de Ataco (Tolima), una zona afectada por los conflictos de violencia que Colombia ha padecido. Es un mediador que recoge la maleta en el Centro Cultural de Ibagué para viajar en bus por cinco horas, hasta la inspección de policía Santiago Pérez de Ataco, donde toma un campero UAZ que lo lleva a la vereda La Dorada. De allí parte a lomo de mula por una hora más, hasta la comunidad académica que disfrutará las maletas viajeras, orientada por el modelo de escuela nueva y conformada por ocho niños y su profesor, quienes podrán reconocerse en estas lecturas. La maleta, nos cuenta el profe, es motivo de alegría para sus estudiantes.
Estas experiencias, como las de Juliana y Jesús, son solo dos realidades de las muchas que se entrelazan diariamente en el país, gracias a la gestión del Banco de la República. Como se puede observar, las maletas viajeras y los libros se constituyen en presencias que buscan encuentros de escucha que gesten nuevas formas de confluencia y sociabilidad, de manera que nos permita pensar el mundo y pensarnos desde el mundo, siempre en la búsqueda del bienestar individual y colectivo.
*Por: John Michell Mahecha y Danny Patricia Cruz
*Artículo tomado de El Ratón, revista de la Biblioteca Luis Ángel Arango. N° 291. Octubre 2024