Tener el control es uno de los grandes deseos humanos. Por eso, no es casual que las plataformas de streaming sean la mayor potencia tecnológica en el sector de cultura y entretenimiento, pues les han cedido a los usuarios el poder de decidir, crear y compartir contenidos. La forma de escuchar música o de ver cine y televisión se revolucionó por completo y aún más en un año de confinamiento global como lo fue el 2020. Las tendencias están definidas y las experiencias de consumo ya se pueden predecir.
Son numerosos los cambios que dejó el 2020 en la manera de escuchar y experimentar la música, formas que de seguro llegaron para quedarse, como sucede casi siempre con cada nueva tecnología o soporte. Por eso, tanto artistas, como público y escenarios se están adaptando rápidamente a ellos para no quedar por fuera del radar. Esto, sin embargo, no significa que la experiencia en vivo o que otras formas de consumir música vayan a desaparecer, sino que, más bien, tendrán que aprender a coexistir. Las plataformas de streaming salieron victoriosas económicamente durante esta pandemia, pues sus ingresos a nivel mundial aumentaron un 26%. La industria musical, por su parte, pudo crecer también gracias a este soporte, como reportó Billboard en el primer trimestre de la pandemia, periodo en el cual la música ya había aumentado un 20% sus ventas globales.
La música se trasladó a las pantallas y a las plataformas de audio. ¿En qué cambia nuestra experiencia? En primer lugar, hay que decir que el usuario tiene control sobre lo que oye y cuándo lo oye. Además, otra de las grandes ventajas de la era virtual es la ubicuidad: poder escuchar desde cualquier lugar del mundo las producciones o los conciertos de cualquier artista. Esto, aunque ya existía antes, se disparó en 2020 y presenciamos colaboraciones musicales a distancia que tal vez nunca antes habíamos visto; vimos a los artistas presentarse en escenarios convencionales y no convencionales desde los cuales pudimos experimentar conciertos íntimos en la sala de una casa, o ver artistas tocando en las calles, en las ventanas y en los balcones, recordándonos que la música no pertenece a un lugar y no está supeditada al espacio.
En segundo lugar, cambia, por supuesto, la forma en la que vivimos la música. Mientras que un concierto es una experiencia envolvente y real en la que podemos percibir con nuestros distintos sentidos y en la que cada presentación es irrepetible, el consumo digital nos reduce al sentido del oído, predominantemente, y de la vista en segundo plano. La música grabada nos ofrece una misma versión intacta, impecable e inamovible, y las transmisiones en directo, aunque más cercanas a la realidad, no dejan de ser una experiencia que se mira desde afuera y que no involucran al espectador.
Otra tendencia que hay que resaltar del consumo de música digital es que la mayor parte de los usuarios escuchan ‘música a la carta’, creando sus propias listas de reproducción con temáticas específicas o usando las opciones creadas por la plataforma: hacer deporte, limpiar, trabajar en casa (con un aumento de 1400% en Spotify), hornear y cocinar (incremento del 120%). Estos datos no solo dan pistas sobre el uso cotidiano de la música, sino del vínculo emocional que crean los usuarios con ella. ¿Qué define si un género musical es ideal para cocinar o mejor para hacer yoga? Lo cierto es que hay cientos de listas con estas categorías creadas por los mismos usuarios que permiten entender la carga emocional, simbólica y funcional que le atribuyen a ciertos géneros. En este sentido, la manera de escuchar música también ha cambiado, pues al incrementarse las actividades en casa, la música se ha vuelto transversal a ciertas acciones y momentos específicos en los que antes pasaba desapercibida. Cortarse el pelo, por ejemplo, es otra de las categorías que más ha aumentado en Spotify (50%).
Igualmente, y como parte de esta tendencia, la audiencia de podcasts ha aumentado desde entonces, como lo reporta Emisor Podcasting, plataforma dedicada a la distribución de este tipo de programas, que tuvo un incremento sostenido del 80% en el primer semestre de 2020. Lo mismo sucede con las audiencias de radio tradicional que, en el caso de Colombia, reportaron un crecimiento del 61% en la sintonía. El crecimiento, entonces, parece corresponder al aumento de tiempo libre.
Hasta este punto, los formatos y los canales no son nuevos, pues las plataformas de streaming ya existían antes de la pandemia. Lo que cambió fue la posición que empezaron a ocupar en las formas de escucha, pues se convirtieron en la única alternativa durante el confinamiento. Esto ha hecho que grandes empresas desarrolladoras de software empiecen a pensar en lo que viene a futuro. Spotify, el gigante de las plataformas, ha adquirido nuevos identificadores de audio mediante la inteligencia artificial que permiten detectar más fácilmente los gustos de los consumidores para sugerirles sus listas perfectas semanalmente, lo cual reitera que la personalización de las listas y la música a la medida seguirá siendo tendencia.
Pero incluso, vienen cosas más futuristas. El empresario e inventor Elon Musk, por ejemplo, está desarrollando su proyecto Nuerolink que busca reproducir música de forma natural, sin pantallas o auriculares, implantando un chip en el cerebro que funciona como control y reproductor. Musk aspira a aliarse con Spotify cuando el sistema resulte exitoso.
Lo cierto es que las nuevas tecnologías continuarán avanzando y los soportes digitales serán la base del consumo de música. Esto no significa que la música en vivo vaya a desaparecer, como no ha desaparecido la televisión o las salas de cine con la llegada de Netflix. No obstante, la manera en la que solíamos escuchar antiguamente, mediante álbumes completos de un mismo artista, sí está desvaneciéndose y, en cambio, estamos presenciando la era de las listas de reproducción variadas y contrastantes. No en vano, esta tendencia también se refleja en la creación musical, en la que los artistas han optado por hacer numerosas colaboraciones, mezclar géneros y estilos musicales, o compartir escenario con otros para brindar una experiencia más cercana a los gustos y hábitos de escucha actuales.
No hay duda de que los conciertos en vivo seguirán siendo un gran atractivo para los fanáticos de los artistas y la música. No obstante, es bueno empezar a preguntarse cómo integrar las tendencias de escucha de los usuarios a las presentaciones en vivo o cómo involucrarlos más en la experiencia para que el ansiado poder de decisión o creación también les sea otorgado.