En 2021, el Banco de la República acertó al apostarle a la producción de conciertos virtuales de alta calidad y de gran variedad estilística. Aunque en algunos recitales se han interpretado piezas de compositores europeos que han formado parte del repertorio 'canónico' ya por muchas décadas, — algo que pareciese inevitable en el espacio ritual de los concert halls—, una gran parte de los conciertos nos han sorprendido con repertorio fresco.
Este es precisamente el caso del recital del pianista y compositor Mauricio Arias-Esguerra, grabado a finales de 2020 y transmitido gratuitamente en línea en 2021 por las redes de Banrepcultural. Con un programa relativamente nuevo y enteramente colombiano, coloreado con un poco de humor y picardía, Arias nos brinda un necesario descanso al modelo esquizofrénico de la sala de concierto que, parafraseando al reconocido musicólogo J. Peter Burkholder, pareciese asemejarse más un museo de antigüedades que a un foro de lo actual, y que tanta audiencia le ha costado a la tradición de la música clásica en todo el mundo. Sentarse a escuchar este recital es adentrarse en un mundo sonoro donde formas muy arraigadas en la arquitectura de la música ‘erudita’, como lo son la tocatta y la suite, son reimaginadas maravillosamente en clave de bambuco, pasillo, salsa, y hasta techno noventero. Es como si Arias quisiese invitarnos a experimentar a través del piano, lo que la crítica literaria Mary Louise Pratt por allá en la década de 1990 llamó ‘zonas de contacto’: espacios sociales dónde culturas distintas se encuentran y se chochan.
Así pues, aceptada la invitación, el tour sonoro al interior de estas zonas de contacto, guiado con extrema delicadeza, precisión, y dinamismo por las manos virtuosas de Arias— y que la cámara nos deja observar privilegiadamente—, da inicio con Ancestro (1988), de Germán Darío Pérez, una pieza corta, tal vez la más familiar de todo el programa, y un perfecto abrebocas para el recorrido de cinco estaciones que Arias preparó para el público de la Temporada Digital de Conciertos del Banco de la República. Ancestro, obra con la que Pérez ganó el Festival Mono Núñez, es una aproximación al bambuco andino que utiliza colores traídos del jazz que chocan sutilmente con las expectativas armónicas propias de la tradición clásica. Gran parte de la pieza es rápida, ligera, y llena de texturas y líneas que se mueven en el registro medio del piano. Lo anterior, podría enlodar el desarrollo melódico y armónico de la interpretación de la obra, pero Arias magistralmente la hace sonar con claridad y precisión.
El programa empieza a tomar vuelo con la segunda obra, Suite Catrina, compuesta en 2015 por Ian Frederick. Esta pieza de siete minutos de duración, inspirada en la figura revolucionaria de la Catrina mexicana, despega con un primer movimiento titulado Atravesando el infierno que, a manera de un perpetuum mobile, pareciera preparar al público para un travesía larga y dolorosa. Pero Frederick nos sorprende con un segundo movimiento, Villas, que provee un ligero respiro a la vez meditativo y mágico (simbolizado por los acordes tocados a manera de arpa), empero con sus momentos de tensión armónica. La calma se transforma en baile en el tercer movimiento, Nuestra luminiscencia, mediante el cual Frederick pone a la calaca mexicana a menearse desenfrenadamente, pues basa el desarrollo motívico y rítmico en la música electrónica bailable de comienzos de la década de 1990 —otra zona de contacto. No me sorprendería que en el futuro esta obra empiece a ser incluida con mayor regularidad dentro de los programas pianísticos locales.
La pièce de résistance del concierto es la Tocatta Bachkovsky, compuesta en 2013 por el pianista a cargo del recital. Esta pieza es una verdadera zona de contacto: a Arias no le basta con combinar jocosamente temas de Bach y Tchaikovsky (de ahí el nombre de ‘Bachkovsky’) sino que los hace dialogar con ‘guajeos’ que requieren de gran destreza técnica. Arias logra —a la inversa— lo que Richie Ray una vez consiguió con su famoso ‘Sonido bestial’. En lugar de llevar el virtuosismo ‘clásico’ al escenario salsero, la Tocatta Bachkovsky trae la complejidad de la salsa a la sala de conciertos, filtradas a través de El lago de cisnes y la Giga de la Partita No.5 en sol mayor.
Le sigue Arizona Mirage, obra de 2015, también de la mano y oído de Arias, una reminiscencia melancólica de su encuentro con el paisaje brutalista del sur de los Estados Unidos mientras cursó su doctorado en la Universidad Estatal de Arizona (ASU). El telón cae con Made in USA, de 1979, obra del compositor y director Jaime León que falleció en 2015. Compuesta de cinco preludios magníficos, y que sin duda alguna deberían programarse más, es una reinterpretación de formas como el pasacalle, pero también del blues y el swing (aunque a la manera de Gershwin y Bernstein), y que puede escucharse, tal y como lo hace Arias con Arizona Mirage, como una representación sonora de su relación íntima con el país norteamericano, aunque el punto de encuentro es más bien con la costa este, en dónde León residió por mucho tiempo. En ambos casos: Colombia meets the USA. ¡Bravo!
¿Qué podría criticarse del magnífico tour transcultural en el que nos lleva Arias? Aquí me adhiero a la irritante tradición de responder una pregunta con otra pregunta: ¿Acaso no existe repertorio contemporáneo colombiano escrito por personas que no sean hombres? Si bien es cierto que Arias ha comisionado y estrenado piezas por mujeres compositoras, cada concierto cuenta.
Programa
G. D. Pérez: Ancestro.
I. Frederick: Suite Catrina.
M. Arias-Esguerra: Toccata Bachkovsky; Arizona Mirage.
J. León: Made in USA.