En este texto queremos compartir algunos de los proyectos que se desarrollan en varios centros culturales, en los que se evidencia el interés por fomentar la consulta de las colecciones bibliográficas, ofrecer espacios enriquecedores y ser un puente entre obras y lectores.

Es interesante reflexionar sobre las relaciones etimológicas que podemos establecer entre las palabras texto y tejer, pues los dos términos provienen del latín texer (tejar, trenzar, entrelazar)Así, el acto de tejer se convierte en metáfora del tejido y la urdimbre que va formando la palabra en el discurso oral o escrito. Esto se evidencia en el proyecto El Costurero Literario, que desarrolla la sucursal de Honda desde 2023. En la terraza del centro cultural se dan estos encuentros que buscan, de acuerdo con Adriana Toro, fomentar el hábito lector y generar vínculos comunitarios a través de la creación literaria, la conversación y la valoración de la memoria.


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La obra Memoria por correspondencia, de la artista bogotana Emma Reyes, que reúne las cartas que la autora envió al historiador Germán Arciniegas entre los años 1969 y 1997 —cuyos manuscritos originales reposan en Sala de Libros Raros de la Biblioteca Luis Ángel Arango—, fue el libro elegido para iniciar este proyecto. Un texto epistolar y la metáfora del tejido de palabras entre Reyes y Arciniegas. Adriana Toro menciona que cada participante recibió un tambor y un corte de tela para ir tejiendo la imagen que elegirían durante las sesiones del costurero. El libro, por su carácter epistolar, se leyó a varias voces durante cada uno de los encuentros y los diálogos sobre la vida y obra de Emma Reyes iban surgiendo, así como las emociones que suscitaban las cartas cruzadas con Arciniegas que hacen parte de este libro.

Este proyecto se ha extendido a la población de Guaduas (Cundinamarca). Allí, la palabra se teje en textos escritos por los participantes que hablan de memoria e identidad. El libro escogido para iniciar el costurero en Guaduas fue Policarpa: las mujeres y la libertad de Andrés Olivos Lombana, quien narra la vida de la heroína que tuvo un importante papel en las luchas patriotas. Así mismo, los cuentos de Gabriel García Márquez ha sido el centro de lecturas y conversaciones.


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En Cúcuta, Sergio Gutiérrez destaca dos proyectos que han tenido una muy buena recepción entre el público, Leyendo con las Manos y Territorios PortátilesEl primero, creado en 2011 y dirigido a la población sorda, busca reconocer no solo la necesidad de este público para compartir colectivamente la lectura y el intercambio de conocimientos, sino también sus formas particulares de leer los espacios, contextos y realidades a través de su principal forma de comunicación, la lengua de señas colombiana (LSC). Es importante destacar cómo a través de los años este proyecto ha logrado una interacción entre personas que se comunican en el español hablado, quienes lo hacen en LSC y quienes, por su condición migrante, lo hacen en lengua de señas venezolana. Gracias a los trece años de continuidad, este espacio está consolidado como un encuentro significativo entre públicos de diferentes edades y generaciones.


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El segundo proyecto, Territorios Portátiles, nace en 2022 con el objetivo de contribuir a la reflexión sobre el aporte de la población migrante en la construcción del territorio, entendido no solo como un espacio físico sino también cultural. El proyecto parte de la idea de que los territorios, en el proceso de migrar, también se mueven y transitan con las personas, pues los llevamos con nosotros y transforman los lugares a los que llegamos. El taller “Cantando, contando el viaje” explora con jóvenes migrantes la escritura de rap; el taller “Diarios de viaje” incentiva la narración escrita y visual de los recorridos migratorios de niños y jóvenes; y el laboratorio “Sueño trasnacional de nubes”, en el cual artistas de la región indagan, desde las artes plásticas, los conceptos de migración y frontera, han permitido consolidar un espacio para la apropiación, el entendimiento y la reflexión sobre estos temas. Estos espacios de lectura y escritura son significativos para la población migrante e igualmente para públicos diversos del centro cultural, ya que se hace visible la importancia de pensar estos procesos migratorios y sobre el rol de la biblioteca pública en apoyarlos.

Desde Cali nos comparten cómo se ha gestado un espacio de encuentro de mujeres que lleva el nombre “La generación de las caperucitas rojas. Mujer, palabra y libertad”. Este proyecto parte de las conversaciones con la maestra y escritora Rosa Adriana Buriticá, quien con interés genuino escucha y acompaña a las mujeres en procesos creativos de escritura para narrar experiencias que desde la voz propia se conviertan en relatos, poemas o crónicas. El objetivo propuesto es tejer vínculos alrededor de la palabra y la escritura como un camino para la comprensión y la búsqueda de la libertad, en contextos sociales en los que se presentan diversas formas de violencia de género.

Cada sábado las mujeres se expresan, leen, se escuchan, dibujan y llevan a la escritura sus experiencias. Es fundamental el reconocimiento de su propia historia, habitar el círculo de la palabra y contar sus historias de una forma cercana, a veces en susurros. Así surge una conexión desde la mirada, desde ponerse en la piel de la otra. Las participantes se narran desde sus experiencias más significativas y cada encuentro propone una pregunta que invita a la conversación. El centro cultural se propone mantener este espacio de diálogo y creación vivo, y así seguir vinculando diferentes formas de expresión, entre ellas el fanzine.

