En el artículo anterior reseñé algunas misas del repertorio sinfónico-coral colombiano. No obstante, dejé para esta entrega tres misas que ayudan a introducir algunas obras corales y vocales, como también a sus compositores. Comienzo por citar el cada vez más conocido Réquiem de Antonio María Valencia, escrito en 1943 para coro mixto sin acompañamiento, que contiene todas las partes litúrgicas que se cantan en la misa de difuntos. Asimismo, está la Misa de Pentecostés, de Diego Vega, que compuso por encargo de la Catedral de Notre Dame entre 1994 y 1995, y que se estrenó en la misa de pentecostés de ese último año. La instrumentación original incluyó coro de adultos y de niños, quinteto de cobres, órgano y timbales. También debo incluir la Misa Brevis de Jaime León, escrita para el XVII Festival de Música Religiosa de Popayán, en 1980, obra que está dedicada a Stella Dupont Arias y al Coro de Cámara de Popayán.
Estos tres compositores son expertos en el repertorio coral y vocal. Diego Vega también es el compositor de Canticum Novum, una breve pieza para coro de niños que escribió exprofeso para la Schola Cantorum de la Catedral de Bogotá. Dentro de esta línea de repertorio vale la pena destacar Toccata para coro y Ñee Iñati, de Jesús Pinzón, obras que han sido imbatibles en concursos y encuentros corales en lugares tan diversos como Isla Margarita o Shanghái. Otras obras que han logrado un amplio recorrido mundial son Yambambó, de José Antonio Rincón; Acción de gracias, de Andrés Posada; el bambuco a cuatro voces La niña de la guitarra; y Estudio polifónico sobre Cuchipe, de Gustavo Yepes.
Jaime León es uno de los compositores más prolíficos e importantes del repertorio colombiano de canciones de cámara. Sus canciones La campesina, Cancioncilla, Aves y ensueños, y Serenata fueron grabadas por él mismo al piano junto a la recordada soprano Carmiña Gallo, en el disco Nostalgia y Fantasía producido por la OEA, en 1977. La soprano Patricia Caicedo ha dedicado varios años al estudio, edición y grabación de sus canciones, además de hacerlas parte del repertorio que usa en sus clases magistrales en el Barcelona Festival of Songs. Amén de las ya citadas, vale la pena agregar las canciones A ti y Algún día, que son parte infaltable del repertorio de cámara colombiano.
En esta misma línea se encuentran también las canciones Chanson d’automme y Negrita de Luis Carlos Figueroa, muy cercanas en estilo y belleza a las de Jaime León, como también Seis canciones oscuras sobre textos de Piedad Bonnett de Johann Hasler, una obra contemporánea donde se mezclan recursos vocales contemporáneos con el canto. Dentro del repertorio vocal de música contemporánea quiero destacar estas dos obras para voz sola: Haikú para voz sola de Rafael Llanos, dedicada a Natalia Merlano; y Un hombre puede ser flor de Fabián Quiroga, obra que dedicó a Beatriz Elena Martínez; ambas obras fueron incluidas en la producción discográfica Un hombre puede ser flor, de 2013.
Consulta más artículos de esta serie:
Parte 1 | De lo antiguo y lo nuevo de la música académica colombiana »
Parte 2 | Obras de gran formato »
Parte 4 | Obras de cámara »
Parte 5 | Música contemporánea »
Conoce más contenidos en el Blog de música »