Anteriormente, expuse cómo los listados de diferentes organizaciones nacionales e internacionales muestran las tendencias de consumo musical, considerando como género la música clásica y la ópera. También señalé cómo, desde 1989, no ha habido un ejercicio que, combinado con la crítica musical, permita reconocer el desarrollo de la música académica colombiana de los últimos años, incluyendo también las valoraciones provenientes de la investigación musicológica en este campo.



En esta entrega se listan algunas obras sinfónico-corales, de orquesta y banda sinfónica que por variadas circunstancias tienen reconocimiento nacional e internacional. Inicio con la obra Una misa por la reconciliación, de Juan Pablo Carreño, encargada por la Dirección de Patrimonio Cultural de la Universidad Nacional de Colombia, la compañía de producción Nova et Vetera, y la Fundación Musical Ernst von Siemens, en el marco de la firma de los Acuerdos de Paz. Fue estrenada en la Catedral Primada de Bogotá y en el Auditorio León de Greiff los días 29 y 30 de octubre de 2019, respectivamente. Carreño puso su atención en el dolor de las víctimas de las masacres cometidas por los paramilitares, las fuerzas armadas y las FARC entre 1982 y 2012, con especial énfasis en las masacres de El Salado y Bojayá, perpetradas en 2000 y 2002 respectivamente. Ninguna otra obra musical estuvo enmarcada en hechos tan relevantes para nuestra historia reciente, y por esta misma razón, además de su pertinencia e impacto, encabeza este listado. Otros compositores trataron en su momento nuestra cruenta historia, como Blas Emilio Atehortúa que compuso, en homenaje a Rodrigo Lara Bonilla y Guillermo Cano, el Réquiem del silencio, Op. 143; y Gustavo Yepes, que compuso la ópera Documentos del infierno, basada en la obra teatral Los papeles del infierno, de Enrique Buenaventura.



Si bien Una misa por la reconciliación no es en rigor una obra litúrgica, su tema nos trae a la memoria las misas papales compuestas con motivo de la visita de los pontífices San Juan Pablo II y Francisco a Colombia en 1986 y 2017, respectivamente. La primera es la Misa para coros en sol mayor del recordado cantautor Arnulfo Briceño, y la segunda fue la misa que compuso Juan Antonio Cuéllar con base en algunas piezas de Luis Torres Zuleta, grabada posteriormente en el disco Un canto nuevo. No obstante, el tema que en principio nos ocupa es la música sinfónico-coral de compositores colombianos.



Por lo tanto, quiero referenciar las obras Apu Inka Atawalpaman, Op 50 de Blas Emilio Atehortúa, y Goé Payari de Jesús Pinzón. La primera fue ganadora del Concurso Nacional de composición de Colcultura, en 1971; y la segunda del Concurso Internacional de Composición ‘Bicentenario del Libertador Simón Bolívar’, en 1983. Ambas obras reflejan el interés de estos compositores por conocer las culturas indígenas suramericanas, a la luz de las entonces recientes investigaciones musicológicas y antropológicas. La óptica de Atehortúa fue la de evidenciar la resistencia y colapso del imperio inca a finales del siglo XVI, con base en la elegía homónima escrita en lengua quechua. Por su parte, Pinzón utilizó un texto en lengua tucano, de origen desconocido hasta el momento, en el que se narra el viaje espiritual del hombre desde su muerte hasta su renacimiento, reflejado en el título de su obra, Goé Payari, que significa ‘canto después de la muerte’.



El compositor James Díaz tiene, en su creciente catálogo, un buen número de obras para orquesta sinfónica, estrenadas en su mayoría por la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, y con las que ha ganado los más importantes concursos y convocatorias de composición en Colombia, además de adelantar una interesante carrera en los Estados Unidos. De estas obras se destacan Catarsis y Mirrors in the Void. Esta última fue seleccionada para el Nashville Symphony Composer Lab & Workshop de 2017. Las dos obras desarrollan los timbres de la orquesta a partir de tone clusters (cúmulo sonoro) y técnicas extendidas en los instrumentos. Asimismo, merece especial atención las Seis microestructuras para orquesta de Germán Borda, obra que dedicó a su maestro Alfred Uhl. Es una obra ciertamente ecléctica donde se combinan los tone clusters con pasajes de libre interpretación, y con algunas melodías que, en lo personal, asocio con el expresionismo alemán. En otro lugar del espectro estético está la obra Musica d’Orchestra per Béla Bartók, Op. 153 de Atehortúa, que escribió en 1985 en agradecimiento por haber recibido la medalla Béla Bartók dos años antes. Esta es una de sus obras para orquesta más interpretada, cuenta con varias presentaciones en Colombia, Venezuela y Estados Unidos. Esta refleja el interés Atehortúa en la complejidad rítmica, como también en la combinación de secciones obligadas y libres.



El desarrollo de la música para banda sinfónica tuvo un interesante desarrollo en América Latina, del cual participaron también nuestros compositores. Una de las obras que le dio renombre nacional e internacional en diferentes certámenes a Victoriano Valencia fue Arrullo, una suite para banda sinfónica en la que se exploran ritmos del Caribe colombiano, desde la perspectiva de la música de concierto, diferenciándola de otras suites que fueron compuestas dentro del pensamiento nacionalista. Finalmente, debo reseñar una de mis propias obras para banda sinfónica, considerando que la misma ha logrado reconocimiento nacional e internacional. Se trata de la Sinfonía para timbales y orquesta de vientos, que se estrenó mundialmente en en la Primera Conferencia Iberoamericana de Bandas Sinfónicas de Brasil y, posteriormente, en el Festival Internacional de Música Contemporánea de Bogotá. La obra aparece, además, en el libro La música latinoamericana de Aurelio Tello y Ricardo Miranda (México, 2011), por la repercusión que esta obra ha tenido en el repertorio de bandas sinfónicas en Latinoamérica.

 

Consulta más artículos de esta serie:

Parte 1 | De lo antiguo y lo nuevo de la música académica colombiana »

Parte 2 | Obras de gran formato »

Parte 3 | Obras corales y vocales »

Parte 4 | Obras de cámara »

Parte 5 | Música contemporánea »

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Obras de gran formato en Colombia