En julio de este año, el Centro Cultural de Bucaramanga realizó un taller de grabado con el artista Manuel José Jaimes, quien aprendió esta técnica en un taller organizado por el Banco de la República de esta ciudad, en 1991. 
 

Por: Manuel José Jaimes González

En el año 1991, hace ya 33 años, el Banco de la República junto con el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga, organizaron, en las instalaciones del área cultural del Banco, un taller de grabado en linóleo con los maestros Luis Fernando Uribe y Fabián Rendón, dos artistas antioqueños que, por esa época, visitaban diferentes ciudades del país promoviendo entre los artistas locales una técnica poco conocida: el grabado en linóleo con policromía a la plancha perdida.

El linóleo es un material que se remonta a los años 1860 y que, originalmente se usó en Europa para hacer pisos, se fabrica con una mezcla de corcho molido pigmentado mezclado con aceite de linaza y prensado sobre superficies de yute, este material industrial tiene una superficie similar a la madera, y en 1905 fue utilizado por primera vez por los artistas del grupo expresionista Die Brücke como material de uso artístico, estos presentaron sus resultados con el nombre de xilografías por la cercanía con el procedimiento técnico, más tarde se le daría el nombre de Linograbado.

Esta técnica fue ampliamente explorada por Picasso en los años sesenta, se reconoce la tradición del grabado japonés tradicional, en el que, a través de diferentes planchas, se logra el registro del color de cada zona del grabado. En el caso de Picasso y su impresor, Hidalgo Arnera, proponen una técnica en la cual se usa una sola plancha que se va desintegrando en el proceso y con la que se logran registrar todos los colores del grabado, esto supone dos principios, uno: trabajar con materias de fácil corte y manipulación, dos: la plancha se pierde en el proceso de impresión de la serie.

En nuestro contexto colombiano, el linóleo europeo no es un material con el cual nuestra industria tenga mucha relación. Uno de los principales aportes de Luis Fernando Uribe y Fabián Rendón es el de haber encontrado un material de características similares al linóleo y de fácil adquisición en nuestro medio: el neolite, este es un polímero de calidades similares al caucho endurecido, el cual es utilizado en la industria del calzado y la zapatería y que, permite un trabajo fluido con las herramientas de corte utilizadas para el grabado xilográfico. Con la popularización de la técnica en Estados Unidos y en Europa, se ha ido remplazado el linóleo por otros materiales como las gomas blandas que hacen su uso mucho más sencillo, pero son materiales que, en nuestro medio, son relativamente costosos y de difícil adquisición.

La tradición de la industria del calzado de nuestra ciudad, Bucaramanga, permite que tengamos a nuestra disposición una amplia gama de posibilidades para adquirir diferentes tipos de neolite; al mismo tiempo, el tipo de tintas que se utilizan para este proceso son de base aceite utilizadas en litografía; ya el artista no solo visita tiendas de arte para obtener sus materiales básicos de trabajo, acude también al comercio relacionado con las artes gráficas y la industria del calzado donde puede adquirir elementos para su trabajo creativo. 

Algunos de los materiales que se usan en esta técnica como las gubias de corte y los rodillos de entintado, no son tan sencillos de encontrar en nuestro medio, son materiales importados que, muchas veces, resultan costoso o, sencillamente, no se consiguen fácilmente en las tiendas de artículos artísticos. Desde mi afición por el grabado en linóleo he adquirido y creado, con los años, una colección importante de herramientas con las que comparto esta hermosa técnica en distintos talleres de formación.

Como invitado por la Dirección del Área Cultural del Banco de la República para realizar un taller de grabado en linóleo y técnicas experimentales de impresión, con una duración de 16 horas presenciales, se hizo una convocatoria abierta a los artistas locales que dio como resultado la inscripción de 31 aspirantes de los cuales concretaron su participación 18 personas. 

Taller en Bucaramanga

Nuestro primer encuentro se realizó el martes 23 de julio, a las 8.30 a. m., en esta primera sesión se compartió con los asistentes una aproximación teórica sobre aspectos históricos y características específicas de la técnica, sus materiales, formas de uso y posibilidades de experimentación; se explicó también los tres procesos básicos de impresión que se podrían utilizar en el taller, partir de los tonos claros e ir incorporando los tonos más oscuros, o, partir de los tonos oscuros e ir buscando los tonos más luminosos, así como un procedimiento experimental basado en el uso de planchas o clichés independientes para ir configurando la composición final. 

Después, se adecuó el espacio de trabajo para los fines prácticos de nuestro taller, un amplio y luminoso salón que, adecuado con mesas largas, fuimos disponiendo para crear las zonas de trabajo de dibujo y tallado, definir las zonas de paletas de impresión y trabajo con las tintas el color, entre otros aspectos. En los ventanales del salón, se construyó un tendido de cuerdas de nylon para crear nuestra zona de secado de las láminas impresas. Con el espacio dispuesto, iniciamos la aventura del proceso de la plancha perdida, y digo aventura, ya que pensar en un proceso que implica la destrucción de un objeto artístico celosamente trabajado, supone una primera relación con la técnica, de la plancha solo quedará el relieve creado para la última tinta utilizada. 

Los artistas piensan siempre en términos de conservación del objeto trabajado y hay una resistencia natural a los procesos que impliquen pérdida, pero la pérdida trae una ganancia, la exploración del color y, la recompensa es el juego de las posibilidades para lograr texturas, acabados y sumatorias cromáticas. Cuando los participantes logran pensar en términos de búsquedas de color y no solo en la plancha a una tinta, se logra una nueva concepción del trabajo. De otra parte, existe una dificultad, pensar el orden de los tonos, por ello en nuestro taller estudiamos el procedimiento usado por Picasso, partir de una base clara y seguir colocando los tonos menos luminosos, esto implica una forma de pensar el trabajo que es muy distinta al dibujo y la pintura al óleo y requiere que el artista entienda, de una forma muy clara, el desarrollo de cada estado de la plancha para definir la cantidad de copias que conformará la serie propuesta.

La forma en que los pintores piensan y ejecutan la luz y el color en un lienzo es un proceso único en el cual se pueden obtener muchos tonos intermedios, sombras difuminadas y variados efectos, el grabado, por el contrario, requiere, primero, pensar las sombras en términos de líneas y el color en zonas planas, esto, sin duda, es una dificultad para las personas que, por primera vez, llegan a la técnica del linóleo a policromía con formación de pintores. Es muy complejo pensar en el desarrollo sistémico del color que requiere la plancha perdida, el pintor ejecuta el color de manera orgánica, cambiante, dinámica, el grabador debe entender el desarrollo de un proceso en los estados de la plancha, cuando esto se comprende y se practica se logra entender la técnica y se dimensionan sus fascinantes posibilidades.

Enseñar estos procesos será siempre una oportunidad de aprender junto a los participantes, ayudar a que comprendan su proyecto inicial y lo traduzcan en líneas y planos para que, luego piensen el color como proceso y, finalmente, jueguen con las posibilidades de la impresión manual. Es sencillamente hermoso poder compartir con muchas personas la posibilidad de abrir una puerta para el desarrollo de nuevos lenguajes técnicos que permitan expandir su campo expresivo.
 

Imagen principal Media
Taller de linóleo, en el Centro Cultural del Banco de la República en Bucaramanga. 2024
No convertir a WebP
Desactivado