Otro proyecto que queremos destacar es el que se gestó desde hace varios años en Medellín y que busca divulgar las colecciones de cómic de la Red de Bibliotecas. Viajes Gráficos ofrece una experiencia que invita a recorrer países y territorios a través del cómic. Durante varios años, este lenguaje visual ha sido el camino para sumergirse con los usuarios en temas económicos e históricos, teniendo en cuenta la vocación del centro cultural. Recientemente, el foco apunta a la maravillosa colección filatélica, que cuenta con 70.000 estampillas colombianas y de otros países del mundo. Cada encuentro mensual, dirigido por el experto en comics Mario Cárdenas, invita a poner en diálogo las narraciones visuales del cómic y el arte gráfico de las estampillas. Se propone un viaje por el mundo del autor, el ilustrador y el contexto geográfico e histórico de un territorio en particular. Viajes Gráficos se ha convertido en un espacio de encuentro intergeneracional, donde filatelistas, autores y lectores de cómic se reúnen para conversar y compartir su pasión. En cada sesión se divulgan las colecciones de comic de la Red y durante el año se exhiben en el centro cultural libros de autores representativos con el fin de fomentar la lectura de este material bibliográfico que forma parte de las colecciones físicas y digitales de la Red. El proyecto contribuye al conocimiento y divulgación de la colección filatélica, facilitando la conexión entre los diferentes ejes vocacionales liderados en Medellín y destacándose entre la oferta cultural de la ciudad.

Ibagué nos comparte dos proyectos para niños y jóvenes, “Lecturas desde la cuna” y el “Club de ciencia ficción latinoamericana de humanos y otras faunas”. El primero está dirigido a los niños de primera infancia y se constituye como un espacio de acercamiento a la lectura desde los sentidos. A partir de los libros de la colección dirigida a los más pequeños, se contribuye a que los niños y niñas descubran el mundo a partir del tacto, el olfato y la visión. Buscamos que desde los primeros meses de vida tengan un acercamiento al libro como objeto cultural. En estos talleres se hilan sentidos desde diversas temáticas para que los lectores en pañales puedan aproximarse a la lectura y la escritura de un modo significativo, como menciona Danny Cruz. El Club de Ciencia Ficción realiza aproximaciones críticas y creativas a este género y sus subgéneros. Con esta actividad, el centro cultural se propone dar a conocer autores, obras y tendencias que puedan dar cuenta de la abundante producción latinoamericana y colombiana. Durante todas las sesiones se realiza un ejercicio narrativo que promueve el diálogo constante, la lectura en voz alta y la reflexión crítica. Igualmente, se propicia la escritura de minificción y minicómics, así como la creación de fanzines, entre otros ejercicios que se articulan con la conversación.

Los clubes de lectura se han constituido como una de las estrategias más potentes y consolidadas en el Servicio de Mediación de lecturas y Escrituras en la Red. Y esta afirmación encuentra su respaldo en el Club de Lectura Rayuela en NeivaDe acuerdo con César Gutiérrez, quien ha estado al frente desde su creación en 2014, un año después de la apertura del centro cultural, “este respondía a la ausencia de espacios para leer y conversar sobre literatura sin las pretensiones de la academia o, como lo explicaría de una mejor manera Laura Restrepo, entendiendo que ‘la literatura está más cerca de la vida misma que de la academia.’ La participación de sus asistentes es fluctuante, como suele suceder en la mayoría de los clubes; sin embargo, algunas personas son muy constantes y, por otra parte, algunas personas suelen regresar manifestando que este espacio es quizá lo más cercano que encuentran para romper con la rutina. Muchos de ellos están asociados a la red de bibliotecas y suelen participar de la programación del centro cultural. En sus diez años, el Club de Lectura Rayuela ha realizado un recorrido extenso por obras y autores diversas nacionalidades, entre ellos los rusos Dostoyevski y Tolstói, el francés Flaubert o latinoamericanos como Ángeles Mastretta, Isabel Allende, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Borges, Cortázar y Clarice Lispector. Las obras de los colombianos Gabriel García Márquez, Arnoldo Palacios, Laura Restrepo, Piedad Bonnett, Álvaro Mutis, Ramón Manrique, José Eustasio Rivera y Benhur Sánchez Suárez también han sido centro de las lecturas y conversaciones del club.

El club de lectura es un espacio dinámico y se evidencia en la manera como sus participantes —jóvenes y adultos de distintas visiones de mundo, profesiones y oficios— se han apropiado del espacio hasta transformarlo en una especie de laboratorio en el cual confluyen ideas para crear e impulsar proyectos autogestionados, que buscan promover la lectura entre distintos públicos, especialmente en espacios no convencionales. Vale la pena destacar la buena recepción que recientemente tuvo la lectura de La vorágine, a propósito de la celebración en 2024 del centenario de su publicación. El objetivo era ofrecer una experiencia innovadora y que los asistentes se conectaran con el texto. Durante varios meses se preparó una lectura teatral y a la cual asistieron 150 personas. Como lo menciona César Gutiérrez: “el auditorio del centro cultural estaba a reventar y algunas personas no pudieron ingresar”. Esto evidencia la acogida que tiene este espacio dentro de la comunidad.

En palabras de César Gutiérrez: “uno de los rasgos característicos de este club de lectura es su capacidad de apertura y de construcción desde lo heterogéneo, cualidades que hacen de Rayuela un espacio interesante dentro de la ciudad en donde, a menudo, se cocinan muy buenas ideas”.

*Artículo tomado de El Ratón, revista de la Biblioteca Luis Ángel Arango. N° 289. Agosto 2024

 

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