Los museos custodian objetos, pero también tienen la responsabilidad de construir vínculos. Durante mucho tiempo, el Museo Casa de Moneda ha sido reconocido como un lugar privilegiado para comprender la historia económica del país. Allí es posible recorrer los distintos mecanismos de intercambio que han acompañado nuestra vida colectiva, desde el trueque hasta las monedas, el papel moneda y las formas contemporáneas del dinero digital.
Sin embargo, preservar y exhibir el patrimonio ya no es suficiente. Hoy los museos enfrentan un desafío mayor: lograr que las comunidades los reconozcan como espacios propios, cercanos y relevantes para sus vidas cotidianas. ¿Cómo hacer que un museo deje de ser un lugar que se visita una vez durante una salida escolar para convertirse en un espacio apropiado por quienes habitan su territorio? ¿Cómo entregar la palabra a otros y permitir que sean ellos quienes narren el museo desde sus propias experiencias?
Estas preguntas estuvieron en el origen de Parchando por Casa de Moneda, una serie audiovisual juvenil que explora los mecanismos de intercambio presentes en la historia y promueve la educación financiera desde la voz auténtica de sus protagonistas.
Todo comenzó con una convicción sencilla: nuestros vecinos debían ser los primeros en apropiarse del museo. La Casa de Moneda está ubicada en La Candelaria, rodeada de colegios y universidades. Allí circulan diariamente cientos de adolescentes que muchas veces pasan frente a sus puertas sin sentirse interpelados por lo que sucede adentro. Si queríamos construir un museo más cercano, teníamos que comenzar por escucharlos.
Por eso decidimos trabajar con estudiantes del Colegio Escuela Nacional del Comercio, también ubicado en La Candelaria. Convocamos a cuatro jóvenes: Orianyelis Herrera, Paula Insuasty, Alejandro Cardona y Anlly Rodríguez Rojas, para pensar juntos cómo hablar sobre la historia del dinero y la educación financiera.
Llegamos con unos primeros guiones convencidos de que habíamos encontrado una manera atractiva de contar estos temas. Los leyeron, se miraron entre ellos y se rieron. Nos dijeron tres cosas que resultaron fundamentales: primero, que no conocían el museo; segundo, que los guiones les parecían aburridos, y tercero, que si realmente queríamos hacer una serie para jóvenes, ellos querían cambiarla desde el principio, empezando por el título, que en principio era Los jóvenes nos cuentan de Casa de Moneda.
Lo que inicialmente pudo interpretarse como un fracaso terminó convirtiéndose en la mayor fortaleza del proyecto. Comprendimos que si de verdad queríamos construir una experiencia participativa debíamos renunciar al control absoluto. No bastaba con invitar adolescentes a aparecer frente a una cámara para repetir un libreto escrito por adultos. Había que escucharlos de verdad.
Así nació Parchando por Casa de Moneda. El nombre surgió de ellos, de su manera de nombrar los espacios de encuentro y amistad. El «parche» es el grupo con el que se comparte, se conversa y se construyen experiencias significativas. El museo dejó entonces de ser únicamente una institución patrimonial para convertirse en un lugar donde es posible reunirse, preguntar, disentir y aprender colectivamente.
Juntos revisamos las colecciones, conversamos sobre el dinero en sus vidas cotidianas y buscamos maneras de traducir conceptos históricos a situaciones reconocibles para otros jóvenes. De ese trabajo surgieron cuatro capítulos dedicados al trueque, las monedas, el papel moneda y el dinero digital.
Hablar de educación financiera dejó de ser una sucesión de definiciones abstractas para convertirse en conversaciones sobre ahorrar para comprar algo deseado, decidir en qué gastar, administrar recursos limitados o reflexionar sobre las nuevas formas de intercambio que atraviesan la vida contemporánea.
Nada de esto habría sido posible sin el compromiso del equipo docente del Colegio Escuela Nacional del Comercio. Las profesoras Jacqueline Duarte González y Luisa Fernanda Narváez Aldana fueron fundamentales durante todo el proceso. Nos ayudaron a tender puentes entre la escuela y el museo, acompañaron a los estudiantes y sostuvieron esta iniciativa, incluso cuando todavía era apenas una idea en construcción.
El proyecto tuvo además un cierre profundamente emotivo. Organizamos un lanzamiento especial para la comunidad educativa del colegio. Los estudiantes llegaron acompañados de sus compañeros, docentes y familias para ver por primera vez la serie terminada. La emoción de reconocerse en la pantalla fue una de las imágenes más poderosas de todo el proceso. Los jóvenes no estaban observando un producto hecho para ellos; estaban viendo una creación que también les pertenecía.
Esto no habría sido posible sin el apoyo de muchas personas. Agradezco al equipo de la Sección de Servicios al Público y Educativos de los Museos de Arte y Numismática del Banco de la República; al mediador Jhonatan Gamboa; a las profesoras Jacqueline Duarte González y Luisa Fernanda Narváez Aldana, y a los realizadores de Cámara TV, quienes acompañaron esta experiencia con generosidad, creatividad y entusiasmo.
Parchando por Casa de Moneda nos recordó que la apropiación del patrimonio no ocurre únicamente cuando alguien visita una exposición. Ocurre cuando las personas encuentran conexiones entre ese patrimonio y sus propias vidas; cuando sienten que sus experiencias tienen valor y descubren que el museo también puede hablar con su voz.
Los museos no deberían aspirar únicamente a ser visitados. Deberían aspirar a ser apropiados.
Finalmente, queremos extender una invitación a quienes leen estas páginas. Los cuatro capítulos de Parchando por Casa de Moneda ya están disponibles en nuestro canal de YouTube. Esperamos que puedan disfrutarlos, compartirlos ampliamente y utilizarlos como una herramienta para abrir conversaciones sobre patrimonio, ciudadanía y educación financiera.
Pueden acceder a la serie a través del siguiente enlace o escaneando el código QR que acompaña este artículo. https://www.youtube.com/playlist?list=PL3QtUa8f8B-JbhhPnthplF8RxhyLGfEqT
Porque, al final, quizás educar desde los museos consista justamente en eso: abrir conversaciones, compartir la autoridad y descubrir que el patrimonio sigue vivo cada vez que nuevas voces se atreven a hacerlo suyo.
*Artículo tomado de El Ratón, revista de la Biblioteca Luis Ángel Arango. N° 312. Julio 2026.