El 17 marzo de 1920 nació en Lorica, Córdoba el médico, antropólogo, folclorista y escritor colombiano Manuel Zapata Olivella, considerado uno de los más importantes representantes de la cultura afrocolombiana, por su interés en divulgarla, registrarla y preservarla en forma de literatura, investigaciones sociales, artículos de prensa, eventos académicos y producciones de televisión y radio.
Durante su vida Zapata Olivella publicó tres relatos de viajes, una autobiografía, ocho novelas y cientos de ensayos, artículos, crónicas y reseñas en periódicos, revistas y publicaciones académicas; una destaca obra que se concentró en la historia y la cultura de los habitantes del Caribe colombiano, en especial la vivencia de los afrocolombianos e indígenas. En sus memorias, Gabriel García Márquez lo recuerda así:
"Manuel actuaba de médico de caridad, era novelista, activista político y promotor de música caribe, pero su vocación más dominante era tratar de resolverle los problemas a todo el mundo".
En su larga trayectoria como narrador produjo textos con un carácter realista y de denuncia social, así como otras narraciones que aluden al carácter mitológico en el que prima la visión mágica del afro. Para conmemorar su natalicio, los invitamos a un recorrido por su vida a través de algunas de sus novelas:
Tierra mojada (1974)
La primera novela de Manuel Zapata Olivella. Y nada menos que con prólogo de Ciro Alegría, el reconocido autor de El mundo es ancho y ajeno. ¿Cómo pasó esto? Zapata Olivella, quien entonces era un periodista de 27 años, le hizo una entrevista al maestro peruano sin saber que el gran tema no sería el escritor, sino él mismo. Embelesado con las aventuras de Zapata Olivella, Alegría se ofrece como lector de la novela; pero, va mucho más allá: lo aconseja concienzudamente e, incluso, reescribe él mismo un fragmento para mostrarle cómo llevar la historia. Zapata Olivella toma sus consejos y meses después le presenta la obra final. En un prólogo sincero y lúcido, el maestro Alegría escribe sobre Tierra Mojada:
“Por su fondo y forma, puede ser considerada como uno de los primeros brotes novelísticos de la sensibilidad negra en nuestra América. En el campo de la lírica, tenemos ya a Nicolás Guillén, Pedroso y muchos más. La novela negra da recién sus primeros pasos y los de Zapata Olivella son los del caminante que marcha por tierra inexplorada. De allí que la huella no sea muy clara e inclusive se pierda a ratos, pero quiera el andante avanzar con el mismo impulso voluntarioso hasta hoy.”
Corral de negros (1963)
Chambacú es el epicentro de esta historia, barrio negro y pobre de Cartagena donde, relata Zapata Olivella, algunos de sus habitantes fueron obligados a completar el batallón Colombia y luchar en la guerra de Corea a nombre de una democracia que no los incluía. Una de las descripciones más interesantes de este barrio la hace Inge, sueca que llega a Chambacú por amor y que, en su primera mañana allí, mira desde su ventana:
“Una mirada en derredor le confirmó que estaba en una isla. El barro negro que dejaba la resaca en los callejones. El rastro de las lombrices en la tierra. Huellas humanas. Las casas hundidas en el fango parecían emerger de lagos prehistóricos con sus cañabravas fosilizadas. No le habría sorprendido ver a un mamut por entre los manglares que poblaban la orilla o a un neardenthal con su piel de reno buscando moluscos en el barro; y ahí estaba el hombre, tal como lo producía la tierra húmeda de la época presente: Anacleto con su atarraya al hombre y un remo bajo el brazo. Una ensarta de mojarras colgaba de su puño.” (Pág., 148-149)
Cuentos de muerte y libertad (1961)
El título de Cuentos de muerte y libertad es más que claro para definir esta colección de relatos cortos que Zapata Olivella publicó en 1961. Si decimos que estas narraciones además retratan diferentes formas de la ruralidad y sus cambios a mediados del siglo XX, ya podemos hacernos una idea de su tono, de sus protagonistas y de sus conflictos; pero, aunque sepamos esto, no podremos anticipar las experiencias que nos deparan como lectores. Para la muestra, un botón. Les dejamos el inicio de Siembra nocturna:
“Cuerpos borrosos y grises corrían entre las sombras de la noche. Daban tumbos, clavaban estacas, derruían la greñuda maleza. Honda desazón los empujaba sin descanso, sin proferir una sola palabra de desfallecimiento. El silencio parecía ser el manto de protección de aquellos hombres que de repente transformaban la noche en jornada intensa de trabajo. Allí no más, en la hondonada, la ciudad de Barranquilla incubaba sus millones de luces, extendiéndose a todo lo largo del río y a todo lo ancho de la llanura. Diríase que la inmensa red de las bombillas no tuviera fronteras y, sin embargo, en esta minúscula superficie de tierra los hombres, las mujeres y los niños se daban prisa en levantar la ranchería en sus propios límites.”
