La cantante y compositora Lizeth Vega presentó el pasado jueves 4 de noviembre un concierto integrado por diez canciones, cinco de ellas de su propia autoría. La acompañó un quinteto instrumental integrado por Julián Croswaithe en el cuatro, Diana Castañeda en los capachos, Diego Sánchez en el piano, David Ocampo en el tiple y Lizeth Suárez en el contrabajo. Cabe señalar que Crosswaithe, Castañeda y Sánchez son artistas que se han presentado anteriormente en la Sala de Conciertos con sus propias agrupaciones musicales. Este quinteto solamente actuó en las canciones llaneras Como luceros de abril, Yo no le vendo mi fundo y Orgullo de sueño patrio, mientras que para el repertorio andino se utilizó trío de piano, tiple y contrabajo.
Inicio con dos pequeñas observaciones sobre la posproducción del video. En general, el tiple no se oye al mismo nivel del piano y el contrabajo, que se evidencia en Azul, El mentiroso y Tu mezcla, donde pasa a ser instrumento solista. De igual forma, hay un error en la edición de Yo no le vendo mi fundo. A mitad de la canción es claro que la toma del plano general no coincide con el audio, en otras palabras, no hay sincronía entre lo que se escucha y lo que se ve. Dicho esto, aprovecho para señalar que el vestido que usó Lizeth Vega no concuerda con el sentido romántico del concierto ni con el porcentaje de canciones llaneras. Si su intención fue señalar su origen llanero, podría haber explorado otro tipo de opciones que equilibraran esto con el espíritu romántico del repertorio.
En lo que sí fue ciertamente coherente fue en el cambio de timbre de voz según el estilo y temática de la canción, que demuestra su versatilidad vocal. Usó una voz grave y profunda en temas de carácter íntimo como Azul, una voz más aguda y lírica en temas con influencia del pop como Yo no soy tu amiga o Sueños de paz, y un timbre más recio y nasal en temas característicos como Orgullo patrio o Yo no le vendo mi fundo. Es importante resaltar que una de las cosas que más se valora en este tipo de repertorio es el equilibrio y la exquisitez de la melodía, y como la perfección está en los detalles, debo reconocer la alta calidad de los arreglos. Aunque el contrabajo se tocó pulsado (pizzicato) en la mayoría de las canciones resultó muy agradable escucharlo con arco en Azul, que contó además con una muy buena introducción al piano.
La mezcla de estilos dentro de cada arreglo le brindó variedad y belleza al concierto. Mentiroso mantuvo bien la tensión entre un vals peruano y un pasillo; en Yo no soy tu amiga encontramos un buen ejemplo del bambuco-rumba criolla que se popularizó a finales de la década de 1950; en Te encontré al fin hay una construcción lírica que recuerda a las canciones narrativas de Rubén Blades, y en Tu mezcla escuchamos un arreglo en el que los instrumentos hacen una representación del sentido del título por medio de un sutil tejido de imitaciones de herencia barroca. Además, debo anotar que hubo un perfecto equilibrio entre la cantante y sus acompañantes, y entre los mismos instrumentistas, lo que les permitió hacer un acompañamiento dinámico donde cada uno fue, por breves momentos, protagonista sin restarle primacía a la voz.
Lizeth Vega nos introdujo a un repertorio de canciones que compuso el año pasado y que bien podrían estar en una futura producción discográfica. Sus canciones tienen una estructura compleja donde no hay repetición de algún tipo de estribillo, en cambio, utiliza una narrativa que pone su punto focal al final de cada estrofa; dicho de otra forma, descubrimos el sentido de la canción y el porqué de su título solamente al final de manera conclusiva. Este tipo de canción es muy efectivo y característico de las baladas italianas, españolas y francesas de la década de 1970; pero no es fácil de conseguir, pues es un estilo donde no se admite la rima simplista, el vocabulario escaso o el verso pegajoso, todo lo contrario, hay que tener talento para jugar con las palabras y paciencia para trabajar minuciosamente el texto. De hecho, Lizeth Vega logra en sus canciones crear la ilusión de que nos está contando una historia hablada, de lo cual se deduce, que no hay frases puestas a fuerza en la música, incluso no encontré ninguna palabra que estuviera musicalmente mal acentuada. En este sentido debo decir que me quito el sombrero por el arte puesto en cada canción.
Ya para cerrar, me parece apropiado invitar a leer nuevamente las notas del programa de mano, pues en ellas hay una reflexión muy oportuna acerca de los retos que afrontan hoy los artistas que se dedican al cultivo de las músicas populares y tradicionales. Por lo pronto, espero que su trabajo entre al circuito internacional por medio de una gira que le sirva de plataforma para lanzar una producción discográfica y audiovisual que la ponga en el radar de empresas manejadoras de artistas latinos.
Programa
G. Gómez / S. Martínez: Azul.
L. Vega: Fantasía de amor; Como luceros de abril; Yo no soy tu amiga; Te encontré al fin; El mentiroso.
E. E. Delgado: Sueños de paz.
C. C. Ortegón: Yo le vendo mi fundo.
V. H. Reina: Tu mezcla.
J. Aldana: Orgullo de sueño patrio.