En Chimá nace un santo (1964)
“La madre informa a Baltasar Villadiego, su marido muerto un cuarto de siglo atrás:-Y en cuanto a nuestro Dominguito, cumplió ya los treinta y tres años sin que haya crecido más de una yarda. Anda cada vez más encogido. El pobre, como te he dicho, sólo mueve los dos dedos de la mano derecha. Todos los días está más pesado porque los huesos y la carne se le vuelven piedra. Tus hijas, que aquí vez, han jurado ante San Emigdio no casarse para atenderlo. Ruega allá en el Cielo para que Dios se apiade de él, porque los médicos dicen que no tiene cura y los yerbaderos que está embrujado. Tú averígualo…”
Ya sea por los ruegos de la madre, por la intervención del difunto padre, por acción divina o imple coincidencia, Dominguito, tal cual lo describen, no solo sale ileso de un incendio, sino que ni sus ropas ni su pelo se han visto afectados; mientras que el párroco, quien lo salva, el cura del pueblo, sale con la sotana encendida. Sus vecinos o familia ven un acto milagroso. Este hecho servirá a Zapata Olivella para construir las venturas y desventuras del inmóvil y silencioso santo de esta novela.
Changó, el gran putas (1980)
En 1980, se publicó Changó, el gran putas, novela sobre las desventuras y lucha de la diáspora africana traída a América como esclavos. Darío Henao Restrepo cuenta en su introducción a este libro que Zapata Olivella, mientras escribía la novela, visitó la isla de Goré, frente a Dakar, donde se conservan los restos de una de las principales fortalezas que sirvieron de puerto esclavista. Allí, Zapata solicitó formalmente pasar la noche desnudo en una de las bóvedas de la fortaleza, argumentando que:
“Llevo varios años escribiendo una novela sobre la epopeya de la negritud en América, la que se inicia precisamente aquí, en esta «Casa de los Muertos». Quisiera pasar la noche desnudo sobre las piedras lacerantes, hundirme en las úlceras y los llantos de mis ancestros durante la larga espera de los barcos para ser conducidos a Cartagena de Indias, donde nací y donde preservamos su aliento y su memoria.”
Fábulas de Tamalameque (1990)
Este libro de Manuel Zapata Olivella, fue escrito a manera de fábula. Una reunión secreta de animales para conversar sobre qué hacer frente a los ataques de Tío Tigre es el eje. Una obra que nos sirve como excusa para conversar sobre cómo lograr la paz y si el fin justifica realmente los medios.
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Tal vez una de las facetas más relevantes de Zapata Olivella fue la de investigador, que empezó a explorar por 1950: muy interesado por la etnografía, gestionó recursos para viajar y publicar sus estudios sobre las culturas de los negros de Colombia; se inició como profesor en varias universidades de Estados Unidos, Canadá, América Central y África; e impulsó la organización de la Junta Nacional de Folclor y del primer congreso de la cultura colombiana.
En la década de los 70, Manuel continuó impulsando la creación de comunidades de investigación, además de organizar espacios destinados al encuentro y discusión sobre la cultura afrocolombiana y los movimientos de negritudes en todo el mundo: en 1973, creó la Fundación Colombiana de Investigaciones Folclóricas, en el 75, co-fundó el Centro de Estudios afrocolombianos y organizó la primera semana de cultura negra en la Biblioteca Nacional de Colombia; y para agosto del 77, organizó en Cali el I Congreso de la Cultura Negra de las Américas.
En 2010, el Ministerio de Cultura publicó Por los senderos de sus ancestros (1940-2000), una recopilación de ensayos de Manuel Zapata Olivella. Y es que en su faceta como periodista e investigador fue tan reconocido como en la de escritor literario, dejando ideas clave para comprender el desarrollo de la cultura afro, caribe, colombiana e internacional. Les dejamos el enlace de esta para aproximarse a una de las mentes más lúcidas e interesantes del siglo XX.
[Para leer]
Zapata Olivella también fue un colaborador recurrente del Boletín Bibliográfico y Cultural -BCB-, la revista cultural que edita el Banco de la República desde 1958. Les recomendamos algunos artículos de su autoría:
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